Cuando Elie Saab comenzó en Beirut a diseñar para sus hermanas —con sólo nueve años—, no imaginaba que dirigiría una firma próspera con ateliers de alta costura. Desde allí, Saab rediseña el concepto de belleza colección tras colección.

 

Por Victoria Mass

 

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No elegí esta carrera con el fin de acumular poder. Me convertí en diseñador de moda porque siento verdadera pasión por el diseño. Sabía lo que quería hacer desde pequeño, pero nunca imaginé el éxito que tendría”, nos confiesa Saab antes de comenzar los desfiles primavera-verano 2014. Estos vestidos románticos y etéreos los portarán princesas, actrices y socialités, “pero también políticas, abogadas y em­presarias. Todas las mujeres comparten un fuerte deseo por sentirse femeninas y gráciles”. Elie Saab abrió su atelier a los 18 años asumiendo un gran riesgo: era autodidacta. Pero eso no le impidió comenzar una carrera en pro de la ele­gancia con la firme intención de iniciar una marca global y tener éxito. “Uno debe tener una gran meta en la vida. Aunque nada es gratis: hay que trabajar duro y creer en lo que haces”.

Pocos saben que Saab prefiere lo sobrio a lo ostentoso. “Mis invitados se sorprenden al descubrir que mis casas tienen una esencia minimalista. Estoy rodeado de telas profusamente deco­radas, así que en casa lo que de verdad quiero es relajarme”. Y es que su con­cepto de lujo no tiene nada que ver con lo material. “El lujo es más una expe­riencia que un objeto. Por ejemplo, que aparezca uno de mis platos favoritos por sorpresa sin haberlo pedido. Es algo fuera de lo normal, y ocurre cuando menos te lo esperas”.

 

La hermosura da beneficios

 

¿Qué lecciones empresariales has aprendido en tu carrera?

La más importante es que todo lo “de­seable” en esta vida, ya sea una ambición intangible o un objeto material, es siempre difícil de conseguir o poseer. Diseñar es gratificante, pero demanda trabajo duro, perseverancia y, por supuesto, paciencia.

¿A qué retos te has enfrentado en una industria tan competitiva como la moda?

Cualquier industria en la que la gente de­see tener éxito será competitiva por natu­raleza. Aún así, la moda es un sector más competitivo que los demás. Soy artista y hombre de negocios a la vez. Eso ayuda a que mis diseños sean mejores.

 

¿Los siguientes pasos en el negocio?

La marca Elie Saab está en pleno de­sarrollo, especialmente en su vertiente comercial con aperturas de boutiques en México, Hong Kong y Ginebra. Planeamos nuevas inauguraciones para 2014. Y quie­ro diversificar ofreciendo nuevas líneas de producto, como una línea cosmética.

En un mundo globalizado y conectado, ¿cuál es tu estrategia en la era 2.0?

Mi hijo mayor, Elie Saab Jr., se unió a la compañía en 2013 y es él quien trabaja la parte digital. Lo primero que hizo fue rediseñar nuestro sitio web, seguido por Facebook, Instagram, YouTube, Twitter, Pinterest y Weibo, para el mercado chino. Son una forma vital de comunicación con nuestros clientes y fans en todo el mundo.

 

¿Cómo logras captar la atención de mu­jeres de diferentes culturas?

Porque no soy un diseñador que lance tendencias cada temporada. Creo siluetas femeninas que realzan la belleza de la mu­jer y la hacen lucir como la versión más elegante de sí misma. La naturaleza de la alta costura dicta que todo es posible y la única limitación es la propia imaginación.

 

Muy personal

¿La moda es arte o negocio?

Es ambas. Los diseñadores intentan ex­presar su arte a través de las colecciones, pero si quieren que su marca sobreviva deben estar en continuo desarrollo para tener una empresa viable y exitosa.

¿Una ciudad para hacer negocios?

París. Es la capital de la moda y las mentes creativas de la industria: diseñadores, compradores o editores. Además, es una urbe maravillosa y gran fuente de inspiración.

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