Quedó postrado sobre el escritorio. La llamada que había recibido lo había dejado congelado. El mensaje había sido demoledor: “Señor, perdió usted todo”. Eran los primeros días de agosto de 2008 y Olegario Vázquez Raña estaba viviendo una pesadilla. No era para menos. En tan sólo 24 horas había perdido 1,700 millones de dólares (mdd), junto con 57 mdd de su esposa. Podría decirse que había jugado a la ruleta en el sistema financiero de Estados Unidos.

“Me sentí muy triste, muy mal. Me habían quitado todo”, confiesa Olegario Vázquez Raña, al recordar el día más triste de su vida. “No me deprimí, pero no podía dormir en las noches. ¡Cómo era posible… perder 1,700 mdd en un día!”.

Los detalles de esta historia se contarán más adelante porque hay otros asuntos por tocar con un personaje del que se ha escrito mucho, pero cuyos análisis han adolecido de un “pequeño” detalle: el testimonio de la fuente directa. Sí, mucho se ha dicho de don Olegario, como suelen llamarle, sin que se conozca su propia versión de los hechos… hasta ahora.

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El pasado 10 de diciembre, Olegario Vázquez Raña celebró su cumpleaños. Fueron pocos los invitados a su fiesta, que se prolongó hasta la madrugada y donde hubo tequila y chicharrón en salsa verde. La mayor parte de los convocados eran de su círculo íntimo. Su esposa, María de los Ángeles Aldir, sus tres hijos y nueve nietos.

 

― ¿Por qué alrededor de don Olegario se ha querido construir una historia negra?

― Efectivamente, hay historias negras, pero las hay por envidia, que es muy mala consejera. Tal vez por mi manera de trabajar, de hacer dinero de manera honesta.

 

― ¿Cómo explica que pueda usted atraer filias y fobias, halagos y críticas, amores y odios?

― Yo siempre he pensado que uno tiene que trabajar y no debe fijarse en muchas cosas. A los nueve años de edad, cuando empecé a abrir mi cerebro, mi inteligencia, me di cuenta que podía hacer negocios.

Desempolvemos el pasado: Hace más de 60 años, María Raña y Venancio Vázquez tenían una tienda y una casa con un teléfono Ericsson.

Un detalle aparentemente ridículo, pero que no lo era (considerando que por entonces había pocos telé- fonos y la gente siempre requiere comunicarse). Entonces, la familia había establecido un sistema de cobro para aquellos vecinos que necesitaban del servicio. Así, uno de los hijos, Olegario, después de salir de la escuela, se dedicaba a darle vueltas a la manzana avisando a quienes tenían una llamada. Entre la clientela, había un médico que recibía llamadas con frecuencia. Un día, éste se dio cuenta de que Olegario no le había avisado de una, así que le reclamó. A partir de entonces, decidió darle una propina de 50 centavos para que no volviera a pasar.

“Fue la primera vez que recibí dinero. Empecé a darle preferencia a la gente que me daba propina”, recuerda Olegario Vázquez Raña. Hoy, don Olegario funge como presidente del Consejo de Administración del Grupo Empresarial Ángeles (GEA), una empresa mexicana que se despliega a través de diversos sectores e industrias, como la salud (Hospitales Ángeles), el turismo (Hoteles Camino Real), las finanzas (Banco Multiva) y la comunicación (Grupo Imagen, Excélsior e Imagen Televisión), entre otros.

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― ¿Qué deja más dinero: los hoteles, los hospitales, los medios, la banca…?

― La verdad, no lo sé. Hace unos días, alguien me preguntó algo similar. Si tuviera que deshacerme de todos mis negocios, ¿con cuál me quedaría? Sin pensarlo, dije: “hospitales”, porque me gustan y siento que ayudo a la gente. La salud es lo más importante en la vida y, cuando ayudamos en algo de la salud, todos quedamos muy satisfechos. Esa misma pregunta se la hicieron a mi hijo y él contestó que el financiero. Yo me espanté. Me sorprendió un poco. Yo creo que, de dejar, no deja mucho dinero. En los medios de comunicación, yo estaría feliz saliendo a mano o ganando cualquier cosa. Los hoteles son un negocio muy estable y los seguros son muy buenos.

