Los sistemas tributarios están llamados a cumplir un importante papel ante la previsible ralentización de la economía de América Latina.

 

 

El tema fiscal es una de las principales e históricas asignaturas pendientes que América Latina arrastra desde los tiempos coloniales, y que no fue, en general, bien solucionada ni tras la independencia ni en el siglo XX.

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Los sistemas fiscales en América han experimentado transformaciones muy significativas en los últimos años, entre éstas el aumento de la recaudación gracias al mayor peso de determinados impuestos.

Ya en los años sesenta del siglo pasado, la reforma fiscal y tributaria se alzaba como una de las grandes transformaciones aún por promover para las economías latinoamericanas. Desde los años noventa, los países latinoamericanos persiguen la reducción de sus tradicionales déficits fiscales a través de la movilización de recursos.

Sin embargo, las reformas fiscales ocupan aún el centro de la gestión de los gobiernos latinoamericanos y de las administraciones regionales.

Lo que parece claro es que los ingresos tributarios en América Latina siguen siendo relativamente bajos, lastrados por el propio nivel de desarrollo de los países, por unas administraciones fiscales con escasos medios, por la alta informalidad que disminuye fuertemente la base fiscal y provoca que amplios sectores sociales se encuentren fuera de cualquier tipo de presión fiscal. Esa escasez de los ingresos fiscales tiene consecuencias sociales y económicas sobre los países que padecen una mayor volatilidad macroeconómica y cuyos Estados no cuentan con la capacidad financiera necesaria para impulsar la inversión en capital físico y humano, lo cual, a su vez, expone a los sectores de menores ingresos a una alta inestabilidad por carecer de accesos a mecanismos de protección social eficaces frente a los cambios económicos bruscos.

Mirando hacia el futuro, los sistemas fiscales en América Latina afrontan un triple reto: deben experimentar aún profundos cambios y transformaciones de alcance integral, debe implementarse algún tipo de acuerdo entre el Estado y la ciudadanía de estos países a fin de elevar la presión fiscal y que esta medida cuente con legitimidad política y social , además, los propios sistemas tributarios están llamados a cumplir un importante papel en los próximos años ante la previsible ralentización de la economía regional.

Esta reforma fiscal que América Latina requiere debe ser de carácter integral y no como ha ocurrido hasta el momento, de carácter parcial, meros parches para resolver problemas coyunturales de ausencia de liquidez.

Para contar con más ingresos es necesario también que los países latinoamericanos encuentren otras fuentes de financiación apostando, por ejemplo, por nuevos impuestos como el de la propiedad urbana y rural, así como ampliando la lucha contra el fraude. Esa mayor capacidad recaudatoria debe ir acompañada de un reforzamiento y modernización de las administraciones fiscales que deben gozar de mayor autonomía financiera, técnica y mejores recursos humanos. Para lograr una mayor movilización de ingresos propios, asimismo, es preciso potenciar las capacidades recaudatorias de los gobiernos subnacionales.

 

Resumen del artículo publicado en la revista uno. Puedes leer el artículo completo aquí.

 

 

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