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El gobierno de Enrique Peña Nieto redujo el presupuesto del sector salud en su sexenio, al grado que la industria de medicamentos y dispositivos médicos se atrevió a señalar que su gran cliente, las instituciones públicas (como IMSS, ISSSTE y Secretaría de Salud), dejó de comprar las mejores soluciones para los pacientes y optó por alternativas rebasadas, pero más baratas.

Eli Lilly desarrolla y produce medicamentos de patente en las áreas de oncología, diabetes y para el manejo de dolor crónico, entre otros. Pensando en México, su décimo mercado más importante, la farmacéutica estadounidense tiene un as bajo la manga para hacer que el nuevo gobierno no repita la dosis del gobierno de Peña Nieto y compre medicamentos más nuevos.

“Las políticas que restringen la innovación y limitan el uso de los medicamentos son una mala decisión, y alentamos al gobierno a que no considere este tipo de políticas”, dice, en entrevista exclusiva con Forbes México, David A. Ricks, CEO global de la farmacéutica estadounidense.

Las intenciones del nuevo gobierno podrían ser propicias para su plan. En las 12 estrategias establecidas durante su campaña para procurar el acceso equitativo a los servicios de salud en el país, el hoy presidente electo Andrés Manuel López Obrador dijo que se propone instrumentar un sistema nacional único de información sobre abasto de medicamentos e insumos para una disposición oportuna de los mismos, así como mejorar los precios ofertados.

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El próximo mandatario se propone evitar el uso irracional de medicamentos promovido por el mercado y brindar atención con un criterio de equidad, acorde con las necesidades de cada persona. “No es que el gobierno deje de comprar, sino que la intención real es comprar de manera más inteligente y con base en las necesidades específicas de los hospitales del sector salud”, comenta Fausto Ávila, socio de la consultora KPMG en temas de salud. “Entiendo que la estrategia de evitar el uso irracional se refiere a revisar realmente los medicamentos que se requieren en cada uno de los hospitales”.

Hasta ahora, la actuación del gobierno mexicano en materia de salud ha dejado mucho que desear. El gasto de bolsillo de los mexicanos (la compra de medicamentos con recursos del propio paciente o de sus familiares) es uno de los más altos del mundo, al tiempo que el presupuesto de la Secretaría de Salud ha bajado al menos 20% en términos reales en el último sexenio, indica un estudio del Instituto Mexicano para la Competitividad (Imco).

Si no funciona, no lo pagas

En ese contexto, Eli Lilly propone que, para hacer que los medicamentos innovadores estén dentro de las listas de compras del gobierno, habría que implantar en México el modelo de reembolso, con el cual el comprador paga sólo si el tratamiento da resultados en el paciente.

“Por ejemplo, en el área de oncología, el comprador, ya sea el IMSS o el ISSSTE, pagará sólo si el medicamento le funcionó al paciente, si se logró que el tumor se encogiera o que el paciente tuviera una sobrevida de un año”, explica Carlos Baños, director general de Eli Lilly México. “Es pagar por el resultado y no por el consumo del medicamento”.

Para la compañía, el reembolso es la manera de evitar que los nuevos medicamentos sólo lleguen a la población con alto poder adquisitivo. “La investigación es cada vez más cara y, de hecho, beneficia a poblaciones más específicas y selectas. Entonces, una de las cosas que se han empezado a usar son los modelos alternativos de reembolso”, añade Baños.

Dicho esquema es utilizado en algunos países de Europa, así como con algunas compañías aseguradoras en Estados Unidos, y ahora se explora su introducción en México.

Para que el mecanismo funcione, se establecen protocolos sobre cómo debe de llevar su tratamiento el paciente y con qué tipo de medicamento, y los resultados se van midiendo cada cierto tiempo a fin de verificar si tuvo el efecto buscado.

La ventaja es que el gobierno podrá tener mayor precisión y eficacia en el uso de la innovación farmacéutica, generando menos gasto de insumos y dando un mejor manejo de la medicación, dicen en Eli Lilly.

