Cuando la comunidad rural quiere vender terrenos y encuentra un comprador, el proceso de urbanización ya inició.

 

 

Imagina la Ciudad de México como un archipiélago de construcción en un enorme mar de campo. Cada año el archipiélago crece porque el mar rural retrocede.

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Para tener un desarrollo urbano controlado es necesario controlar también el crecimiento rural alrededor de las metrópolis, ya que es difícil detener la construcción sobre los campos cuando los propietarios quieren vender. Sin embargo, también es muy difícil construir cuando los propietarios no quieren comercializar sus terrenos, y para muestra el mejor ejemplo es Atenco, Estado de México. Por lo mismo, un campo estable, próspero y seguro alrededor de la ciudad es una condición importante para un desarrollo urbano ordenado. Finalmente, si los agricultores no quieren vender porque les va bien, se genera un mejor freno sobre la urbanización y promueve la redensificación.

Los pueblos en el campo alrededor de las metrópolis pueden tener varias ventajas competitivas, como indican los ejemplos de varios pueblos en el Valle de México.

En sí, muchas ciudades están fundadas históricamente en zonas muy fértiles. El Valle de México, con sus tierras volcánicas y agua abundante, era (y es) excepcionalmente bueno para cultivar, y en tiempos prehispánicos albergaba alrededor de 1.5 millones de habitantes. La fertilidad de las tierras ha sido un factor que favorece la prosperidad relativa del campo alrededor de la Ciudad de México con zonas como Chalco, que era una importante zona lechera. Naturalmente, la gran parte de estas tierras ya ha sido cubierta por la ciudad. Sin embargo, aún hay zonas donde la producción agraria es intensiva y la sociedad rural de los pueblos perdura, como en Milpa Alta y Xochimilco.

La urbanización y la economía rural de estas dos demarcaciones son interesantes ejemplos de relaciones económicas simbióticas con la ciudad.

Los 12 pueblos de Milpa Alta se encuentran a espaldas del volcán Teuhtli, que hace las veces de una barrera geográfica entre Xochimilco y la otra delegación náhuatl. Abajo del cráter las faldas del cerro están cubiertas con añejas terrazas de piedra y filas tras filas de nopales. Productores estiman que alrededor de 80% del nopal cultivado en México viene de la delegación Milpa Alta.

No hay hoteles en Milpa Alta porque los habitantes los consideran fuente de vicio y pueden vetarlos por medio del régimen de las tierras comunales. Dos de sus pueblos, San Pedro Actopan, famoso por sus moles, y San Antonio Tecomitl, ya se están conurbando con Xochimilco y Tláhuac, respectivamente.

Una ventaja competitiva importante para los milpaltenses es que sus campos están a 45 minutos de la Central de Abasto de Iztapalapa, donde se redistribuye gran parte de la producción hortofrutícola de México. Además tienen un mercado de 20 millones de consumidores de nopal literalmente a sus pies.

Xochimilco fue en su día una de las áreas agrarias más productivas del mundo, con sus chinampas de lodo volcánico regadas por el agua del lago y fertilizadas por la abundante flora del mismo; el sistema perfecto de agricultura intensiva sustentable. La delegación sigue siendo importante, sobre todo en la producción de flores. Xochimilco es un sitio patrimonio de la UNESCO. Sus canales se mantienen como un atractivo turístico. Tiene especies endémicas como el axolotl y cuenta con alrededor de 300 distintas especies de pájaros.

Una inesperada característica de Xochimilco es no haber tenido haciendas españolas durante la Colonia. Era tan productivo e importante para el abastecimiento de la Ciudad de México, y los colonizadores comprendieron tan poco cómo funcionaba, que decidieron simplemente dejarlo en paz, según el historiador William Gibbons.

Mas en el momento que se propone cubrir gran parte del patrimonio lacustre del Valle de México con un aeropuerto en Texcoco, la pérdida de la zona de chinampas entre Xochimilco y Tláhuac por la urbanización sería lamentable.

Aunque estas zonas rurales tienen una posición privilegiada en términos de logística y acceso al mercado, han compartido el declive general del campo mexicano. La poca certidumbre económica del trabajo en el campo, la creación de una clase profesionista dentro del pueblo, y la llegada de compradores de terrenos desde la ciudad fomentan la urbanización. Sin embargo, todavía hay fuertes economías rurales.

Otros pueblos en el Valle de México han encontrado nichos para ocupar este millonario mercado. Tultepec, en el Estado de México, que está a punto de ser conurbado con Tultitlán, se ha especializado en los juegos pirotécnicos, y la fiesta del pueblo tiene concursos increíbles de castillos y toritos. En otro rincón del norte del Valle de México, por el volcán Tláhuac, alrededor de la mitad de la población náhuatl de Santa Catarina del Monte, arriba de Texcoco, se dedican a la música profesional, proveyendo bandas delegacionales y militares a la ciudad y en general tocando música popular. En las festividades de Santa Cecilia, patrona de las músicos, en octubre forman una filarmónica y tocan Strauss en el monte.

Esos pueblos en el campo han logrado sobrellevar su situación económica parcialmente especializándose en mercados de nicho dentro del enorme mercado que es la Zona Conurbada del Valle de México. Por otro lado, terrenos baratos en el campo alrededor de la ciudad alientan mucho la urbanización desmedida.

El momento en que la urbanización se vuelve difícil de parar es cuando el vendedor encuentra comprador y se ponen de acuerdo. Si las comunidades rurales quieren vender y encuentran un comprador, el proceso de urbanización ya inició. Por lo mismo se debe considerar cómo encontrar estrategias de éxito para zonas rurales alrededor de los centros metropolitanos.

 

 

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