Las olas de turistas desaparecieron del la calle Macedonio Alcalá del Centro Histórico de la ciudad de Oaxaca. A pesar de que era sábado y prácticamente mediodía, por primera vez encontré casi desierta esa calle que conduce del Templo de Santo Domingo al kiosco central y al Palacio de Gobierno.

En mis múltiples visitas a la ciudad nunca había podido ver a detalle la arquitectura de los edificios de la calle Macedonio, pero esta nueva calzada, y digo nueva porque no se parece a la que yo conocía, me permitió hacerlo.

No había gente por todos lados, pero algunas de las fachadas tenían nuevos elementos decorativos, como pintas con siluetas de líderes sociales y denuncias, como la que decía “Oaxaca, la tierra donde la resistencia nunca muere”. Este mismo escenario se extendía en una que otra pared de las calles aledañas o de los límites del centro.

Por la noche, el estruendo y las risas no desbordaban los bares. Lugares que antes estaban abarrotados a la medianoche, ahora se encontraban a la mitad de su capacidad. No había largas listas de espera en los restaurantes y las tiendas estaban semivacías.

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2-3Encontré dueños de negocios que se quejaban de la situación, que decían que sus ventas venían en picada y que los plantones y los destrozos de los manifestantes les causaban cualquier cantidad de pérdidas. Y no estoy hablando de grandes empresarios, ni medianos, sino de clasemedieros que pusieron un café o un pequeño restaurante con platillos de 70 o 150 pesos.

Aunque no hay cifras exactas, el Centro de Estudios Económicos del Sector Privado (CEESP) calcula que en Oaxaca, Chiapas, Guerrero, Michoacán y la Ciudad de México los bloqueos de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) dejaron un quebranto económico de 4,200 millones de pesos (mdp). En Oaxaca ya cobraron un saldo de 2,600 negocios cerrados, equivalentes a una pérdida de aproximadamente 197 mdp.

A la distancia, las cifras pueden ser muy bajas para unos y exageradas para otros; lo cierto es que la economía de dueños y empleados lo está resintiendo y mucho. Por ejemplo, una habitación de hotel que en temporada alta cuesta más de 1,500 pesos y en temporada baja 1,200 pesos, ahora es ofrecida en 850 pesos y aun así los huéspedes son escasos.

Lo mismo ocurrió en la zona de las destilerías de mezcal, que están en municipios como Matatlán, a una media hora de la capital. Los productores dicen que los turistas no están yendo, y es cierto: por ahí no se está parando ni un alma.

Foto: Hugo SalvatierraEn mi caso, quise ir a comer a Etla, cerca de la ciudad, pero el rumor de un bloqueo hizo que desistiera, lo que evidentemente implica una pérdida para el taxista o el chofer del transporte público, para el dueño del restaurante y hasta para el mesero. A quién le importa si yo, turista, quiero ir a comer. Pero no sólo se trata del turismo, se trata de gente que tiene que ir a su centro de trabajo, a la escuela, al mercado o al hospital.

Más allá de que los maestros tengan o no la razón, de que detrás de la lucha magisterial haya fines políticos o educativos, lo cierto es que el gobierno no ha sido capaz de dar una solución a los oaxaqueños, a esos que nada tienen que ver, quienes quedaron en medio y literalmente están atrapados en sus colonias y municipios.

Y de regreso a la calle Macedonio Alcalá, ahora que recuerdo, tampoco pude ver la plaza porque estaba ocupada por campamentos semivacíos, ni el Palacio de Gobierno, que no conozco completo, porque siempre que voy a Oaxaca está lleno de pancartas, sin importar que el gobernador sea priista o panista.


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