En 2015, el colombiano Álvaro Francisco Torres abandonó su sueño de construir edificios y rascacielos en Bogotá para incursionar en la producción de cannabis medicinal, un negocio que crece en medio de tabúes, miedos y desinformación por ser considerada por la Organización de las Naciones Unidas (ONU) como un narcótico.

Nada ni nadie, ni siquiera un hongo que mató a cientos de plantas de marihuana medicinal, detuvo su inquietud e ímpetu por su apuesta. Hoy se encamina a que sus plantíos de cannabis medicinal generen THC y CBD para atender cotidianamente a 1 millón de pacientes que sufren de epilepsia, cefalea, esclerosis múltiple, artritis, depresión, insomnio y dolor oncológico de América Latina y Europa.

Khiron cannabis medicinal
30 de julio 2021 Foto: © Oswaldo Ramírez

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“Llevo cuatro años… y apenas tengo 12,000 pacientes, cuando mi meta es alcanzar a 1 millón de pacientes en todo el mundo”, dice.

Desde hace un año, las siembras y cosechas de arroz, flores y algodón en los campos de Doima, una comunidad enclavada en el clima caluroso del Valle del Tolima, tienen como competidor directo al cultivo y producción de cannabis, una ola verde que revoluciona la industria farmacéutica, cosmética, médica e industrial de Colombia.

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30 de julio 2021 Foto: © Oswaldo Ramírez

Su llegada a la región fue vista con desconfianza y recelo por los campesinos, quienes consideraban la marihuana como algo “malo y del diablo”. También creían que dañaba el negocio ganadero y los cultivos de flores, algodón y arroz. El único respaldo provino del mercado de valores de Canadá y del Gobierno de Colombia.

30 de julio 2021 Foto: © Oswaldo Ramírez

El plantío de cannabis medicinal, el laboratorio para extraer THC y CBD, el parque fotovoltaico, los pozos de agua, así como la Clínica Zerenia, en Bogotá y los consultorios en Cali, Medellín y Barranquilla, se construyeron con capital levantado en el Toronto Stock Exchange, relata Álvaro Francisco Torres, ceo y fundador de la empresa Khiron.

“Hemos levantado [recursos por] más de 95 millones de dólares (mdd) para la empresa y todo [se ha construido] con plata de los accionistas canadienses, estadounidenses y latinos”, dice el ejecutivo, en entrevista con Forbes México.

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30 de julio 2021 Foto: © Oswaldo Ramírez

Khiron es la primera empresa colombiana que presume tener toda la cadena de producción de cannabis medicinal. El Gobierno de Colombia, de Iván Duque, ha entregado más de 2,000 concesiones para detonar la ola verde, pero son contadas con una mano las que ya operan o ya ejecutaron su plan de negocios.

El cultivo de cannabis de Khiron, que produce unas 10 toneladas al año, está a salvo de los grupos guerrilleros y del crimen organizado, que todos los días son noticia en Colombia. Tampoco es vigilado por el ejército para que nadie se acerque, sino que está protegido, las 24 horas del día, con un sistema de videovigilancia que filma con precisión cómo las víboras anacondas toman por asalto, por unos minutos, el plantío de cannabis.

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30 de julio 2021 Foto: © Oswaldo Ramírez

El director de Khiron ha aprendido sobre la marcha, pues visitó plantíos de cannabis medicinal y laboratorios de extracción THC y CBD en Israel, California y Vancouver: “Estamos en un momento en que la compañía sabe perfectamente cómo se cultiva. Hace dos años no teníamos ni idea. Lo que funciona en Vancouver… no funciona aquí, en Tolima”.

“La marihuana es el demonio, pero hoy es menos demonio que hace un año, y cada vez la gente va entendiendo que es un medicamento”, explica.

Para llegar al plantío legal de cannabis de Khiron, los viajeros deben transportarse en helicóptero, como lo hicieron sus inversionistas Vicente Fox, Chris Naprawa y Deborah Rosati, quienes, cuando hicieron la visita, sólo vieron cintas donde (se creía) estaría el proyecto. La otra ruta es viajar en automóvil durante más de seis horas desde Bogotá. Toda una aventura.

“Mucha gente asume que los latinoamericanos no hacemos las cosas tan bien, pero, cuando uno llega aquí, al plantío de cannabis medicinal, y ven la tecnología y los inversionistas te dicen: ‘Esto es de clase mundial. Entonces no importa qué tan lejos esté la producción, porque se hace con calidad y ética”, comenta Álvaro Torres.

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30 de julio 2021 Foto: © Oswaldo Ramírez

El empresario colombiano recuerda que, cuando la gente piensa en marihuana, la asocia con un montón de personas cortando con machete a las 8 de la noche, para que no los vea la policía. Pero, cuando llegan y ven el laboratorio de extracción de THC y CBD, así como el proceso agronómico estabilizado y estandarizado instalado en medio de la nada en el Valle de Tolima, cambia la visión.

Ahora ya se animan a darle el beneficio de la duda. Ni siquiera los 55 empleados contratados por Khiron, imaginaron alguna vez formar parte de una industria vista por muchos años como criminal.

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30 de julio 2021 Foto: © Oswaldo Ramírez

Cada planta de cannabis cuesta entre uno y dos dólares, un valor mínimo; y, si la reproduces, su precio aumenta, por la genética. El plantío de marihuana en la comunidad de Doima puede producir THC y CBD para 100,000 pacientes. La onza de oro se vende en 2,000 dólares, pero, si conviertes la cannabis en un commodity, se venderá barato.

