Inversionistas de todo el mundo han mostrado su confianza en Mario Draghi y el BCE, volcándose sobre los bonos soberanos de países que hace meses estaban en problemas ¿Éste es el principio de una nueva crisis?

 

Por Antoine Gara

Mientras los bancos y las bolsas de valores de Atenas cierran para evitar el pánico financiero, inversionistas de todo el mundo venden bonos emitidos por naciones europeas con grandes problemas de deuda, como Italia, Francia y España, motivando un alza en los rendimientos.

Bueno, en realidad no del todo.

A pesar de que los rumores de la salida de Grecia de la Unión Europea adquieren cada vez más fuerza y provocan una caída libre en los mercados europeos, los bonos de gobiernos una vez considerados en riesgo de impago o en necesidad de un rescate del Fondo Monetario Internacional aún negocian con rendimientos positivos cerca o por debajo de los bonos del Tesoro, el activo de refugio universal para los operadores globales. Esos bajos rendimientos, a pesar de los riesgos evidentes, subrayan cuán dramáticamente se han volcado los inversionistas sobre la deuda pública de la UE desde que el director del Banco Central Europeo, Mario Draghi, se comprometió, en julio de 2012, a “hacer lo que sea necesario para preservar al euro”.

Antes de ese compromiso, la deuda española a 10 años pagaba 7.4%, la de Italia pagaba 6.45%, la de Portugal pagaba 10.95%, y la de Francia 2.28%, poniendo a los gobiernos en una posición en que el aumento de los costos de financiamiento de las deudas con vencimiento superarían cualquier posible reforma económica.

Sin embargo, con las garantías de Draghi en la mano, los traders acudieron de nuevo a Europa, poniendo a la unión monetaria en una posición mucho más fuerte. Las naciones periféricas como Irlanda ya están en pleno proceso de recuperación, y los altos funcionarios bancarios y financieros creen que economías como las de España e Italia han tocado fondo y están a punto de iniciar una recuperación posterior a la crisis. El ínfimo crecimiento económico puede ayudar a los gobiernos a reparar sus finanzas a largo plazo.

En 2015, a sus mínimos, la deuda española a 10 años pagaba poco más de 1%, la italiana 1.2%, la francesa 0.34%, y la portuguesa 1.6%. Todos esos rendimientos eran más bajos que el bono comparable del Tesoro estadounidense. En Alemania, el núcleo financiero de la zona euro, los bonos cayeron debajo de 0.1%. Actualmente se mantienen por debajo de 1%.

En retrospectiva, los rendimientos de la deuda española, italiana y portuguesa frente a la de EU son difíciles de justificar. Pero también destacan lo mucho que los inversionistas tienen fe en Draghi y el BCE, con cierto grado de justificación. Después de todo, los comentarios de Draghi se comparan con los de Ben Bernanke durante la crisis, que se comprometió a mantener las tasas de interés a corto plazo en cero hasta que el empleo, la inflación y la actividad económica de EU se recuperaran de la Gran Recesión, una de las medidas más exitosas en la historia reciente.

En el caso de una salida de Grecia de la Unión Europea –Grexit, se le ha denominado– seguramente veremos cuán vinculado está el país al núcleo de Europa.

Los grandes bancos y las corporaciones de la parte continental de Europa han recortado su exposición a Grecia, ya sea a través de la venta de activos, o recortando sus tenencias de bonos y depósitos bancarios. Un puñado de inversionistas de fondos de cobertura que apuestan por una recuperación griega han visto sus apuestas castigadas, causando potenciales amortizaciones y salidas de activos no relacionados, como bonos de alto rendimiento en EU.

Así como una potencial salida griega podría a prueba el tejido de la zona euro, también revivirá la incertidumbre sobre la credibilidad de Draghi de “hacer lo que sea necesario”. Cualquier consecuente aumento en los rendimientos de los bonos soberanos europeos puede tener menos que ver con los vínculos económicos reales entre el núcleo de Europa y Grecia, y en cambio reflejar un rebasamiento de confianza de los inversionistas en el BCE.

¿Podrían los rendimientos españoles, italianos, franceses y alemanes duplicar la deuda? Sí. Y la culpa no será del todo de Grecia.

 

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