DW.- Más de 70 judíos y judías se habían reunido en una sinagoga del este de Alemania para rezar y cantar durante la festividad judía del Yom Kipur. Solo la puerta de entrada blindada del centro religioso evitó que un alemán equipado con granadas de mano y fusiles de tiro rápido llevase a cabo un baño de sangre.

Anotamos el 9 de octubre de 2019.

Ochenta años después del comienzo de la Segunda Guerra Mundial, en la que seis millones de judíos fueron asesinados, este colectivo todavía tiene que temer por su vida cuando profesa públicamente su religión, cuando va a una sinagoga.

Emisión en directo en una página de videojuegos

¿Qué dice esto de Alemania? ¿Y qué significa que un joven de 27 años filme su ataque con un casco equipado con cámara de vídeo y lo emita en directo en una plataforma online especializada en videojuegos? Elabora la puesta en escena como en los atentados de Christchurch en Nueva Zelanda y, antes de empezar a disparar, dice en inglés a su audiencia internacional: “Los judíos son la raíz de todos los problemas”.

El sufrimiento no se puede ni se debe relativizar. Es por ello que nuestro apoyo y nuestra solidaridad deben centrarse en primer lugar con la familia y los seres queridos de las dos personas, un hombre y una mujer, que el atacante asesinó brutalmente y por la espalda mientras escapaba.

Pero esto no debe hacernos perder de vista otra cosa: si las cosas hubieran marchado como él esperaba, en Alemania se hubiera cometido este miércoles una matanza de judíos.

No se limita a los islamistas

Este ataque vuelve a probar que el creciente antisemitismo mortal que experimenta este país no se limita a los terroristas islamistas. Decir algo así es mentir y negarse a aceptar una realidad. El ataque pone de relevancia que, tras 75 años del fin del reino del terror nacionalsocialista, la protección de las instituciones judías en Alemania sigue siendo de vital importancia. El hecho de que la sinagoga no estuviese protegida durante el Yom Kipur hace cuestionarse muchas cosas.

Lo ocurrido demuestra que hasta los indicios más pequeños de potenciales actos de motivación antisemita deben ser tomados en serio y, consecuentemente, perseguidos. Ya sea la quema de una bandera israelí o los insultos callejeros a un creyente que pasea con una kipá.

El odio hacia los judíos no debe banalizarse. No hay un poco de antisemitismo. En ningún lado. Y, sobre todo, no en Alemania.

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