Por Sofía Menchú

Centroamérica se perfila como un importante destino para el turismo médico por los precios y las especialidades que ofrece. Ofrece buenos servicios a quienes pueden pagarlos, pero el sistema es cruel con quienes carecen de fondos. La salud en la región es endémica y necesita de vitaminas y hierro para fortalecerse.

Dos ruedas desgastadas y una vieja tarima roja formaban la carreta que el salvadoreño Luis Ángel Borja arrastraba por las calles de Chimaltenango, Guatemala. Él nació en Ahuachapán, El Salvador, pero vive en Guatemala desde hace 26 años. La carreta usualmente era utilizada para recoger las piezas de hierro y cobre, así como las botellas de plástico que conseguía para después venderlas como chatarra.

Su vehículo de trabajo fue usado el 17 de marzo de 2015 para trasladar a su moribunda esposa, Blanca Eluvia Delgado, al hospital de la localidad. Durante su paso capturaron las miradas de los curiosos que se sorprendieron al observar que la enferma era llevada de la forma más rudimentaria, pero tampoco hicieron algo para ayudar.

PUBLICIDAD

Después de cuatro kilómetros desde su casa hasta el centro asistencial llegaron a la emergencia. Ella fue diagnosticada con diabetes mellitus y a los nueve días murió en una camilla del hospital. Ésta es una de las tantas historias que describen el sistema de salud en Guatemala, uno de los seis países de Centroamérica con los peores servicios médicos. ¿Cómo está el resto de la región? Según expertos en el tema, sólo Costa Rica hace la diferencia, los demás tienen más similitudes que diferencias.

 

La salud fragmentada

La prestación de salud es un tema que va de la mano con otros tantos factores como educación, oportunidad de empleo, inversión, infraestructura y administración de recursos. También hay que incluir el papel que juega la corrupción y los negocios políticos que condicionan el desarrollo de los servicios médicos.

El Salvador, Guatemala, Honduras, Nicaragua y Panamá tienen, según estudios consultados y analistas conocedores del tema, las siguientes coincidencias: su sistema de atención está fragmentado con hospitales públicos, seguro social y clínicas privadas. Mientras que Costa Rica es el único país que se distingue con el mejor y más eficiente servicio médico porque en la década de los años 90 decidió centralizar el sistema en la Caja Costarricense de Seguro Social.

El informe Situación de Salud en las Américas, Indicadores Básicos 2015, elaborado por la Organización Panamericana de la Salud (OPS) y por la Organización Mundial de la Salud (OMS) registra con datos las diferencias entre los países del Istmo. El documento recopila registros de 2010-2014 y permite revisar el panorama actual de la región.

La interpretación del documento sitúa a Guatemala como el país con la mayor crisis hospitalaria de la región centroamericana y permite comprobar la brecha que existe con Costa Rica. El resto de Estados vecinos se mantiene, entre sí, con condiciones muy similares en lo que se refiere a estadísticas de mortalidad, morbilidad y capacidad de servicios.

salud_centroamerica1

Guatemala vs Costa Rica

Revisar la realidad guatemalteca demuestra que enfermarse en ese país es más fácil que salir con vida de un hospital. Guatemala es el más grande por extensión territorial en Centroamérica, según el informe de OPS y OMS de 2015 tiene 16.2 millones de habitantes, de los cuales 51.6% vive en el área urbana. El país tiene una media anual de 491,000 nacimientos y reporta al menos 81,000 defunciones. De acuerdo con los indicadores de recursos, acceso y cobertura el sistema de salud, cuenta con 7.5 médicos por cada 10,000 habitantes y 0.6 camillas por cada 1,000.

La red nacional consta de 44 hospitales y está en decadencia en cuanto a infraestructura, tecnología, déficit de personal, carencia de medicinas, especialidades, atención primaria y cobertura en áreas rurales. El gobierno central ha reconocido desde hace tres años que el sistema está colapsado y el nuevo mandatario guatemalteco, Jimmy Morales, analiza decretar un estado de calamidad.

Ludwing Ovalle, exministro de Salud de Guatemala (2009- 2012), explicó que el sistema está corroído por todos lados, pues en el tema de medicinas muchos de los financistas de campañas presidenciales son farmacéuticos. “Por razones como ésta es que cuando se entra en crisis de medicamentos nada puede hacerse porque cambiar a uno de los proveedores sobrepasa la decisión ministerial. Se necesita independencia para el Ministerio porque se prioriza la política a la salud”, indicó.

Guatemala también tiene un Instituto de Seguro Social que es financiado por los trabajadores. Los servicios y las medicinas no tienen costo, pero los patronos descuentan a los empleados un porcentaje mensual para mantener esos centros. Nadie más puede hacer uso de ellos que los afiliados.

Sin embargo, esta institución no se libra de la corrupción y es apetecida por los funcionarios por el botín que representa, más que por mejorar la atención médica. El año pasado, Juan de Dios Rodríguez, expresidente de la junta directiva del Seguro Social, fue detenido y acusado de fraude junto a 16 personas más por favorecer a un proveedor con un contrato millonario.

La Droguería Pisa fue quien ganó la adjudicación para tratar a pacientes renales, pero no contaba con la experiencia para atenderlos. Además del negocio ilícito, 35 afiliados murieron ese año por esa causa. Otros actores importantes que participan en los servicios médicos son la iniciativa privada y las aseguradoras. En esta área existen desde exclusivos y lujosos complejos de clínicas y hospitales hasta centros ubicados en zonas de clase media instalados en las afueras de la ciudad. Su acceso dependerá de los ingresos salariales del usuario.

