La vicuña es una especie muy importante para gran parte de Sudamérica, especialmente para Perú. Allí está presente en muchos ámbitos, desde la enseñanza nacional hasta el apellido de muchos peruanos. Está en la cultura, las tradiciones y la historia. Incluso en la prehistoria, ya que se han encontrado pinturas rupestres que la representan. Con su preciada lana se vestían los antiguos reyes incas y sus altos sacerdotes, que castigaban su caza con la pena de muerte. Sin embargo, a mediados del siglo XX, la vicuña estaba en serio peligro de extinción.

La protección de la vicuña en Perú empezó en la década de los 60, cuando se estimaba una población de entre 5,000 y 10,000 ejemplares, como consecuencia de una caza furtiva indiscriminada”, explica Hugo Castillo Doloriert, investigador de la Universidad Nacional de San Marcos y del Instituto de Investigación y Desarrollo de Camélidos Sudamericanos (CONOPA). “El último dato oficial de la población de vicuñas en el país es el del cuarto censo nacional, realizado en 2012, en el que se contabilizaron un total de 208,899 ejemplares”, detalla.

Según proyecciones, ahora podría haber hasta 450,000 vicuñas en el país, aunque son meras estimaciones. “Para este año se tenía previsto realizar el quinto censo (postergado el año pasado), pero con la emergencia sanitaria actual es casi un hecho que será aplazado nuevamente”, augura el profesor Castillo.

Entre los distintos países no hay un sistema compartido para contabilizar la población de este animal protegido. “Por esta razón, en la XXI Reunión Técnica del Convenio de la Vicuña, a realizarse en Ecuador y también postergada, el tema central serán las metodologías censales en vicuñas”, adelanta.

Además, el Congreso Mundial de la Naturaleza, que se iba a celebrar en junio en Marsella, también ha sido pospuesto a enero de 2021 por la crisis de coronavirus. En el último, celebrado en Honolulú en 2016, se hizo hincapié en la prohibición del comercio ilegal de vicuña. La Comisión de Supervivencia de Especies de la UICN deja así pendiente su análisis sobre la cuestión.

Un éxito en cuanto a recuperación de la especie

Más allá de las cifras, lo que parece fuera de duda es que la recuperación de esta especie ha sido un éxito. Muestra de ello es la primera reserva que se estableció para protegerla. “En 1967 se oficializa la creación de la Reserva Nacional Pampa Galeras a partir de tierras cedidas por la comunidad campesina de Lucanas, en el departamento de Ayacucho, donde habitaban cerca de 800 ejemplares” apunta el especialista.

La reserva, que fue rebautizada posteriormente para añadirle el nombre de la periodista y naturalista italiana Bárbara D’Achille, cumplió 50 años en 2017. En el aniversario, el embajador alemán Jörg Ranau fue nombrado guardaparque honorario, junto al entonces presidente del país Pedro Pablo Kuczynski, en una ceremonia en que se reconoció “el apoyo del gobierno alemán, cuyo proyecto permitió la erradicación de la caza furtiva de esta especie y la capacitación de la población para un adecuado aprovechamiento de este recurso”, destacó el propio Ministerio del Ambiente.

No son meras palabras, ya que también los especialistas en vicuñas reconocen “el trabajo realizado por la cooperación técnica alemana en la década de los 70, liderados por Rudolff Hormann, con el que se generó mucha información científica que fue la base para el sistema de manejo de la especie”, aclara Castillo.

La población de vicuñas en el interior de la reserva, según los datos del Servicio Nacional de Áreas Naturales Protegidas por el Estado (SERNANP), perteneciente al Ministerio del Ambiente, se ha multiplicado por diez. Además, como el propio organismo explica, ha sido también un éxito económico: la comunidad campesina de Lucanas produce 1,300 kg de fibra al año, lo que supone unos ingresos directos de más de 500,000 euros anuales (2 millones de soles) y un beneficio de unos 100,000 euros anuales.

