El acercamiento de Washington y la Habana no es casual: la administración de Obama busca contrarrestar la influencia de sus adversarios políticos en América Latina.

 

Por Andrés Serbin y Andrei Serbin Pont*

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El momento más esperado de la VII Cumbre de las Américas en Panamá hace unos días fue el simbólico apretón de manos entre Barack Obama y Raúl Castro, líderes de dos países separados por décadas de confrontación. Aunque Cuba estaba en los primeros sitios de la lista de pendientes de Estados Unidos, en Panamá en realidad era parte de un programa más amplio y ambicioso: el restablecimiento de la presencia de Estados Unidos en América del Sur y la contención de la creciente influencia de China en la región.

Después de los ataques del 11 de septiembre de 2001, la política exterior estadounidense cambió y dio poca o ninguna prioridad a América, con excepción de países como México y Canadá, y subrregiones vecinas como América Central y el Caribe. Desde entonces, América del Sur vio el rápido ascenso de gobiernos de izquierda, retórica antiestadounidense y la integración de iniciativas que hacían hincapié en la exclusión de EU de la formulación de políticas regionales. Casi una década y media después, vemos cómo la retirada estadounidense de la región permitió la creciente presencia de otros actores internacionales, como Rusia, China, e incluso Irán.

Rusia estrechó su colaboración con los países con discurso anti imperialista más radicalizado, convirtiéndose en un inversionista en el sector energético y un proveedor de equipos militares.

China, por su parte, fue más allá: se enfocó en las relaciones comerciales con la región, invirtiendo activamente en los países de América del Sur la venta de bienes manufacturados de todo tipo, la compra de materias primas, la venta de sistemas de armas, e incluso se convirtió en el banquero de facto de los gobiernos con los que desarrolló relaciones cercanas, como Venezuela, Argentina, Brasil y Ecuador. En general, los países latinoamericanos recibieron 22,000 millones de dólares (mdd) en préstamos chinos, sólo en 2014, llevando el total desde el año 2005 a 119,000.

En lo que respecta al comercio, Argentina ofrece un excelente ejemplo de la creciente influencia de China. En 2014, 16.5% de las importaciones argentinas provino de China, en agudo contraste con el 3.4% de 1994. Desde 2010, China ha sido el segundo mayor exportador de América Latina detrás de EU, pero por delante de la Unión Europea. Esta presencia creciente y la influencia de China en lo que EU ha considerado históricamente su propio “patio trasero” preocupó a los tomadores de decisiones de la administración de Obama. Así, Washington comenzó a buscar una nueva estrategia para restablecer el diálogo con los países de América del Sur como parte de una estrategia global más amplia que aplicara el “poder inteligente”.

El líder ideológico y simbólico de la resistencia antiestadounidense en la región, Cuba, se convirtió en la clave para acceder a una región ahora diplomáticamente distante, ya que el embargo sobre la isla no sólo había hecho mella en las relaciones bilaterales, sino que se había convertido en un tema clave de la disputa entre Estados Unidos y los países de América Latina. Durante años, la región ha adoptado una postura fuerte y exigido la reincorporación de Cuba en el sistema interamericano, por lo tanto, cualquier iniciativa para crear lazos con el régimen Castro también sería favorable a la creación de condiciones de diálogo con el resto de la región, incluso los países antagónicos como Ecuador, Bolivia y Venezuela.

En Venezuela, el gobierno de Maduro ha continuado las políticas de la administración y preservado el legado del fallecido Hugo Chávez mediante el fortalecimiento de los lazos con Rusia, China e Irán, en oposición a la influencia de Estados Unidos. Un ejemplo de ello han sido las crecientes exportaciones de petróleo venezolano al gigante asiático, que pasaron de 50,000 barriles por día en 2006 a cerca de 600,000 barriles por día en 2014. Este crecimiento en las exportaciones ha sido parte de una estrategia más amplia destinada a reducir la dependencia de las exportaciones hacia Estados Unidos, además de servir como respaldo a los préstamos otorgados por China, que ahora superan los 56,000 mdd. China también ha ampliado sus inversiones en Venezuela mediante la adquisición y el desarrollo de una gran cantidad de empresas, junto con la firma de grandes contratos militares para proporcionar a las fuerzas armadas venezolanas aviones, radares, vehículos blindados y helicópteros.

