1er acto. – El sismo. El enfrentar el terror de un movimiento de la tierra que nunca había sentido y con esto despertar miedos desconocidos y los terribles recuerdos del sismo del 85, genera un nuevo entendimiento de la vida y la muerte, la pérdida y las ausencias, una nueva conciencia para enfrentar el futuro.

2o acto. – El enfrentar la dimensión de la tragedia. Ir sabiendo poco a poco por las noticias el impacto en la ciudad, la cantidad de personas que perdieron la vida, los atrapados, los damnificados, en este caso, contra lo que había pasado en el 85, la buena reacción de las autoridades y una mejor reacción de la ciudadanía. Enfrentar de nuevo la solidaridad de los mexicanos y entender que la esperanza perdida apareció, una acción real, ya no el meme, ya no la queja simple, sino la verdadera acción social de ayuda, que nuevamente afloro y salió a la calle; la nobleza perdida regresó a una ciudad que se encontraba totalmente deshumanizada, ¿será que el mensaje de la tierra se presenta cada 27 o 32 años en una ciudad que se había convertido en una ciudad fría, corrupta e insegura? ¿será que ya habíamos regresado a esa misma actitud y la tierra vuelve como en aquellos tiempos? ¿vuelve para marcar a una generación que con esta desgracia toma conciencia de su poder y de su capacidad para enfrentar un futuro complejo, que por el paso del tiempo ya había sido desviado por aquella generación marcada en el 85? ¿será un nuevo estigma social después de 32 años, que aparece como una advertencia para crear nuevas oportunidades? ¿será que el corazón del país, la ahora Ciudad de México tuvo que vivir otra sacudida para despertar a su sociedad como pasó en el 1957, 1985 y ahora en el 2017?

3 acto. – El poder de la comunicación. en el 85, los rumores corrían lentamente por las calles, pero tenían un poder que destrozó la confianza ciudadana; ahora, la sociedad se organizó a la velocidad de las redes sociales, pero por fin se creó conciencia respecto a las famosas fake news, medios, autoridades y la misma población en una situación de crisis rechazó el juego de las falsas noticias y las burlas en los memes, ganó la cordura. Espero que la conciencia se quede para convertirnos en una sociedad más racional, que regresa al proceso de la selectividad, validación y verificación de los hechos.

4 acto. – Una crisis que arrojó fuera de la borda a los partidos políticos y a su cansado juego de destrozar al país y con su egoísmo ser el centro de la vida nacional. Esta desgracia, indirectamente, deja en un dilema a los partidos políticos, ya que por primera vez en muchos años, autoridades y sociedad civil, aunque muchos no lo crean,  trabajaron de la mano y funcionaron como binomio productivo en beneficio social, ambas partes tienen que reconocer que hubo la articulación justa y que una sin la otra no se hubiera podido tener los resultados que hoy vemos, pero la política partidista, la política electoral barata que empezaba a llenar las noticias quedó hecha sándwich, inútil, silenciosa e incapaz; los políticos no supieron qué hacer y los que quisieron reaccionar bajo la misma lógica fueron, literalmente, corridos a patadas; el león social despertó y actuó, los políticos callaron, y en el nuevo escenario aparece una conciencia social que a la fecha la clase política no entiende, el reto para ellos será cómo volver a insertarse con la sociedad, sus dimes y diretes ahora se ven huecos, no se necesitan rollos ni parafernalia, sólo tendrían que hacer su trabajo, la pregunta es ¿sabrán cómo?

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5 acto. – Enfrentar la reconstrucción. Un asunto extremadamente complejo, vivimos un gran movimiento de tierra que destruyó vidas, familias, viviendas, que en el fondo sacó a relucir lo inconcluso del 85 y que cimbró la corrupción inmobiliaria y las viejas prácticas de construcción. Esta situación deja un complejo escenario, enfrentamos una ciudad sin cultura del seguro de daños, lo que va a generar un gran problema.