El kilo de fibra de vicuña se vende en el mercado internacional a más de 400 euros. Pero no siempre fue así. Dentro de los esfuerzos por preservar la especie, en 1975 fue incluida en el “apéndice I” de la Convención sobre el Comercio de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestre (CITES), con lo que quedó prohibida la comercialización de su fibra. Fue así durante 20 años, hasta que pasó al “apéndice II”, lo que autoriza la venta de la fibra obtenida de ejemplares vivos.

Recuperación del chaccu 

Esto hizo que se recuperara la forma tradicional de capturar a las vicuñas que ya usaban los incas, conocido como chaccu o chaco. Y ha acabado creando en la práctica un duopolio en el mercado de la exportación de lana de vicuña con dos grandes empresas, Incalpaca y Landing Michell. Una ley del gobierno de Alberto Fujimori en 1995 daba la propiedad y usufructo de las vicuñas a las comunidades campesinas, reconociéndolas como responsables de su control y vigilancia. “Esto fue un hecho clave, porque involucró en la conservación de la especie a las comunidades campesinas altoandinas, que comparten hábitat con la vicuña”, afirma Castillo. “Comenzaron a organizarse” para gestionar las manadas, continúa, y “conformaron brigadas de guardia comunal destinadas a la protección de las poblaciones de vicuñas”.

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“Actuaron para cambiar la mentalidad de la gente, para que se dieran cuenta de que un animal vivo tiene mucho más valor que uno muerto”, explica gráficamente la suiza Christine Losser, fundadora de la marca de alta costura especializada en lanas de lujo Aqvarossa. Una vicuña vive normalmente unos 12 años. Cada vez que se le esquila, lo que se hace cada dos años, se extrae medio kilo de fibra. Por tanto, al cazar al animal por su pelaje se pueden perder hasta dos kilos y medio de lana en futuras capturas.

La fibra natural más fina del mundo

“La gente suele creer que la mejor lana es la de cachemir, pero la de alpaca y, sobre todo, la de vicuña, es mucho más fina y más escasa”, explica. En realidad, técnicamente no se puede hablar de “lana”, término reservado comercialmente para la fibra procedente de la oveja. Y, cuando dice “fina”, no se refiere únicamente a delicada y de buena calidad, sino también a su grosor. “El hilo se puede hacer grueso también, pero la fibra del pelo en sí es muy fina y su superficie muy lisa, lo que la hace muy suave al tacto. Y si se mira a través del microscopio se ve además que es hueca por dentro, lo que la hace más ligera y ayuda a mantener la temperatura corporal gracias a esa cámara de aire”, explica. Añade que otras características son su impermeabilidad al agua y al viento, además de resultar antialérgica.

Ella conoció la lana de vicuña durante un intercambio de estudios en Perú. Al regresar, compró prendas tradicionales para regalar a familiares y amigos, y se preguntó por qúe en un lugar tan frío como Suiza “esa lana tan fantástica para los cambios de temperatura y tan agradable de llevar no era muy conocida”. Entonces ahí vio un nicho de mercado y empezó a trabajar en la conocida firma alemana Hugo Boss con la intención ya desde un principio de montar su propia marca especializada en lanas de lujo. “Mi proyecto era transformar esa lana tan lujosa en un estilo moderno para un cliente que no necesariamente busca los diseños tradicionales”, recuerda.

Las grandes firmas de alta costura, que arrastraban cierta mala fama, sobre todo en el segmento de las pieles, llevan años apostando por la sostenibilidad y la producción ecológica o sacando líneas más verdes en sus colecciones. En muchas ocasiones, es difícil saber cuándo esto es fruto de una genuina preocupación por las consecuencias sociales y medioambientales del negocio o cuando se trata de una estrategia de mercadeo o de un mero lavado de imagen.

Al menos, en el caso de la vicuña, han aportado su granito de arena. Aunque queda mucho por hacer. “Si bien es cierto que la población de vicuñas se ha recuperado, lamentablemente se ha perdido el norte en cuanto a su condición de especie silvestre y al tipo de manejo que le corresponde”, lamenta Castillo. Un ejemplo es la modalidad instaurada en 1996 de “semicautiverio”, que permite “corrales” de 1,000 hectáreas con mejores condiciones para el control de la caza furtiva y la explotación. Pero olvidan que “otro aspecto de gran importancia es el manejo bajo estándares de bienestar animal“.

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