David A. Ricks, CEO de Eli Lilly, será el encargado de llevar a buen puerto la empresa en la nueva etapa que experimentará el sector salud en México. Foto: Angélica Escobar / Forbes México.

“Desde luego que, en todo el mundo, los gobiernos están preocupados por la sostenibilidad de sus sistemas de salud y es algo comprensible, por los cambios demográficos, la globalización y las poblaciones que están envejeciendo; hay que buscar mejores tratamientos”, señala Ricks. “También el crecimiento de las enfermedades no transmisibles y otras representan una carga para el sistema de salud. Es natural que quieran reformar y hacer cambios. Esto está ocurriendo en todas partes; sin embargo, creo que hay algunas elecciones en términos de la dirección, que pueden traducirse en mejores o peores desenlaces”.

Para la compañía, una buena elección es, desde luego, el esquema de reembolso, entre otras cosas porque podría agilizar el camino burocrático que recorren los medicamentos antes de llegar al paciente. Hoy en México, después del lanzamiento de un medicamento innovador, tienen que pasar de dos a cuatro años para que éste pueda ser incorporado en la lista de fármacos que se pueden prescribir a los pacientes de la salud pública.

El reembolso no es lo más barato

Un método de rembolso podría hacer que los medicamentos innovadores llegaran con mayor rapidez al enfermo, dicen especialistas.

“El principal efecto que vemos [del método de reembolso] es para el paciente. Si dejamos de pensar en el medicamento más económico y pensamos en la salud del paciente y en que se verá beneficiado con el mejor tratamiento que hay en el mercado, el modelo puede funcionar”, señala Ávila, de KPMG. “Pero si el enfoque es asumir el menor costo, no será fácilmente aceptable [el esquema de reembolso], porque no necesariamente será el tratamiento menos costoso que hay en el mercado”.

Añade que el reembolso puede ser un buen método y que, incluso, la industria trata de buscar el mayor beneficio para el paciente, con lo cual se evita la compra irracional.

México tiene la prevalencia más alta de diabetes entre los 35 países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), con una afectación de 15.8% entre los adultos. El promedio en la Organización es de 7%.

En lo que se refiere a cáncer, este padecimiento es la tercera causa de muerte en México, con 14 de cada 100 fallecimientos. Los tumores malignos más frecuentes son el cáncer de mama, con 20,000 casos anuales, de próstata y cervicouterino con 14,000, y de colon y pulmón con al menos 8,000 casos, según datos de la Secretaría de Salud.

“El 30% de los diferentes tipos de cáncer que presentan los mexicanos se debe al estilo de vida, como tabaquismo, alcohol, sedentarismo, consumo de alimentos calóricos, bebidas azucaradas y falta de ejercicio”, indicó el director general del Instituto Nacional de Cancerología (INCan), Abelardo Meneses García, citado en un comunicado de la dependencia.

Nueva forma de comprar

A Eli Lilly le tiene sin cuidado que la próxima administración de López Obrador planee centralizar todas las compras de gobierno con la finalidad de evitar corrupción entre el sector público y privado.

Las compras consolidadas las haría la Oficialía Mayor de la Secretaría de Hacienda, y la Subsecretaría de Egresos aprobaría el gasto.

Hoy ya se centralizan las compras en el sector salud, por lo cual los participantes en esta industria no esperan un cambio radical. “Este mecanismo de compra ya se implementó de manera puntual; no hay un cambio sustancial en la mecánica de compra. Lo que esperamos es que aumenten los medicamentos que entren en la compra consolidada”, señala Fausto Ávila, de KPMG. “Hay un porcentaje de compra de medicamentos que no entran, el cual varía año con año; así, pues, la expectativa es que las adjudicaciones directas disminuyan y aumente el volumen de compra consolidada, pero se debe hacer hincapié en que lo que se compre sea lo que se requiere en los hospitales”.