En su primera entrevista con una revista de negocios, en abril de 2015, Olegario Vázquez Aldir, hijo de don Olegario, habló con Forbes México sobre el negocio más reciente de Grupo Empresarial Ángeles: Imagen Televisión, y desde entonces dibujaba lo que, bajo su óptica, sería su diferenciador versus sus competidores: “Tenemos que hacer una televisión vanguardista, incluyente”.

 

― La tv abierta dejó de ser negocio, dicen los analistas. ¿no llegaron tarde a ella?

― Yo fui muy amigo de Emilio Azcárraga Milmo y siempre tuve la ilusión de ver cómo era el negocio de la televisión. Cuando finalmente entramos a medios, traía metido el gusanito de [crear] una nueva cadena de televisión. Pasaron muchos años y no había otra cadena, hasta que finalmente se presentó la oportunidad. Hoy tenemos los estudios de televisión más modernos que puede haber y estamos produciendo nuestros propios contenidos. Regresando a su pregunta, hace más de 60 años, cuando salió la televisión, dijeron que la radio estaba muerta. Hoy la radio sigue funcionando exactamente igual. ¿Qué podría decirle de la televisión abierta? Sí, hay millones de personas de nivel económico muy alto que ven televisión por cable o Netflix, pero el pueblo sigue viendo los canales libres. Creo que queda mucho por hacer en la televisión abierta; hay lugar para las tres cadenas o, posiblemente, hasta para cuatro.

 

― El año 2016 fue de pesadilla para sus competidores, tv azteca y televisa. ¿eso no le preocupa?

― No. Lo que pasa es que Televisa y TV Azteca estaban solos en el mercado; eran los dueños de todo. Entre dos era muy fácil ponerse de acuerdo. Tú blanco, yo negro. Ahora, entre tres ya no es igual. Pienso que hay mercado para los tres. Ellos han hecho ajustes de personal. No sé los motivos que tengan para haberlo hecho, pero nosotros pensamos que sí nos dan los números; es más, pienso que, en un año o dos, estaremos saliendo en números negros perfectamente bien.

 

― ¿Qué sigue? ¿dónde se verán las futuras inversiones del grupo?

― Ahorita estamos muy enfocados en que salga adelante la cadena de televisión. También tenemos inversiones muy fuertes para ampliar en el grupo hotelero y en el de hospitales.

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“Hijo, cuando tengas mucho dinero y no sepas en qué invertirlo, inviértelo en tierra, en buenos lugares, porque después de 10 o 15 años van a valer 15 veces más. Ésa es una gran verdad”. Éste era uno de los consejos que Venancio Vázquez le compartía a su pequeño hijo Olegario, quien, al paso del tiempo, no sólo lo tomó como una recomendación, sino como un mantra, que persiste hasta ahora.

“Una de mis inversiones más fuertes está en tierras, porque me gusta cuidarlas y usarlas para hoteles, hospitales… para cuando necesite un edificio”, dice ahora Olegario Vázquez Raña. “No me gusta vender [propiedades] porque tengo comprobado que, con el tiempo, el que vende pierde y se hace pobre, porque el dinero se acaba”.

Así, con el acompañamiento de esta máxima, y de muchas otras, don Olegario ha acumulado un amplio portafolio de negocios en México. También, incursionó en Estados Unidos cuando adquirió el Merkantile Bank, mismo que después vendió a Wells Fargo. Pero en su historial de negocios hay eventos que bien podrían ser extractos de una película de comedia. Sucesos fortuitos, fuera de lo común.

Uno de ellos fue lo que ocurrió antes de adquirir la licencia para operar un banco en Estados Unidos. Después de pasar por varios interrogatorios de la DEA y el FBI (“que buscaban droga”, recuerda hoy Vázquez Raña), acudió a la Reserva Federal de Estados Unidos con un grupo de abogados que cobraban hasta 80 dólares la hora. Lo curioso es que, junto con ellos, estaban la esposa de don Olegario y sus tres pequeños hijos. ¿Qué demonios hacían tres niños y una señora en una junta para saber por qué un mexicano quería tener un banco en Estados Unidos?, se preguntaban las autoridades de aquel país. “Yo me sentía orgulloso de que mi familia me acompañara en un evento relevante”, cuenta Vázquez Raña. Sólo 39 días después de esa reunión, recibió la autorización de la Reserva Federal. Un tiempo récord.

