Reuters.- El gobierno de Venezuela y los adversarios del presidente Nicolás Maduro medirán el miércoles fuerzas con sendas manifestaciones, en un día visto por el liderazgo opositor como un resurgir en su empeño por forzar un cambio de gobierno y que coincide con la celebración de los 61 años de la caída de la dictadura militar.

En un contexto de presión internacional por el desconocimiento de un nuevo período de gobierno y de protestas y cacerolazos en su contra, Maduro aseguró la noche del martes que quiere paz y reafirmó que nada intimida al oficialismo.

La oposición convocó a sus seguidores a protestar en las principales ciudades del país, en lo que sería su primera movilización masiva luego de la ola de intensas manifestaciones que en 2017 dejaron cientos de fallecidos y heridos.

El gobierno también citó en Caracas a sus seguidores para defender su revolución socialista del plan que, según Maduro, lidera Estados Unidos para derrocarlo.

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En la víspera de estas acciones, en barrios pobres de Caracas se escuchó durante horas el sonido de las cacerolas y muchos salieron a las calles a formar barricadas con basura y neumáticos incendiados.

Al menos 60 de esas manifestaciones se registraron en diversos puntos de Caracas, según el no gubernamental Observatorio de Conflictividad Social, que informó sobre la muerte de un joven de 16 años la noche del martes en la barriada de Catia, en el oeste de la ciudad.

No hay información oficial ni del caso del joven ni de los cacerolazos en la ciudad, que amaneció tranquila y con poca gente en las calles. El Ministerio de Información no respondió de inmediato una solicitud de comentario.

El gobierno y la oposición “tienen que ponerse de acuerdo si se quiere salir de esta situación porque la peor parte la está llevando el pueblo, se está deteriorando nuestra calidad de vida”, expresó Israel Ibarra, un mototaxista de 35 años, en la barriada de Catia.

Venezuela, con las mayores reservas petroleras del mundo, sufre su primera hiperinflación de casi dos millones por ciento, bajo una severa crisis económica que ha provocado la huida de más de 3 millones de personas del país desde el 2015, según datos de Naciones Unidas.

La inédita ola migratoria que presiona a los países vecinos se desarrolla en un momento en que el nuevo mandato de Maduro, que se inició el 10 de enero, fue desconocido por la mayoría de los países del continente y Europa tras unas cuestionadas elecciones.

El gobierno de Estados Unidos alentó el martes a protestar contra el presidente venezolano por ser un “dictador” que no tiene derecho a estar en el poder, según declaraciones del vicepresidente Mike Pence.

Un despertar: Guaidó

El miércoles “habrá más energía para el cese de la usurpación, el gobierno de transición y las elecciones libres”, dijo Guaidó, quien el 5 de enero asumió la presidencia de la Asamblea Nacional -dominada por la oposición- y desde su llegada ha llamado a las fuerzas armadas y al pueblo a unirse para lograr la salida de Maduro.

Como antesala a esta movilización, los diputados opositores llevan dos semanas convocando casi a diario a “cabildos populares” en distintas comunidades con el fin de pedir apoyo para una “transición” tras declarar a Maduro como usurpador. Creen crucial que regresen las protestas callejeras para presionar por nuevas elecciones presidenciales.

“Esto, el despertar del pueblo, no empezó hace 17 días, sino hace años”, agregó Guaidó en una entrevista con Reuters el martes. Conseguir movilizar a miles de venezolanos el miércoles “es fundamental” para trazar las líneas a seguir en los próximos días, dijo.

La oposición en Caracas organizó caminar hacia una avenida en el este de la ciudad. El oficialismo también llamó a sus filas a dirigirse desde distintos puntos hacia el centro de la capital y está prevista la participación de Maduro.

“Yo hago un llamado al pueblo venezolano, calma y cordura, máxima conciencia y máxima movilización popular para la defensa de la patria, la democracia y la Constitución”, dijo Maduro el martes por la noche en un acto transmitido por la televisión estatal.

“No nos intimada nada (…) no queremos peo (líos), queremos paz”, agregó.

 

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