Desde jóvenes, Isabel y Raquel Paiewonsky asumieron el reto de llevar un estilo de vida saludable y comenzaron a interesarse en los productos orgánicos. Su convencimiento de los beneficios las llevó a abrir la primera tienda en el país de esta índole hace 14 años. El reto no era fácil: Isabel es arquitecta de profesión y Raquel es una consolidada artista plástica; dos mundos muy lejanos de las finanzas y las estrategias de mercado que necesitaban para cuajar su idea.

Así fue como nació Orgánica en un pequeño local ubicado en la avenida Roberto Pastoriza, que en su origen estuvo dedicada principalmente a importar productos como jabones, cosméticos, champú, cremas y uno que otro comestible que cumplieran los requisitos de las certificadoras internacionales.

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La paciencia y la perseverancia han sido clave en el desarrollo del negocio, primero porque en aquellos años hablar de productos orgánicos no era algo común y luego porque los usuarios tenían la costumbre de comprar estos productos fuera del país. Pasaron 10 años hasta que fue posible darle forma al negocio que ellas habían concebido desde el principio: un lugar donde los clientes pudieran encontrar desde artículos para el cuidado personal hasta productos agrícolas y comidas preparadas.

Hace cuatro años comenzaron su proceso de crecimiento al inaugurar tres tiendas que incluían un bar de jugos naturales y comida preparada. Pero, ¿qué fue lo que cambió en el mercado? Definitivamente, el acceso a la información sobre los productos naturales y la tendencia de las personas a cuidar mejor de su salud. “No tenemos miedo a que sea una moda pasajera, porque es un estilo de vida. Consumir productos orgánicos hace que las personas se sientan mejor y va mucho más allá, porque nuestros clientes saben que una buena parte de nuestros proveedores son pequeños productores que están comprometidos con las buenas prácticas de sostenibilidad”, asegura Raquel.

Y es que, a pesar de que la mayoría de los productos que ofrecen están garantizados por certificadoras internacionales; ellas están conscientes de que algunos productores nacionales no tienen los recursos para obtener estas certificaciones; sin embargo, han podido comprobar que sus productos cumplen con los requisitos y son cultivados en suelos aptos o en proceso de saneamiento.

“Antes aquí no había la variedad que podemos encontrar ahora; no eran de buena calidad, no eran tan ricos o su presentación no era muy comercial. Ahora tenemos buenos productos: desde mantequillas hasta café, jabones de producción local, casabe, productos para el cabello. Podemos ofrecerle a los consumidores productos de excelente calidad que son hechos en nuestro país.”

Esta oferta ha provocado que los precios de los productos orgánicos sean más competitivos y que poco a poco los dominicanos vayan cambiando el chip y reconozcan que la diferencia en el costo de un producto orgánico se compensa a la hora de pensar en la salud y en el medio ambiente.

Luego de inaugurar tres sucursales en Bella Vista, Ágora Mall y Acrópolis Center, cuyas inversiones superan cada una los 100,000 dólares; las hermanas Paiewonsky están listas para continuar la expansión de su negocio, ahora bajo el formato de franquicia. “La Cámara de Comercio de Santiago hizo un concurso donde pymes podrían aplicar para formarse como franquicias. Nosotros cumplimos con los requisitos y nos seleccionaron para capacitarnos en el tema. Tenemos varios esquemas posibles de negocios, desde un módulo de pasillo de jugos y bocadillos hasta un formato de supermercado como el de Acrópolis”, concluye Isabel.

 

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