Entre la riqueza del mar y la dureza del desierto, el concepto resort de lujo cobra vida dentro del One & Only Palmilla.

 

 

Mi hermano, director de cine, se ha vuelto mi compañero favorito para muchos de mis viajes. Después de varias aventuras, hoy compartimos un chiste común: cuando estamos en un autonombrado “sitio de lujo” y el tan anunciado lujo resulta no ser más que una aspiración, cruzamos miradas e irónicos recordamos… “¡Palmilla!” Segundos después, reímos a carcajadas. Y es que el One & Only Palmilla se ha posicionado dentro nuestro diccionario personal y afectivo como la perfecta materialización del concepto resort de lujo… Pocas veces se nos había tratado tan bien.

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La expresiva sinfonía del sitio se dirige bajo la batuta de Mr. Peter Bowling, un caballero inglés tan encantador como eficiente y quien presume, como principal orgullo, dirigir la empresa con menor rotación de personal en México. El One&Only Palmilla no se esfuerza, simplemente se permite ser. “Lo que está a la vista se vive también tras bambalinas: al entrar se accede a nuestro universo personal, aquí hacemos ideas realidad mientras disfrutamos de nuestra compañía; juntos, en equipo, con perfecta armonía”, nos asegura.

Con experiencia previa en el Capella Pedregal y muy al tanto de las virtudes del Esperanza Resort y el icónico Ventanas del Paraíso –sus más cercanos competidores en la región– Mr. Bowling se enorgullece de tener una clientela recurrente superior al 34%. “Nuestros mejores huéspedes regresan dos o tres veces al año”, y es que aquí nunca se desperdicia un dólar, toda posibilidad se reinvierte de nuevo en la propiedad mejorando continuamente su experiencia. “Al tomar, hace poco más de un año, la dirección del lugar descubrí que el 85% de su realidad era perfecta, sólo necesitábamos una justa reinvención del 15% en su operación para convertirlo en el mejor resort de lujo en México… Y lo hemos logrado“.

Con 15 habitaciones, Palmilla fue concebido en 1956 por Don Abelardo Rodríguez, pionero de los desarrollos turísticos en Los Cabos e hijo del general Abelardo Rodríguez —quien fuese presidente de México en sustitución de Pascual Ortiz Rubio en 1932—. John Wayne, Ernest Hemingway, el ex presidente estadounidense Dwight D. Eisenhower, o Dustin Hoffman –sus primeros visitantes–, tenían forzosamente que llegar en jets privados o yates. El oasis inmediatamente se convirtió en el destino favorito de la alta sociedad internacional compuesta por celebridades, dignatarios y magnates.

La propiedad debe su estética y éxito actual a dos millonarias renovaciones –en 2004 y 2008– por un total de más de 130 millones de pesos; realizadas después de sumarse al portafolio de lujo de la cadena One&Only, propiedad de Kerzner International y GS Emerging Market Real Estate Fund, de Goldman Sachs & Co. Desde entonces, ha sabido renovarse y mejorar junto con su entorno. Hoy es la única residencia en San José del Cabo con playa y una hermosa bahía para nadar en el violento e imponente Mar de Cortés.

One&Only Palmilla ocupa 101 hectáreas dentro de la planificación de una comunidad maestra de 364. Además del resort, un campo de golf y ocho comunidades residenciales bordean la espectacular costa de la península. Con 173 habitaciones, 16 casitas y la Villa de Cortés —joya de la corona dentro la residencia—, la experiencia se digiere mejor tras las visitas a sus restaurantes. El insignia es Aqua, es una oferta “mexiterránea” de Larbi Dahrouch, antiguo protégé de Jean-Louis Palladin y quien creara el concepto para las remodelaciones del resort en 2003. Se suman Market y Suviche, del galardonado Jean-Georges Vongerichten. La cafetería del resort y el menú room service, también son supervisados por Vongeritchen.

Sin duda, la más apreciada característica física de la residencia es su amplitud, la sensación de un sinfín de espacios que se potencializan uno dentro de otro. Nuestro favorito, el spa, una representación del paisaje bajacaliforniano a lo largo de una comunidad de 13 villas privadas, el Jardín de la Luna y las Estrellas, y una estación principal de servicios básicos. Su vegetación provoca el más fino concierto a las horas que sopla el viento, espectáculo de absoluta relajación, curación y rejuvenecimiento. En el cuadrante contiguo al spa, la capilla –construida de piedra sobre una colina– y los amplios salones del centro de negocios, remontan a un western al propio estilo de John Wayne.

Aquí la máxima diversión es el golf. Con la apertura del primer campo de Jack Nicklaus en la costa oeste en 1993, el Club de Golf Palmilla tomó posesión de favorito dentro la lista A del deporte. Sus 27 hoyos  –los 12 últimos con vista al Mar de Cortés– son algunas de las dádivas que lo posicionaron entre los 100 mejores campos del mundo por el Great Golf Resorts of the World.

Y, por si la devoción a sus encantos no fuera ya arrebatadora, sus amenidades no permiten pensar ni un segundo en el estrés: en sus instalaciones son bienvenidas las mascotas –Plomo, mi galgo Whippet­, ha sido inmensamente feliz–, dispone de tres ensenadas privadas, cinco canchas de tenis de la más alta tecnología, un yate de 50 pies, una Hummer y un Mercedes-Benz, disponibles para aventurarse en los contrastantes ecosistemas de la región; servicio de mayordomo 24 horas y un  equipo completo de especialista en celebraciones y hospitalidad de primera clase… ¡El panorama es excepcional!

Regresar a casa parece, por primera vez en nuestra vida, una verdadera pesadilla. Mientras la camioneta de regreso al hangar se aleja, a la distancia el staff completo nos despide con la mano izquierda en el aire y la derecha sobre el corazón. Sus sonrisas y las nuestras se conectan y la nostalgia invade a tan corta separación todos los sentimientos. Y es que como afirma Mr. Peter Bowling –en exquisito acento inglés–, “Bad is normal”… Seamos simplemente extraordinarios.

www.oneandonlyresorts.com

 

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