En nuestra época es común que grandes empresas presenten sus valores de forma espectacular en su publicidad y, a pesar de ello, aparezcan casos que muestran que esa filosofía no se pone en práctica: automotrices que mienten sobre sus niveles de contaminantes; embotelladoras que ofrecen la felicidad, pero no respetan los derechos laborales de sus trabajadores; empresas telefónicas que incumplen sus promesas; todo ello es el pan de cada día. Podría pensarse, entonces, que establecer los valores en una empresa termina siendo intrascendente.

Para reconsiderar esa forma de entender los valores, me gustaría que consideráramos la siguiente historia: se cuenta que un príncipe muy joven esperaba con ansia su décimo cumpleaños. Era tradición que cuando el príncipe cumpliera esa edad, su padre le revelaría el secreto de su dinastía. El Salón del Legado era un lugar que sólo se abría en esa ocasión tan importante. Llegó el día y el príncipe estaba lleno de emoción y curiosidad. Cuando se abrió la cerradura, el jovencito se sorprendió al ver en aquel salón únicamente un enorme espejo. El rey, entonces, le habló cariñosamente: “Hijo mío, muchos piensan que el poder de nuestro reino se basa en la estrategia de nuestro ejército o en nuestro poder económico”. El joven respondió: “Padre, ¿entonces cuál es el secreto?” El rey agregó: “El secreto es conocer cada aspecto tuyo: tus fortalezas y debilidades, lo que quieres lograr como rey, lo que sabes y lo que falta por aprender. En este espejo te reflejarás y buscarás tu camino. Cada rey ha sido diferente, yo no goberné como lo hizo tu abuelo y tú debes hacerlo a tu manera”. Esas palabras quedaron por siempre en el corazón del príncipe y la prosperidad de ese reino duró por muchas generaciones que preservaron aquel legado tan especial.  

Al igual que en el relato, cada empresa familiar debe “mirarse al espejo” para conocer qué la hace única y hallar reflejada la identidad de la empresa, definida por sus valores y cultura. ¿Qué debe hacer un líder para evitar que los valores queden como letra muerta?

Construyendo una cultura empresarial

Es bien sabido que las empresas familiares fundan parte de su éxito en la continuidad de su legado y en el trabajo a largo plazo. Para hacer esto realidad, los valores son trascendentales.  Si una organización es capaz de identificar los valores que la distinguen, podrá establecer sus prioridades, definir un camino propio. Eso es una cultura empresarial: encontrar lo que hace única a la organización y mostrarlo orgullosamente.

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Los valores en el día a día

Lorenzo Servitje, fundador de Bimbo, decía que “una empresa será lo que es su gente, y su gente será lo que su jefe es”. Los valores de una empresa guían el comportamiento de un líder, quien, a su vez, será el ejemplo a seguir entre sus colaboradores. De acuerdo con un análisis de la Universidad de Columbia, en una empresa que cuenta con una cultura bien definida, el 86.1 % de sus empleados se siente comprometido con la organización, dato que contrasta con el 51.6 % de compromiso en empresas sin esa identidad definida.

Poner en práctica los valores requiere un proceso. Un primer paso es conversar con la familia sobre la definición de la empresa (echar un ojo a los valores más comunes en empresas familiares puede ser útil). Igualmente, será necesario comunicar con claridad, con el ejemplo y orgullo los valores elegidos, así como medir su desempeño y considerarlos parte integral en el día a día.

Un líder que quiera preservar su legado debe conseguir que, a través de la práctica de sus valores, clientes, proveedores y colaboradores identifiquen la forma de ser de su organización. 

Mantener y vivir los valores de la empresa familiar no solo aporta beneficios al entorno y la sociedad en la que se encuentra operando. También puede ser (y suele ser) tremendamente positivo para las propias empresas y familia propietaria, que ven cómo su imagen mejora considerablemente. Además, cuando hacemos las cosas bien los beneficios no tardan en llegar y no en el aspecto económico.

Los valores de la empresa familiar son claros y deben ser comunicados y vividos en el día a día, para convencer a las nuevas generaciones de las ventajas de unirse a un proyecto empresarial claramente enriquecedor. 

¿Crees que los valores de la empresa familiar están aún vigentes, y es más, que es más importantes que nunca vivirlos?

Quizá es conveniente añadir nuevos valores o modificar y actualizar alguno de ellos o sus definiciones.

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