A fin de ofrecer una rentabilidad social creciente, los organismos no lucrativos deben aplicar las mejores prácticas de la administración y desarrollar estrategias innovadoras para generar ingresos que aseguren cumplir las metas.

 

Por Germán García-Fabregat

Los organismos no lucrativos cumplen un papel decisivo en favor diferentes causas: educativas, culturales, de salud o de protección del ambiente, entre otras. Para garantizar su sostenibilidad a largo plazo debemos, sí, aprovechar los beneficios que la Ley del Impuesto Sobre la Renta establece para estimular su funcionamiento, pero al mismo tiempo cumplir las obligaciones fiscales.

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Este tipo de organizaciones son un componente muy valioso de la sociedad y cumplen una función complementaria a los gobiernos; son un cauce a través del cual se conduce la solidaridad social y se canalizan importantes recursos económicos particulares, y también públicos, en algunos casos.

Como cualquier empresa, están regidas por leyes y reglamentos federales y estatales, y deben cumplir obligaciones jurídicas, contables y fiscales. En concreto, el Título III de la Ley del Impuesto Sobre la Renta (LISR), a partir del Artículo 79, está dedicado al Régimen de las Personas Morales con Fines no Lucrativos.

Como se trata de un régimen ad hoc, debe entenderse que está regulado con precisión para evitar que se utilice con fines distintos de los que se le confieren en la Ley. Por ello es trascendental que los organismos definan su fuente de recursos; por ejemplo, si solicitarán donaciones o si recibirán pagos o contribuciones de beneficiarios, como lo hacen las instituciones educativas, museos y hospitales.

Es importante que, más allá de las causas que persigan, los organismos sociales sean dirigidos y administrados de forma institucional, juiciosa y profesional, con un modelo de gobierno corporativo que asegure su sostenibilidad a largo plazo, tal y como se debe hacer en una empresa

 

Siempre hay tiempo para cambiar el rumbo

Hace poco trabajamos con una asociación civil dedicada a mejorar las condiciones de vida de niños y jóvenes por medio de programas educativos. Este organismo, creado por una figura del ámbito empresarial, se encontraba en una encrucijada por la enfermedad del fundador, quien era el único responsable de obtener donaciones y tomaba las decisiones estratégicas. Ante este panorama, el director general solicitó ayuda para reenfocar la organización y asegurar que siguiera en pie a pesar de la convalecencia del fundador.

Propusimos, en conjunto con los directivos del organismo, diferentes medidas de institucionalización y gobierno corporativo para incrementar su sostenibilidad, renovando a los consejeros honorarios e invitando a profesionales en el campo de las finanzas corporativas y la educación, que es la causa que fomenta la institución.

Al final, logramos fortalecer la independencia del director general, que se erigió como responsable del manejo financiero y la contratación de proveedores y personal, y conseguimos erradicar las prácticas informales en el manejo de recursos, depurando los gastos administrativos.

Concluida la reestructuración, el organismo contrató una auditoría externa, y con esa validación despertó el interés de fundaciones interesadas en apoyar sus programas, obteniendo recursos superiores al promedio que habían logrado en los cinco años previos. Estos beneficios, como puede inferirse, encaminaron al organismo hacia la autosuficiencia, descentralizando la responsabilidad de conseguir donaciones.

 

Canalice el deseo de ayudar en los cauces óptimos

La buena fe y el deseo de ayudar deben ser canalizados de manera eficiente y participativa. Las donaciones y los ingresos tienen que depositarse en cuentas bien identificadas y asentadas en los registros contables para que sea inexistente la posibilidad de confusión entre los bienes personales y los de la organización, de manera que se eviten por completo entredichos en el origen y utilización de los recursos obtenidos. Asimismo, el movimiento de los recursos debe hacerse de manera transparente para no incurrir en sanciones fiscales y, lo más importante, debe presentarse un reporte de rentabilidad social corporativo para ir presentándole a la comunidad los avances que se logran con los recursos que otorgan.

Con un modelo eficiente de gobierno corporativo, los organismos reducen el riesgo de incumplir los requisitos legales, que incluyen presentar periódicamente reportes y declaraciones cuya omisión acarrea sanciones y hasta la pérdida del régimen específico, lo cual se ve reflejado, entre otros casos, en que se incremente la afluencia de voluntarios, los cuales, al ser una fortaleza para el organismo, representan, entre otras cosas, el reconocimiento público a la causa que se persigue y a la buena gestión del organismo.

Por todo ello, cuando se trata de ofrecer una rentabilidad social creciente, los organismos no lucrativos deben conducirse con la mayor eficiencia posible, aplicando las mejores prácticas de la administración y desarrollando estrategias innovadoras para generar ingresos que aseguren cumplir las metas, generar autosuficiencia y construir la sostenibilidad a largo plazo.


Germán García-Fabregat es Socio de Impuestos Corporativos de KPMG en México.

 

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Página web: Delineando Estrategias

 

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