Otro caso fue el día que llegó a su tienda de muebles un tipo sucio, sin dinero, con las manos llenas de grasa, que quería comprar un televisor y un radio. La desconfianza capturó a don Olegario, quien, a pesar de ello, aceptó fiarle. Las compras de aquel tipo siguieron y el trato del día a día (que sólo se concentraba en la compra-venta de productos) los hizo compadres. Pero la revelación ocurrió durante el bautizo de una de las hijas de Olegario, cuando Julio, ese tipo sucio que parecía mecánico, entregó su regalo: un camión de pasajeros nuevo, con 45 asientos y baño. “Julio, ¿de dónde sacas dinero, si eres mecánico?”, le preguntó Olegario a su compadre, quien respondió: “No, yo estudié Mecánica en Estados Unidos y le enseño a los mexicanos a meter las manos, porque no lo saben hacer, y lo hago porque soy uno de los dueños de una línea de autobuses”. Julio Galíndez era propietario de Omnibus de México, empresa que después pasó a manos de Olegario Vázquez Raña.

 

― Hablemos de los fracasos de Don Olegario…

―  Yo no los llamaría fracasos, ya que, sabiendo trabajar y llevando bien los negocios, todos son buenos. Lo que pasa es que en casi todos soy dueño absoluto y en algunos entramos en sociedad. Creo que no he tenido fracasos; nunca me gustaron los negocios que dejaran pérdida; si salimos tablas, bien, pero si un negocio va a dejar pérdidas, prefiero salir [de él] lo más rápido posible.

En la entrevista, don Olegario no cita un evento que podría considerarse como un descalabro de GEA y que tuvo lugar en septiembre de 2014: la compra fallida del grupo portugués Espírito Santo Saúde, que contaba con clínicas médicas, centros de salud y residencias para gente de la tercera edad.

 

―  La inversión en Espírito Santo, en Portugal, se cayó. Ése fue un fracaso.

―  Bueno, efectivamente, podríamos llamarlo fracaso, pero no de nuestro lado. Hicimos un estudio muy meticuloso, una oferta; se gastaron, fácil, 10 mdd en el estudio y éste determinó que compráramos. El gobierno de Portugal aceptó la oferta (ya había un plan de liquidación) y, cuando teníamos todo, nos dijeron que otra persona ofrecía más. Pero, así, el negocio salía muy apretado y ya no quise. Las autoridades nos trataron bien y cancelamos el contrato. Fracaso hubiera sido comprarlo, porque la inversión se habría pagado en 30 años. Como están las cosas, un negocio bueno debe comprarse pensando que la inversión se debe recuperar entre ocho y 12 años, máximo.

 

― ¿Es cierto que ha tenido negocios de armas?

―  Nunca he tenido armas. Bueno, tengo una colección de armas que usé en el deporte, pero nunca he tenido un arma para vender o para regalar. ¿TIENE HOTELES DE PASO? Debo serle honesto. Efectivamente, mi papá tuvo hoteles de paso; uno en la calle de Magnolia y otro en la calle de Moctezuma [en la colonia Guerrero, de la Ciudad de México]. Uno de ellos se vendió y con ese dinero construimos la tienda Hermanos Vázquez en Buenavista. Después, mi hermano mayor se quedó con el otro hotel. No sé si todavía exista. Mi hermano ya murió.

 

― ¿Qué tan millonario es Olegario Vázquez raña?

― Con la familia, muchísimo. En lo demás, creo que tenemos para vivir bien, pero también me gusta compartir con la gente que trabaja con nosotros.

Foto: Fernando Luna Arce.

Usted debería estar en el listado de los “Millonarios de México, de Forbes”.

― Pero no estoy en la Bolsa [el listado sólo considera a empresas públicas]. No me gustaría estar en esa lista porque necesitaríamos demostrar por qué estamos en ella; no somos públicos y deberíamos de estar entre los 20,000-25,000 mdd, pero habría que hacer los avalúos. Sin embargo, podemos estar en contacto… y algún día hacerlo.

