Muchas personas y empresas simplemente colocan su contenido en la web de manera gratuita porque no saben cómo cobrar por él.

 

 

Uno de las principales mitos alrededor del contenido digital es que debe ser gratuito. Muchas personas dicen que en la web “todo” el contenido “siempre” ha sido gratuito y que así debería seguir, pero esta afirmación está muy lejos de ser verdad.

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La idea original de la web era precisamente servir como una red de intercambio de contenido en la comunidad académica y técnica. Más de 20 años después es palpable que la web ha tenido éxito más allá de su alcance original, y actualmente habilita a cualquier persona para crear, compartir y descubrir nuevo contenido en cualquier parte del mundo a un costo extremadamente bajo.

Crear contenido bueno es caro y requiere más esfuerzo que simplemente colocarlo en la web para darlo a conocer: involucra también entender las dinámicas sociales de la web para poder monetizar el esfuerzo creativo. Muchas personas y empresas simplemente colocan su contenido en la web de manera gratuita porque no saben cómo cobrar por él.

Uno de los primeros modelos de negocio en digital fue la colocación de publicidad pagada alrededor del contenido, algo que funciona cada vez menos. Otros modelos obligan a los productores de contenido a casarse con una plataforma o formato, quedándose fuera cuando hay un cambio tecnológico. ¿Qué otros modelos viables existen actualmente que puedan ser de utilidad?

El modelo de negocios de Contenido como Servicio (Content as a Service) ha probado ser muy eficiente en otras industrias. Casos como Spotify para música o Netflix para TV podrían adaptarse fácilmente para distribuir libros, revistas o periódicos en digital. Otras opciones incluyen que los gestores de contenido se vuelvan agentes que ofrezcan servicios de acceso pagado a contenido para investigación o minería de datos.

Modelos económicos como La Cola Larga (The Long Tail) han ayudado a compañías como Amazon y Apple a crear negocios sustentables al exponer su catálogo completo a millones de compradores en medios digitales, algo que en el mundo físico sería imposible. Para que esto sea posible, los editores deben reinventar su rol en la cadena de producción de contenido, pero ése es un tema para otro día.

Los lectores cada vez le prestan menos atención a dónde está el contenido o el soporte en el que viene, sino a su calidad. En la era digital, el acceso al contenido ya no es el problema, sino separar el contenido bueno del malo, y estarán dispuestos a pagar por él si creen que es realmente extraordinario.

 

 

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