El mexicano Juan Manuel Castro, coordinador general de la Asociación Latinoamericana de Medicina Social, explicó que la situación en Guatemala es muy similar a la que se vive en Honduras, El Salvador y Nicaragua. “Son sistemas mixtos públicos, privados y con seguro social. La salud no se entiende como un derecho humano porque se segmenta y mercantiliza y los desatendidos son las persona del área rural”, dijo.

El panorama en Costa Rica, como se mencionó al principio, es muy distinto. En 2014, fue incluido por el Huffington Post entre los cinco países con mejores servicios médicos en el mundo. Lo anteceden Francia, Uruguay y Malasia. El informe Perfil de Salud en Costa Rica, elaborado en 2010 por la OPS y OMS, constata que en la década de los 90 se decidió que el Ministerio de Salud se centrara en las funciones de rectoría para lograr el acceso universal y toda la provisión de los servicios de salud se transfirieron a una sola institución: la Caja Costarricense de Seguro Social.

“La Caja se financia de una triple contribución: a base cuotas de los asegurados, de los patronos y del Estado. El Instituto Nacional de Seguros, que administra los seguros de riesgos profesionales y accidentes de tránsito, se financia con las contribuciones de patronos y trabajadores y de pólizas individuales (…)”, reza el estudio.

Los Indicadores Básicos 2015 de la OPS y la OMS señalan que los costarricenses cuentan con 22.8 médicos por cada 10,000 habitantes y su población asciende a 5 millones de personas. Es decir, 69% menos de la cantidad de guatemaltecos. Tiene una media anual de 73,000 nacimientos y 21,000 defunciones.

“En Costa Rica hay más industrialización y políticas de inversión. Hay que entender que los sistemas de salud son inflacionarios y cada vez más caros. El Salvador aprobó el año pasado una recaudación tributaria más progresista y Nicaragua aunque tiene una economía pequeña, posee buena capacidad de recaudación”, comentó Walter Flores, coordinador del Centro de Estudios para la Equidad y Gobernanza en los Sistemas de Salud.

Según los informes de OPS y OMS del año pasado, después de Costa Rica, Honduras ha sido el país de la región que más invierte tanto en el sector público como en el privado.

 

La gran paradoja

El istmo tiene sus contrariedades en lo que a servicios de salud se refiere porque a pesar de sus carencias para atender a sus propios habitantes, Centroamérica está considerada como una ruta de turismo médico. Personas de otras partes del mundo viajan porque se estima que los tratamientos les resultan alrededor de 70% más económicos.

Los empresarios nacionales y extranjeros encuentran tierra fértil para invertir. Guatemala recibió 62.5 millones de dólares en 2015, 18% más de lo que obtuvo por servicios médicos el año anterior. El Salvador estuvo en 25 millones y tuvo un crecimiento del 8%, además de que se inauguraron 30 clínicas. Costa Rica y Panamá rondan entre los 800 millones anuales. En tanto que Nicaragua y Honduras se tecnifican para mantenerse en la jugada.

Los pacientes provienen de Estados Unidos, México, Colombia, Panamá, Italia y Singapur. Las especialidades con más demanda son oncología, oftalmología, odontología, ortopedia, cirugía cosmética, reproducción humana, spa y tratamientos para el bienestar.

En Guatemala la Corporación Banco Industrial y Seguros El Roble presentaron en noviembre del año pasado los centros hospitalarios La Paz, que consta de cinco hospitales, centros de diagnóstico y clínicas de atención ambulatoria para atender a los asegurados. Fernando Coma, gerente de los hospitales, comentó que tienen 15,000 afiliados, mismos que equivalen a unas 40,000 pólizas y que a la fecha han cubierto un promedio de 2,300 emergencias al mes.

“Aquí no hay cultura de seguros, ni en invertir en salud y estamos rezagados en eso. Nosotros vamos a enfocarnos en tres niveles de atención, empezando por la prevención, y abriremos clínicas en departamentos fuera de la ciudad”, dijo Coma.

Palear las enfermedades a través de la iniciativa privada y la adquisición de seguros no es para los expertos entrevistados por Forbes en esta nota la solución ideal para atender a la población y mejorar la calidad del servicio. Tanto Walter Flores como Juan Manuel Castro coinciden en que sólo aquellas personas con salarios mayores al mínimo podrán costearlo. Además, rechazan la utilización de seguros porque consideran que la salud es un derecho humano y las aseguradoras excluyen a quienes tienen enfermedades crónicas o congénitas.

Así, la situación de salud en Centroamérica para los propios habitantes que viven en pobreza o extrema pobreza es desesperanzadora. Ellos están condenados a morir con las precariedades de Blanca Eluvia Delgado, la esposa del chatarrero, quien cuatro meses antes de fallecer estuvo internada 15 días en un hospital de la ciudad de Guatemala.

Delgado murió por falta de tratamiento y por falta de recursos fue trasladada en su carreta, ése fue su último paseo en vida. La responsabilidad de mejorar los servicios médicos y cambiar el panorama es de los gobiernos. Los Estados son los encargados de proveer los nutrientes para recobrar la salud en la región.

 

Siguientes artículos

Expresa Cepal alarma por inestabilidad democrática en Brasil
Por

Detractores de Dilma Rousseff impulsan un juicio político en su contra por acusaciones sobre manipulación de cuentas fis...