* * *

El círculo rojo no concibe la forma en la que la familia Vázquez Raña se ha hecho de tantos negocios. Para analistas y periodistas, Olegario Vázquez Raña hace uso del poder político para aumentar sus capitales. Sus nexos con presidentes de la República, secretarios de Estado, gobernadores… alimentan la crítica hacia su persona.

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― ¿Se ha servido del poder político, Don Olegario?

―  Me gusta tener amistades. He sido muy buen amigo de muchos presidentes, pero jamás de los jamases he recibido ni una milésima de ayuda de ningún presidente. Por ejemplo, mucha gente dice que Enrique Peña Nieto me dio la concesión de la televisora, y no es verdad. Hubo una licitación pública.

 

― Los medios también son un factor de poder. Pueden enaltecer o destruir a quien sea. Imagen televisión, Excélsior, Grupo Imagen, ¿no son mecanismos de poder político de gea para presionar?

― Yo le voy a decir una cosa: nunca he pensado en el poder. Me gusta tener amistades, soy amigo de muchas personas, pero jamás hemos utilizado el poder, nunca. Nuestros directivos tienen estrictamente prohibido usar cualquier poder. Somos gente de negocios y los medios deben trabajar para tener sus propias utilidades.

 

Dato de contexto: Andrés Manuel López Obrador, en su libro La mafia nos robó la presidencia, acusó que un grupo de empresarios, entre ellos Olegario Vázquez Raña, había sido convocado por el entonces presidente Vicente Fox para conspirar en contra del candidato del PRD y favorecer a Felipe Calderón Hinojosa.

 

― ¿Conspiró en contra de Andrés Manuel López Obrador?

― No, yo nunca conspiré en contra de nadie; nunca estuve tratando de hacer un grupo político. En una ocasión, efectivamente, me llamaron para ver un asunto que tenía que ver con problemas del secretario general del Sindicato de Petróleos Mexicanos, Carlos Romero Deschamps, y entonces nos juntamos tres o cuatro amigos y lo ayudamos. Pero, como le comentaba, no estoy nada metido en política. A mí la política me divierte. Como decía mi papá: no hay que discutir sobre política ni religión porque nunca nadie se pone de acuerdo.

 

― ¿Qué piensa de andrés manuel lópez obrador?

― No soy político. Respeto a todos los políticos. Andrés Manuel es un hombre que se ha dado a respetar; lo conozco, lo traté hace seis o siete años. Últimamente hemos estado distanciados, él por su trabajo y yo por el mío; no nos hemos visto, pero ahorita tiene muchas ventajas; [sus posibilidades electorales] depende[n] de los candidatos [presidenciales] que vayan a salir. Lo que yo quiero es lo mejor para nuestro país, pero Andres Manuel es un hombre que ha peleado mucho por ser presidente. Si llega a serlo, lo llevará más o menos como llevó el gobierno del Distrito Federal. Pero, cualquiera que llegue a sentarse en el sillón presidencial tiene que trabajar por México. El país ha cambiado tanto que, antes, era el presidente con la banda y todo mundo se quedaba quieto. Ahora, el señor presidente tiene que trabajar por el país, por la gente.

 

― ¿Sería buen amigo del futuro presidente de México, así fuera Andrés Manuel López Obrador?

― Yo pienso que sí. El único favor que le pediría al señor presidente sería que trabajáramos todos por México, que todos los empresarios trabajáramos por el país y que el señor presidente, llámese como se llame, trabaje por el país y empuje a la economía lo máximo posible. * * * Don Olegario pasó los últimos días de 2016 en Acapulco. Ahora, es tiempo de volver a la rutina, sin dejar a un lado las pasiones que siempre lo acompañan: el dominó, una buena copa de vino o un caballito de tequila, el gusto por el deporte y los amigos, entre los que se encuentran Carlos Slim, Miguel Rincón, Daniel Goñi, Miguel Alemán. También, un avión privado y un helicóptero que le permiten evitar el esquizofrénico tráfico de la Ciudad de México.

 

― ¿Hay algo de lo que se arrepienta?

― No y sí. Creo que no hay nada de qué arrepentirme; y al decir sí, [es] por no haber gozado un poco más la vida. Si hoy volviera a vivir, hubiera dedicado un 10 y un 20% más de tiempo a mí mismo y a mi familia.

 

― ¿Podemos saber qué pasó con su hermano mario? ¿dónde fue ese punto de quiebre?

