Por Máximo Santos Miranda*

Uno de los grandes problemas a los que la humanidad se enfrenta es a los altos niveles de polución que soportan las grandes ciudades del planeta. En este sentido, grandes urbes como Ciudad de México, El Cairo, Nueva Delhi, Pekín, Moscú, Estambul, Shanghái o Buenos Aires constituyen algunos de los ejemplos de alta contaminación que se ponen siempre de relevancia en los foros que a lo largo y ancho del planeta discuten acerca de las posibles soluciones para atajar este enorme problema.

La contaminación atmosférica podría definirse como la presencia en el aire que respiramos de elementos contaminantes que pueden producir alteraciones en el correcto funcionamiento de la atmósfera, provocando efectos adversos en el mundo natural. Dichos contaminantes son consecuencia de la actividad humana, aunque en algunos casos también pueden producirse puntualmente de forma natural, como es el caso de las erupciones volcánicas. Las principales fuentes de emisión de contaminantes a la atmósfera son bien conocidas por todos, destacando los procesos industriales, la calefacción, el transporte, etc. Dicha contaminación puede provenir de la emisión de gases como el metano, el dióxido de carbono, el óxido nitroso, los clorofluorocarbonos o de partículas como aquellas que provienen de humos o cenizas de combustiones, aerosoles o los polvos de ciertas minas o industrias. Junto a esta contaminación existen otros tipos como son la contaminación acústica, la lumínica o la electromagnética que también afectan de forma muy intensa a la mayor parte de las grandes ciudades.

Poco a poco las sociedades nos hemos ido concienciando de las terribles consecuencias que la contaminación provoca en la salud humana y en el medio ambiente y como resultado de dicha concienciación se están tomando algunas medidas para atajar este enorme problema, al mismo tiempo que son cada vez más los estudios que se están realizando para conocer mejor sus consecuencias y las formas de reducirla. Sin embargo, el problema es tan grave que la Organización Mundial de la Salud estimó, en el año 2016, que una de cada nueve muertes en todo el mundo son el resultado de procesos inducidos, al menos parcialmente, por la contaminación atmosférica. Por tanto, estamos hablando de un problema muy serio al que la humanidad debe enfrentarse de forma decisiva. Para frenar esta terrible realidad resulta necesario oxigenar las ciudades con medidas eficientes que contribuyan a mejorar la calidad del aire y hacer de ellas un entorno mucho más saludable que el actual. Una medida muy sencilla sería la plantación de más árboles en los núcleos urbanos, ya que la presencia de éstos en entornos urbanos favorece su oxigenación y ayuda a mitigar los efectos del cambio climático.

Por lo tanto, la plantación de árboles en las ciudades es clave como medida parcial para atajar el enorme problema que la contaminación atmosférica trae consigo. Todos los expertos coinciden que, en la planificación y desarrollo del urbanismo, el contar con espacios verdes es esencial para que estos puedan actuar como “pulmones” del espacio urbano.  Si bien, la plantación de árboles no es la solución definitiva en la lucha contra la contaminación atmosférica en las ciudades y que debe combinarse con otras medidas, su papel es esencial para mitigar sus efectos.

Los beneficios que los árboles producen en los entornos urbanos son múltiples e interactúan de diferentes formas en aquellas ciudades en donde forman parte esencial de su paisaje. Los arboles reducen las principales partículas contaminantes del aire, proporcionan sombra y participan en el enfriamiento del clima urbano, un enfriamiento que puede llegar a oscilar entre 2 y 8 grados centígrados, lo que contribuye decisivamente a reducir el efecto “isla de calor” provocado por su acumulación en el concreto y otros materiales que abundan en los entornos urbanos. Sin embargo, los efectos beneficiosos del arbolado en las ciudades no se detienen aquí, ya que también contribuyen a mitigar los efectos del viento, al actuar como paneles aislantes. Por otra parte, promueven que los ciudadanos desarrollen formas de interactuar con el entorno urbano mucho más beneficiosas para el medio ambiente como el desplazarse en estos espacios urbanos caminando o haciendo uso de transportes más sostenibles como la bicicleta. Además de todo esto, las superficies arboladas en los núcleos urbanos generan espacios agradables de reunión y ocio, produciendo un efecto calmante, amén de impulsar la biodiversidad de las ciudades atrayendo a aves e insectos. En definitiva, las superficies arboladas de las urbes mejoran el bienestar de sus habitantes, al mismo tiempo que hacen más agradable el entorno laboral y de ocio.

Por todas estas razones las grandes megalópolis del mundo están apostando, en mayor o menor medida, por la conservación y la plantación de nuevo arbolado. La elección de las especies arbóreas adecuadas es esencial para garantizar que éstas proporcionen los beneficios descritos. Se hace imprescindible estudiar cada especie que forme parte del entorno urbano antes de proceder a su plantación, así como resulta básico proporcionarles el soporte necesario para que puedan crecer y desarrollarse. Hay que tener en cuenta que resulta muy habitual que los árboles se planten de manera incorrecta y que terminen falleciendo mucho antes de que alcancen su teórica madurez. Por todo ello, resulta fundamental que se realice un estudio del entorno urbano en que se vayan a plantar esos árboles, ya que con ello se evitarán problemas tan habituales como su excesivo tamaño, que cuenten con unas raíces desmesuradas o que la caída de sus frutos pueda causar problemas a los transeúntes.

Tan importante es el tema que venimos comentando que un equipo de científicos del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) en colaboración con el Foro Económico Mundial ha desarrollado un índice (el Green View Index) que cuantifica el número de árboles que hay en las grandes urbes de nuestro planeta a partir de los datos que proporciona el Google Street View. Dicho índice, cuyos datos son accesibles para cualquier ciudadano, permite evaluar y comparar la superficie arbolada en diversas ciudades del mundo, de forma que cualquier persona pueda tener conocimiento de este dato y pueda exigir a las autoridades la toma de medidas que reviertan la situación en el caso de que la ciudad en la que habita se encuentre en la parte baja de dicho índice. Este proyecto se llama Treepedia y pretende ser una herramienta más que contribuya a la expansión del arbolado en las grandes ciudades.

En definitiva, el valor ornamental y medioambiental que representan los bosques urbanos es enormemente valioso en términos de salud humana y de calidad de vida. La oxigenación del aire de nuestras ciudades es un objetivo en el que todos debemos estar embarcados si queremos hacer de ellas entornos habitables, presentes y futuros, para la especie humana. Iniciativas como la Treepedia son muy importantes, ya que proporcionan datos cuantificables y no basados en meras percepciones subjetivas, para que los ciudadanos puedan exigir a las autoridades locales la toma de aquellas medidas que sean necesarias para que su ciudad aparezca colocada en una mejor posición comparativa.

*Doctor en Economía y experto en temas de banca, finanzas y hacienda.

 

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes México.

 

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