Países de Europa ya se alistan para prohibir la venta de automóviles y vehículos ligeros que usen gasolina y diésel como parte de sus acciones para cumplir con los compromisos de combatir el cambio climático y de acelerar la transición energética hacia las fuentes de energía renovable.

Los plazos para que eso ocurra van desde el 2030 hasta el 2050 en naciones como Dinamarca, Alemania, Holanda, Irlanda, Noruega y España. Son países que no tienen reservas de petróleo y dependen de las importaciones de crudo para satisfacer sus necesidades, así que la medida impactará favorablemente al medio ambiente, pero también les permitirá dejar de depender del exterior en ese rubro.

Mientras eso sucede, el presidente electo Andrés Manel López Obrador (AMLO) se prepara para construir una nueva refinería que produzca combustibles automotrices para disminuir las importaciones –especialmente de gasolinas- provenientes de Estados Unidos.

Parece un contrasentido porque eso no ayudará a ser más amables con el ambiente. Hay quienes critican el plan de López Obrador, porque durante años la refinación no ha sido negocio para Petróleos Mexicanos; al contrario, le ha generado millonarias pérdidas. Las causas: baja capacidad de operación de las plantas, una plantilla laboral onerosa y deficiencias en la operación y costos, entre otras.

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México es un país productor y exportador de petróleo. AMLO ha dicho que dejaremos de vender petróleo al extranjero y sólo será extraído para el consumo doméstico mediante las seis refinerías que operan actualmente en el país.

También tiene planes para construir una nueva refinería en Paraíso, Tabasco, donde se procesará el petróleo para producir combustibles automotrices responsables de la emisión directa de dióxido de carbono.

Es probable que México también prohíba la comercialización de autos que usan petrolíferos -con una década de retraso en comparación con Europa-, así que la nueva refinería tendría una vida útil de al menos 20 años. Confiemos en que los cálculos de retorno de inversión y costos de operación permitan que la refinería sea una obra viable y competitiva, de lo contrario habrá sido dinero tirado a la basura.

Sin embargo, intentar esa opción contribuiría a reactivar la deprimida economía de Tabasco y generar empleo. México ya desperdicia millones de dólares al exportar petróleo crudo e importar gasolinas transformadas en combustibles, así que entre las pérdidas actuales y las que ocurrirían por una obra fallida, podríamos decir que hay poco que perder.

Pemex importa 593 mil barriles diarios de gasolinas y 233 mil barriles al día de diésel. México tiene una balanza comercial deficitaria en materia de energéticos superior a los 1 mil 359 millones de dólares hasta septiembre de 2018 y la situación tiende a deteriorarse porque el consumo crece y la producción baja.

Ahora el reto está en que el gobierno de AMLO aplique la ley de Pemex para lanzar una licitación que sea transparente y garantice que no favorecerá a contratistas elegidos por dedazo y que no será un proceso amañado, como la consulta que organizó para la selección de la sede de la terminal aérea.

 

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