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30 de julio 2021 Foto: © Oswaldo Ramírez

La cannabis medicinal no es moda

“La cannabis medicinal no es una moda, no es un chamán, no es medicina alternativa, sino un medicamento que llegó para [formar parte del tratamiento de] los pacientes”, expresa.

Tampoco, la producción de THC y CBD es el oro verde, si no puede ser algo parecido a encontrar la vacuna contra la poliomielitis: “A los epilépticos les ha cambiado la vida. Esto es disruptivo”, expone Álvaro Francisco Torres, quien impulsa el Instituto Latinoamericano y Sistema de Nervioso (ILANS) y Zerenia como clínicas para que venden cada uno de los productos recogidos en el Valle de Tolima.

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31 de julio 2021 Foto: © Oswaldo Ramírez

Los tratamientos recetados en la clínica de Zerenia son cannabis, hidroterapias y masajes; y a cada uno se le realizan estudios médicos, psicológicos y psiquiátricos. Todo, en conjunto, cura y alivia pacientes, como Guillermo Arturo Prieto (“Pirry”), periodista y fotógrafo, e Iván René Valenciano, exfutbolista de Monarcas Morelia y Tiburones Rojos del Veracruz.

“No es que el paciente venga por cannabis y salga de aquí con una bolsa: sale con un tratamiento integral para su salud”, añade el ceo de Khiron.

El directivo de la empresa reitera que la cannabis no es una moda, porque todo el trabajo emprendido con los tratamientos para los pacientes perdurará los próximos 100 años.

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31 de julio 2021 Foto: © Oswaldo Ramírez

Una botella de los productos fabricados por Khiron y recomendados por los médicos y especialistas de Zerenia cuesta unos 50 dólares, cuando un tratamiento de opiáceo para un paciente neuropático vale 5,000 dólares al año.

El atractivo es indudable. “Ahora le dices al paciente que el tratamiento le costará la mitad de [lo que costaría con] los opiáceos, es decir, que va a pasar de 5,000 a 3,000 dólares”, dice.

En América Latina, los tratamientos de cannabis son una opción frente a la longevidad de la gente, que aumenta, y el ingreso destinado a salud, que disminuye, así como ante una población que padece dolores y diversos males, como insomnio o ansiedad.

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Adriana Gónzalez, 59 años, paciente de la clínica Zerenia. 31 de julio 2021. Foto: © Oswaldo Ramírez

En México, hay 15 millones de pacientes potenciales que sufren de dolor crónico; en Colombia son 3.5 millones de personas las que presentan ese mal. Y se ha encontrado que en Perú y Ecuador hay un mercado de 2 millones de individuos adonde llegar.

“No es ‘fiebre de oro verde’, pero sí reducirá costos de salud en los países”.

Un aliado

“Si México logra regular la cannabis para uso medicinal y lúdico, será uno de los mercados más grandes del mundo, y eso lo pone muy interesante”, dice Juan Diego Álvarez, vicepresidente de Asuntos Regulatorios Khiron, quien está ilusionado con la nueva regulación de la marihuana, discutida por diputados y senadores.

“Nosotros, en la compañía, nunca hemos estado interesados en el uso lúdico de la marihuana: lo que producimos son medicamentos”, añade el directivo de la firma.

Por el momento, la empresa colombiana exporta extractos de cannabis producida en Colombia para que manufacturen preparaciones magistrales en México y para aplicar registros sanitarios y atender, con las clínicas aliadas, a los pacientes.

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31 de julio 2021 Foto: © Oswaldo Ramírez

La venta del CBD en el mercado mexicano se hará bajo prescripción médica, como sucede en Colombia, una nación vista como un buen lugar para invertir por personas como Vicente Fox Quesada, presidente de México de 2000 a 2006.

“Vicente Fox es accionista de la compañía y me ha acompañado desde hace tres años, ya que cree mucho en la cannabis”, señala Álvaro Torres, quien atestigua que el político panista empuja la aprobación de una ley de cannabis en México.

“Su estatus internacional [de Vicente Fox] es muy alto y nos ha ayudado a que la gente crea más en Colombia y en México”, sostiene el ingeniero industrial y ahora productor de cannabis medicinal. Fox es visto como un gran amigo y un aliado de esta nueva industria innovadora.

El plan Khiron es contar con operaciones en México, Colombia, Ecuador, Perú y Brasil, así como España, Inglaterra y Alemania.

“Cuando estuvimos en México, hablé con muchos grupos hospitalarios grandes. El interés de los inversionistas es completo y sólo espero que terminen las vacaciones para traerlos a los plantíos y que los vean”, afirma.

“Tenemos ya el maquilador que nos va a fabricar en México, y ya tenemos el permiso de exportación en Colombia para la cannabis psicoactiva a México. Eso lo estamos realizando en paralelo para hacer las preparaciones magistrales”, asegura.

En México, se requiere de una alianza para capacitar a los médicos, como se hizo en Perú.

“Ya estamos vendiendo [cannabis] en Alemania e Inglaterra. Allá no exportamos de acá. Allá mandamos las semillas de acá. Llegan a España, donde tenemos un socio que cultiva para nosotros la flor que le mandamos”.

En Perú, el primer paso de Khiron fue crear la marca Zerenia en una clínica instalada en un hospital, y educar a los médicos de Montesur para que atiendan pacientes con su producto. “Quiero llevar el modelo de negocio, desde el cultivo y extracción, hasta la venta de derivados de cannabis medicinal, a México y Ecuador”, dice.

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