― Nosotros fuimos cuatro hermanos: por edades, Polo, Mario, yo y Abel. La amistad con Mario fue la más grande, éramos inseparables. En los negocios fuimos lo máximo. En alguna ocasión, recuerdo que Mario me dijo: “Préstame 20 mdd”, y se los presté sin preguntar nada. Él también me prestaba. No nos pedíamos papeles ni nada. Nunca estuvimos enojados, como se dijo.

Era un pleito del deporte. Ahí fue. Hubo una reunión en el Comité Olímpico Mexicano y alguien me preguntó algo en mi calidad de presidente de la Federación Internacional de Tiro Deportivo. Pero, cuando iba a responder, Mario me dijo: “¡Cállate, eso no sirve para nada!”. Entonces me puse de pie y le dije: “A mí, aunque seas el presidente del Comité Olímpico Mexicano, no me puedes callar”. Me levanté y no volví a ninguna junta. Él y yo salíamos a comer, platicábamos de negocios, de amigos, pero en el deporte chocamos.

Pero también se separaron de los negocios…

En los negocios casi nunca teníamos problemas; platicamos, yo estuve con él un mes antes de que falleciera; fui a su casa varias veces. Éramos un poco diferentes: él era muy estricto en sus cosas y yo era diferente. Para mí, la familia es primero. Para él, eran primero los negocios. Teníamos un poco de diferencias, pero siempre como hermanos nos tuvimos respeto y cariño. Vamos, aunque la familia sea un poco mala, es lo mejor que hay en el mundo.

* * *

Días después de la entrevista, recibí una llamada telefónica de la oficina de Olegario Vázquez Raña. El señor estaba inquieto porque necesitaba ofrecer más detalles de algunos eventos, pero, sobre todo, quería hablar de un caso en particular: el día más triste de su vida.

Y eso ocurríó en 2008, cuando tuvo en sus manos el negocio que parecía ser el mejor de su vida. Todo empezó después de la venta del banco estadounidense Merkantile Bank a Wells Fargo. “El banco habra costado cerca de 150 mdd y luego lo vendimos en 600 mdd”, cuenta don Olegario.

Sin duda, una operación extraordinaria pero que después derivó en un mal negocio.

Una parte de ese monto lo recibió en dinero y otra en acciones. El dinero paró en diversos bancos, mientras que el valor de sus acciones se disparó brutalmente hasta que las vendió. “Las acciones eran el mejor negocio del mundo”.

Ya con un costal de dinero depositado en varios bancos, sus asesores le recomendaron invertir en Opciones.

Según la explicación de las instituciones financieras, las Opciones son instrumentos financieros que otorgan al comprador el derecho y al vendedor la obligación de realizar la transacción a un precio fijado y en una fecha determinada. Generalmente son utilizados por los brokers para obtener cobertura de sus inversiones. Pero para Olegario Vázquez Raña, la operación que le sugerían tenía una descripción más simple: “Era un juego de ruleta”.

Y así jugó. “Metí 100 mdd y en 60 días tuve una utilidad de 60 mdd. Me ambicioné con el mejor negocio que había en la vida. No era dinero de mis empresas, era mío. Con la que más jugamos fue con Apple. Yo era uno de los que movía las cantidades de dinero más importantes en la Bolsa de Nueva York”.

Pero, de pronto, vino la debacle. “Estando en China, en los Juegos Olímpicos de Pekín [2008], uno de mis asesores me dijo que acababa de perder 100 mdd porque el mercado de Estados Unidos se estaba hundiendo. Pedí poner todo en venta”. Para entonces, él contaba con 1,600 mdd en Opciones y 57 mdd de su esposa.

Poco después, recibía una llamada. “Señor Vázquez, estamos muy mal: perdió usted todo”.

Hoy así lo cuenta: “Me quedé sin un centavo. Me vaciaron mis cuentas. Perdí 1,700 mdd y 57 mdd de mi esposa. Me sentí muy triste. Mi esposa y mis hijos trataban de animarme y me decían que en esas inversiones nunca había metido dinero de los negocios, que de ese negocio nadie sabía y que yo seguía siendo Olegario Vázquez Raña, el de los negocios en México. Pero pasé días muy amargos y me sentí el hombre más gusano del mundo”.

 

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