México dejó de ser territorio de tránsito de los que huyen de Centroamérica hacia Estados Unidos para convertirse en un punto de encuentro, de los que marchan desde el sur y los que retornan del norte.

Unos 1,554 integrantes de la caravana migrante se registraron desde el domingo en el campamento instalado en la Ciudad Deportiva de Magdalena Mixhuca, en Ciudad de México. La mayoría provienen de Honduras, El Salvador, Guatemala y Nicaragua. 

La CDMX ha instalado cuatro carpas con capacidad para albergar 5,000 migrantes en total. Foto: Anna Portella.

Mientras, en San Ysidro-Otay, Tijuana, se esperan los primeros 20 migrantes centroamericanos retornados por Estados Unidos mientras tramitan las solicitudes de asilo. Se trata de la puesta en marcha de la nueva política migratoria que la Casa Blanca anunció el pasado diciembre y que el gobierno de México califica de unilateral.

“Están llegando a los puentes y es el Instituto Nacional de Migración los que lo está tratando. No hay un protocolo de aplicación para este caso, México no está preparado ni en materia legal ni operativa para recibir todos estos migrantes”, afirmó el coordinador general de Protección Civil, David León.

“Nos han dicho que está bien difícil pasar para allá”, afirma Carla Funes, hondureña que viaja con cinco hijos menores. Recién llegada a la capital mexicana, luego de más de 10 días viajando, explica que hay rumores de que están retornando a los solicitantes de asilo en Estados Unidos. Aún así cree que merece la pena cruzar todo el país para intentar entrar.

No es la única que ha oído o ha leído en Facebook que Donald Trump no los quiere. Pero algunos se encomiendan a Dios para que se le ablande el corazón al presidente de EU una vez la caravana alcance Tijuana.

La falta de trabajo y de seguridad en sus países de origen se ven como un mal menor en comparación a quedarse a atascados en la frontera norte de México. Varios cuentan que la posibilidad de viajar acompañado, en caravana, fue lo que los lanzó a intentar alcanzar su sueño americano.

“Tal vez nos dan asilo ahí. En El Salvador está bien difícil, por lo menos aquí no nos ha pasado nada con la caravana”, explica Ana Molina, de 32 años. La salvadoreña explica que su plan es intentar pasar a Estados Unidos. Si no es posible, ella y su pareja intentarán buscarse la vida en México.

Esto se debe a que la tarjeta de visitante por razones humanitarias, conocida como la visa humanitaria, que el nuevo gobierno federal puso en marcha este año les permite trabajar, recibir atención médica y viajar por México durante un año.

Victor Manuel Reyes, hondureño de 25 años, afirma que esperó cuatro días en Ciudad Hidalgo para obtener su visa humanitaria. Foto: Anna Portella.

Victor Manuel Reyes, hondureño de 25 años, dice que esperó cuatro días en Ciudad Hidalgo para conseguir su tarjeta, que está pensada para los que huyen de Centroamérica hacia EU. Ahora, el joven quiere establecerse en Tijuana: “En la caravana dicen que ahí hay bastante empleo”, explica.

“El Servicio Nacional de Empleo, en total, tiene 80,000 vacantes de todos perfiles laborales. Cuando hacen su registro migratorio, obtenemos un censo y cuando se acercan a la ventanilla de Migración, se registran las capacidades y habilidades de cada uno”, afirma el coordinador general de Protección Civil.

Sin embargo, no todos los recién llegados a la Ciudad Deportiva cuentan con esta visa. Algunos explican que desconocían de su existencia; otros, que les habían dicho que era el primer paso para que los deportaran a Honduras, y también los hay que han leído en redes que el gobierno de México se tarda meses en expedirla.

David León reconoce que la frontera sur es porosa y eso explica que en la CDMX haya migrantes que estén en situación irregular. Por esto, durante este lunes “se instalará un módulo de Migración para regularizar a los que no lo hicieron en Chiapas”, explicó.

Según el Instituto Nacional de Migración, 11,366 adultos migrantes solicitaron la tarjeta y 2,649 menores.

Entre este lunes y martes se espera hasta 2,000 migrantes de la tercera caravana alcancen la capital mexicana.

A diferencia de las dos primeras, los nuevos migrantes se encuentran, en México, con un nuevo gobierno más amigable con los centroamericanos.

Y en Estados Unidos, les espera un presidente que amenaza con volver a cerrar parcialmente el gobierno si no consigue los 5.7 billones de dólares que pide al Congreso para construir un muro en la frontera norte.

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