Por Juan Antonio Reboulen*

México está situado en una incómoda situación: por una parte, su principal socio comercial está más interesado en poner un muro físico entre ambas naciones que fortalecer una relación regional; por otra parte, ha desaprovechado un efectivo acercamiento con otros aliados como la Unión Europea y América Latina.

Carecemos de la fuerza económica y comercial de China, que ordenó imponer aranceles sobre las importaciones estadounidenses por un valor de tres mil millones de dólares, luego de que Estados Unidos anunciara aranceles al dragón rojo por valor de hasta de 60 mil millones de dólares anuales.

Tampoco hemos tenido el pragmatismo asiático, que promovió una organización industrial donde los grandes consorcios se comprometieron a elevar la generación de riqueza, mejorar la distribución de esta y posicionar globalmente a los diversos países de la región.

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Sin embargo, esta coyuntura, donde se está combinando el proteccionismo de Estados Unidos, la fuerza de China y el interés tanto de la Unión Europea como de América Latina por establecer alianzas regionales, México tiene una oportunidad para recuperar el liderazgo y romper ciclos de bajo crecimiento económico.

Uno de los principales puntos –internamente-  es una agenda de corto plazo enfocada a lograr legitimidad social a través del combate a la corrupción; eficacia y eficiencia en el gasto público, así como disminución de violencia, lo que permitiría generar entre 2 y 2.5 puntos porcentuales de crecimiento adicional del PIB.

De igual manera, México debe enfocarse en favorecer las cadenas productivas a nivel nacional, regional y sectorial para propiciar una escalada en la creación de valor agregado.

En materia internacional, es fundamental desmontar nuestra actual política dependiente a Estados Unidos y el Tratado de Libre Comercio de América del Norte a favor de proyecto de posicionamiento global que atienda las necesidades de este nuevo entorno global.

Recuperar la visión regional hacia América Latina, con quien podemos trabajar en lograr una convergencia regional en materia de normas, disciplinas y solución de controversias, con el objetivo de construir un mercado regional ampliado en bienes, servicios e inversiones.

México no tiene por qué estar supeditado a la agenda ni de Estados Unidos ni de China. Debe orientarse a acciones que le permitan fortalecer la competitividad y productividad interna, acorde a las necesidades de la nueva sociedad de conocimiento y así reestablecer su liderazgo.

*Consejero del Instituto para el Desarrollo Industrial y el Crecimiento Económico A.C.

 

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes México.

 

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