La influencia de China se ha extendido también a gobiernos más moderados de la región, como Ecuador y Argentina. En el caso de este último, la administración de Cristina Fernández de Kirchner firmó un tratado que incluía el establecimiento de un “sitio de exploración espacial” en la Patagonia argentina con muy pocos detalles públicos sobre la finalidad y el funcionamiento de estas instalaciones, que estará bajo control total del gobierno chino. Muchos expertos en seguridad están de acuerdo en que no sólo se trata de un acuerdo absolutamente opaco sobre el objetivo del sitio, sino también que la presencia de tecnologías de uso dual permitiría que la estación funcionara como una plataforma de reunión de inteligencia. Argentina se ha convertido en un receptor de préstamos chinos, y un importante proveedor de materias primas.

Volviendo a la Cumbre de Panamá, queda claro que ha sido un éxito para las intenciones de política exterior de Obama, ya que logra no sólo la imperdible foto con Castro y la conferencia de prensa conjunta, sino también porque dio a conocer un nuevo comienzo de las relaciones de EU con América Latina y el Caribe. Así mismo porque en este momento del proceso se las ha arreglado para evitar la confrontación con la Venezuela de Maduro, justo en momentos en los que su gobierno bolivariano comienza a perder el apoyo regional.

En una serie de eventos previos a la cumbre, el chavismo venezolano recibió un duro golpe cuando la presidenta de Brasil, Dilma Rousseff, dio una entrevista en horario estelar en CNN donde expresó el “interés absoluto” de la Unasur (Unión de Naciones Sudamericanas) en ver la liberación de presos políticos en Venezuela. Otro golpe provino de Uruguay, cuando en el periodo previo a la Cumbre, su ministro de Asuntos Exteriores hizo fuertes declaraciones condenando a Venezuela por sus presos políticos y permitir el uso de armas de fuego contra manifestantes, y declaró que tales acciones serían inimaginables en su propio país. Antes de la Cumbre, los líderes presentaron la Declaración de Panamá, que exigió “soluciones negociadas” a la “grave crisis democrática” en Venezuela. Desde entonces ha sido firmada por 31 ex presidentes y aumentado la presión sobre el gobierno venezolano. En un aspecto mucho menos discutido de la estrategia de Obama antes de su visita a Panamá, Thomas Shannon fue a Venezuela a mantener conversaciones con el gobierno de Venezuela, así como para organizar una reunión en la embajada de Estados Unidos en Caracas con líderes de la oposición.

En general, los “bolivarianos” radicales de la región sólo pudieron verse en los entretelones de la Cumbre. Los discursos conciliadores de los presidentes Obama y Castro abrieron la puerta a una nueva fase en las relaciones hemisféricas, mientras que los de Maduro, Morales, Kirchner y Correa transmitieron nada más que discursos anticuados y retórica vacía. Sin embargo, y lo más importante, EU ha tomado medidas para hacer frente a la mayor protagonista fundamental de la Cumbre, China, que a pesar de no tener una presencia formal en el evento ha asumido un rol muy importante en la agenda hemisférica.

La región se encuentra ahora en una posición importante en lo que respecta a la nueva estrategia continental de Estados Unidos, que busca fortalecer las alianzas que apoyen el Acuerdo Estratégico Transpacífico (TPP) como contrapeso al Área de Libre Comercio de Asia-Pacífico (FTAAP), que fue lanzada por China en la Cumbre de la APEC en Beijing en noviembre pasado. Mientras que el TPP incluye sólo 12 países miembros de la APEC, el FTAAP aspira a incluir a 22 países de la APEC, después de un estudio de dos años que preparará el terreno técnico para el acuerdo. La respuesta de Pekín es incierta, pero el creciente valor estratégico de América se está convirtiendo en algo indiscutible, y por lo tanto estamos en presencia de las etapas iniciales de una competencia creciente entre Estados Unidos, China y otras potencias por la influencia en esta parte del mundo.

 

*Andrés Serbin y Andrei Serbin Pont son, respectivamente, Presidente y Coordinador de Investigación de CRIES, un Think Tank latinoamericano basado en Buenos Aires que se enfoca en las relaciones internacionales y la política exterior.

 

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