Transparencia Internacional ubicó a México en el lugar 106 de 177 naciones, lo que lo coloca como uno de los países más corruptos. ¿Falta otro vigilante?

 

 

Por Carlos Carmona y Federico Padilla

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Desde hace casi un año, México cuenta con una Ley Federal de Responsabilidades de los Servidores Públicos, conocida como Ley Anticorrupción, que prevé la creación de un nuevo órgano encargado del combate a la corrupción, que estará a cargo de la prevención, investigación y sanción de las responsabilidades administrativas que deriven de los hechos de corrupción; se pretende lograr una reconstrucción del régimen de responsabilidades de servidores públicos.

Por ley, actualmente cada dependencia debe contar dentro de su estructura con un área responsable de cumplir la función de vigilancia; normalmente se conoce como Órgano Interno de Control. Adicionalmente, se puede llegar a tener un área de Normatividad y Vigilancia en las cabezas de sector y, por si fuera poco, existe la Secretaría de la Función Pública que se creó, entre otros fines, para normar, regular y vigilar la actuación de los servidores públicos en estas materias; entonces, ¿para qué se crea otra figura pública que vigile el trabajo de los funcionarios públicos?

El tema de fondo con la creación de este nuevo organismo y nueva ley, con todo y su reglamento y leyes secundarias, no va a ser de utilidad si no se trabaja inmediatamente en paralelo o de manera independiente en atender el grave problema que genera la corrupción que es la impunidad.

La organización Transparencia Internacional publicó en diciembre de 2013 el Índice de Percepción de la Corrupción 2013 y ubicó a México en el lugar 106 de 177 naciones, lo que lo coloca como uno de los países más corruptos. En este contexto, la nueva dependencia puede contribuir a mejorar la cultura de control y su percepción. Quizá se puede optar por fortalecer las instituciones existentes y en tanto se mejora el tema de disminución, idealmente erradicación de la impunidad, se trabaja en controlar, disminuir y/o eliminar las conductas y/o causas que pueden generar y/o fomentar la impunidad.

Tanto en el sector público como en el privado se debe trabajar en la prevención de conductas que puedan favorecer la comisión de un acto de corrupción. Para ello se debe contar con un marco de control interno, el cual puede ayudar a evitar situaciones que desencadenen en eventos de corrupción, fraude o malversación de fondos. Contar con un ambiente avalado por un tercero independiente, como puede ser PwC, proveerá de un mayor grado de confiabilidad y certeza de las transacciones del organismo en cuestión.

La experiencia de PwC en la definición, implementación y evaluación de marcos de control provee los elementos necesarios a efecto de contar con la seguridad razonable de su funcionamiento. Con base en la utilización de referencias de buenas prácticas internacionales y nacionales se diseñan todos los controles necesarios para mitigar los riesgos a los que se enfrentan las organizaciones.

El objetivo de estos trabajos es apoyar a la organización en el desarrollo de controles que proporcionen una seguridad razonable en cuanto a la consecución de los objetivos de la entidad y establecer modelos de gestión que abarquen los requerimientos internos de la organización relacionados con sus normas internas.

Las actividades de control forman una parte esencial del proceso mediante el cual una organización se encamina a lograr sus objetivos, y a prevenir la pérdida de recursos; no son un fin en sí mismas, sirven como mecanismos para procurar el cumplimiento del objetivo. En este sentido, el control es un elemento integrado en el proceso de gestión, diseñado para mitigar los riesgos. Así mismo busca proveer una seguridad razonable en cuanto a la generación de información financiera y también puede reforzar la confianza en que la organización cumple con las leyes y normas aplicables, evitando efectos perjudiciales para su reputación y otras consecuencias.

La última etapa de este tipo de proyectos consiste en supervisar los sistemas de control interno previamente implantados, evaluando la calidad de su rendimiento. Este seguimiento tomará la forma de actividades de supervisión continua, evaluaciones periódicas o una combinación de ambos por medio de un Modelo de Sustentabilidad de Control Interno que nos habla de la definición de responsabilidades y procedimientos del personal que llevará a cabo la auto-valuación y monitoreo de sus actividades y controles para un correcto funcionamiento.

El marco de control interno desarrollado a la medida, pero basado en los principios establecidos por la normatividad gubernamental vigente (sin importar el número de integrantes de la organización así como el número y monto de las operaciones) puede ayudar a cerrar llaves a fin de que estas fugas de recursos, faltas administrativas, incumplimientos a responsabilidades disciplinarias, entre otros, se presenten en menor medida. Asimismo, la información que se proporciona debe elevar su grado de confiabilidad y valor para los órganos anticorrupción federales; este marco invita directa e indirectamente a los participantes de la organización a una cultura anticorrupción vivencial y cotidiana.

PwC, motivado por su interés en formar parte de las diferentes iniciativas prioritarias del Gobierno Federal, ha participado en diferentes foros a nivel internacional y nacional en los que la temática principal ha sido la transparencia, el Gobierno Abierto, la Ley Anticorrupción y cómo estos elementos nos pueden apoyar para evitar eventos que dañan el patrimonio de todos los mexicanos.

 

Carlos Carmona es Director de Consultoría en PwC México ([email protected])
Federico Padilla es Gerente de Consultoría en PwC ([email protected])

 

 

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