Eli Lilly mantiene un diálogo equilibrado con la Comisión Coordinadora para la Negociación de Precios de Medicamentos e Insumos para la Salud, señala Baños, director general de la compañía en el país.

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Para tener un México más saludable y competitivo se necesitan servicios de salud más inclusivos, eficientes y transparentes: Instituto Mexicano para la Competitividad. Foto: Eli Lilly.

De sus ventas al gobierno, la filial obtiene entre 20% y 25% de sus ingresos, dependiendo del año, sobre todo por abasto de medicamentos contra la diabetes, la osteoporosis y males neuronales.

“Para nosotros no es nueva la compra centralizada; de hecho, los productos que vendemos al gobierno los movemos a través de la Comisión Negociadora de Precios”, agrega Baños. “No será [la negociación de precios con el nuevo gobierno] muy ajeno a lo que tenemos, ni muy preocupante, porque hemos tenido una negociación equilibrada con el gobierno y con dicha Comisión… Siempre hemos estado dispuestos a sentarnos desde la primera ronda de negociaciones”.

El objetivo de la Comisión es negociar el precio de los medicamentos y otros insumos para la salud que forman parte del Cuadro Básico para el primer nivel de atención médica (servicios básicos de salud) y en el Catálogo de Insumos para el segundo nivel (atención a pacientes que necesitan procedimientos y rehabilitación, entre otros) y el tercer nivel (alta especialidad).

El foco de Eli Lilly

Hace 20 años, la principal causa de muerte de los mexicanos eran las enfermedades transmisibles. Hoy, que son las no transmisibles, la farmacéutica estadounidense continúa con su programa, iniciado en 2014, de lanzar alrededor de 20 productos en el mercado nacional hasta 2024, sobre todo para padecimientos como diabetes, oncología, enfermedades autoinmunes y dolor crónico.

Ocho productos ya fueron lanzados: tres relacionados con diabetes, otros tantos con oncología y dos con padecimientos autoinmunes. Y en el pipeline están otros tres o cuatro medicamentos contra enfermedades autoinmunes, la misma cantidad contra el cáncer y tres contra la migraña y para el manejo del dolor crónico.

Los fármacos para tratar la diabetes significan 31% del negocio de Eli Lilly en el mundo, y 40% en Estados Unidos, señala Ricks. En México, los productos para ese padecimiento son alrededor de un tercio del portafolio y crecen a una tasa de 14%.

“Hemos formado alianzas de investigación y desarrollo”, dice el ceo global. En el campo de la diabetes, tenemos varias alianzas, y ha habido dos principales adquisiciones desde que entré como director: una en el campo de la neurociencia y otra en el del cáncer”.

En otro movimiento, hace unos meses (en junio), Eli Lilly concretó la compra de ARMO BioSciences, una empresa de inmunoncología dedicada a tratar el cáncer.

En México, los medicamentos para la diabetes continuarán representando un tercio del negocio de la compañía estadounidense, y en la misma proporción se encuentran las soluciones para oncología y enfermedades autoinmunes (como la artritis reumatoide, psoriasis y artritis psoriásica).

Esa composición podría cambiar en los próximos tres años, pues la empresa espera impulsar el lanzamiento de tratamientos en el manejo de dolor crónico, especialmente la migraña, que podría representar 10% del portafolio en ese lapso (hoy es de 0%).

“México está ubicado como la décima operación más grande para Eli Lilly [en el mundo]. En la Ciudad de México operamos todo el negocio de América Latina. Nuestro equipo, entonces, es responsable del mercado de México directamente y tiene a su cargo la supervisión del resto de Latinoamérica. Esta región es grande, obviamente”, añade Ricks.

Hasta julio pasado, la farmacéutica había incrementado sus ingresos 9%, y 7% su utilidad neta a escala global, impulsada por el lanzamiento de nuevos productos, de acuerdo con el reporte financiero de la compañía.

 

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