Dejo aquí las sabias reflexiones y algunas de sus primeras ideas sobre la reconstrucción que nos brinda el experto mexicano en desastres y reconstrucción, reconocido mundialmente, Ricardo Zapata, que menciona en un texto del mismo nombre que publicó hace unos días:

“Es importante poner el énfasis en la recuperación, más allá de la reconstrucción y reparación de la infraestructura pública y privada. Se habrá de focalizar en la reconstitución de las actividades económicas y sociales, de reforzar y reestablecer las cadenas de valor y promover que se generen medios de vida adecuados y empleo, no solo al nivel pre-desastres, sino de manera más durable y de calidad. Es decir que más allá de los mecanismos del Fonden y los apoyos a la agricultura de Sagarpa en las zonas rurales, el apoyo a los pequeños y microempresarios y promover la formalización de actividades de la informalidad. La necesaria revisión de los programas de desarrollo social y las instituciones de desarrollo social a nivel estatal y nacional.

En el caso específico de la ciudad de México se requiere, por ejemplo, asumir las tareas que quedaron en alguna forma inconclusas desde 1985 de reordenamiento del uso del espacio urbano, como el reforzamiento o reingeniería de infraestructuras vitales fuera de norma, de vigilancia y efectivo cumplimiento (sin corrupción) de las normas de planificación urbana y códigos de construcción, de periódica verificación del estado de las infraestructuras cuyo uso y características evolucionan en el tiempo (edificios inicialmente de vivienda convertidos en uso comercial o de oficinas, ampliaciones de construcciones y obras interiores en las mismas).

Expropiar predios determinados como de alto riesgo a lo largo y ancho de las zonas urbanas en que, ahora como hace tres décadas, fueron las más afectadas y donde se concentró la pérdida de vidas y el mayor daño; determinar los mecanismos de compensación, apoyo y recuperación a los afectados. Existen al menos tres tipo de afectados: familias cuyas viviendas quedaron destruidas, inhabitables o que requerirán reubicarse que son de dos tipos: los propietarios y los arrendatarios; los propietarios de espacios (departamentos, locales, oficinas, casas) amortizados y aquellos que tenían créditos hipotecarios o de otro tipo asociados al pago de tales propiedades; locatarios y oficinas que perdieron (temporal o definitivamente) no solo su lugar de trabajo sino sus medios e instrumentos de actividad por lo tanto su fuente de ingreso; promover una alianza social, pública y privada, para la recuperación. Debe generarse un acuerdo sobre que debe o no reconstruirse, qué debe no reconstruirse, qué debe demolerse, esté o no dañado estructuralmente por el riesgo que enfrenta.

Adoptar un paquete financiero para apoyar a las familias, negocios y pequeñas empresas carentes de seguro y que enfrentan ahora un triple reto: reubicarse temporalmente; reparar, reconstruir o reubicar sus viviendas o lugares de actividad; y reponer los enseres, medios de trabajo y de vida incluidos en los espacios destruidos o afectados. Se sugiere que se adopte de manera general por la banca e instituciones financieros pueden desde condonar, reducir o dar un período de gracia para el pago de deudas o préstamos a los afectados, ofrecer una cartera de crédito para la reparación, reconstrucción o reubicación, mismo que podría ser respaldado por un apalancamiento o garantía dada por el gobierno. Cabe aquí una alianza entre el gobierno de la ciudad y del federal.

Superada la etapa inicial, dramática, de busca y salvamento, de atención a la emergencia, de apoyo en alimentos y refugios temporales, se requiere mantener el foco en la recuperación, normalización, y reforzamiento de las familias, negocios, pequeñas y medianas empresas; del restablecimiento de ingresos, empleo y medios de vida. Ello puede ser la inspiración a una alianza social, pública privada, solidaria y participativa. En este sentido estos desastres, sumados a las condiciones internacionales que vienen afectando al país, pueden ser la oportunidad de promover la unidad, más allá de las diferencias, de ser solidarios concretamente.

Hagámosle caso a los expertos y más a los orgullosamente mexicanos.

 

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