Por Diego Echegoyen Rivera*

Nicaragua ya no es la misma. La primavera de abril se acuña en este país centroamericano, donde la represión y las muertes han dado paso a marchas de repudio hacia el Gobierno. Los pensionados, los jóvenes y los campesinos han tomado las calles. La valentía con la que nacieron las primeras marchas del mes de abril ha causado un efecto efervescente para los que se han unido, día con día, para exigir, ya no sólo por las reformas a la Seguridad Social, sino por la justicia ante las muertes de la represión; por la recuperación de la democracia y por la salida del exguerrillero sandinista.

Ha gobernado sin pausa desde 2006. Con el 76% de los votos, las elecciones de 2016 convirtieron a Daniel Ortega y Rosario Murillo en la primera pareja presidencial al uso. Él, presidente; ella, vicepresidenta. Fue un movimiento meditado para institucionalizar una posición que la primera dama ya venía ejerciendo con mano de hierro. Personalidad extravagante y creencias esotéricas aparte, son muchos los simbolismos del omnipresente y omnipotente control de la Primera Pareja durante los 11 años que acumulan en el gobierno. Los “Árboles de la vida” representan, sin duda, el estilo sórdido de ejercer el poder.

Esas estructuras metálicas, más de 125, que han empotrado por toda la ciudad, tienen un costo total de 1.1 millones de dólares, según reportes de medios locales. El debate en la opinión pública sobre el valor estético y el arraigo cultural, así como el elevado costo de construcción y gasto energético, han convertido a las esculturas en uno de los principales símbolos de la distorsionada estatura del orteguismo.

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Un amigo empresario dictaba una sentencia lapidaria hace unos días: “en Nicaragua Ortega te deja hacer negocios, siempre que no te metas en política y en el peor de los casos que no te metas con la oposición”. En gran medida, el éxito económico del gobierno nicaragüense en la época de Ortega, se basa en el consenso y entendimiento con la clase empresarial. Las gremiales privadas han convivido en un matrimonio arreglado con el poder. Esto les ha permitido incrementar su presencia en el mercado y fortalecer el tejido económico sin ser incomodos a la administración Ortega.

No es una mera percepción, el Banco Mundial (BM) preveía, antes de las protestas, que Nicaragua crecerá a una tasa del 4.4%, datos que le colocan como la tercera economía con mayor crecimiento en América Latina y el segundo de Centroamérica. También la CEPAL proyecta un crecimiento del 5% apalancado por la creciente dinámica del sector exportador. Estos números pueden variar bajo la nueva coyuntura, pero nos demuestran la ruta de crecimiento. Si el músculo económico es fuerte, ¿qué falló?

La excesiva confianza puede explicar el derrumbe de la casa de arena sobre la que estaba sustentado el intocable poder. La excesiva confianza en afianzar al sector empresarial como su único interlocutor, por el que permeaba el respaldo de la clase trabajadora; excesiva confianza en el ciego respaldo de los bastiones sandinistas, otrora tanques de oxígeno para la movilizad social y respaldo electoral. Excesiva confianza en que la comunidad internacional no condenaría el salvajismo de las represiones y la inmovilidad oficial para generar consensos. Confiaron en que la ola de democracia, transparencia y gobernabilidad nunca mojaría el bosque nicaragüense.

Los “Árboles de la vida” que permanecen en pie son testigos de los muertos, pero también de la fuerza con la que los nicaragüenses marchan en la primavera de abril que ya se extiende hasta mayo.

Son dos bandos: uno defendiendo el espíritu nacional con el azul y blanco de la bandera y otro grupo que camina obligado bajo el espionaje oficial, presionado con las turbas ideológicas. Uno está legitimado por el pueblo y el otro obligado por la planilla gubernamental. Debería recordar el presidente Ortega que la primavera trae consigo la renovación de las hojas en todos y cada uno de los árboles.

*Consultor en Asuntos Públicos y Comunicación Política. Editor y coautor de diversas publicaciones sobre liderazgo, participación, desarrollo y política.

 

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes México.

 

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