La edad, la educación, la razón y el género son de los tantos factores que nos hacen vivir de una manera muy particular en la sociedad de la información.

 

En este espacio hemos analizado los paradigmas que trajo consigo la era digital; el nuevo rol de la tecnología en la empresa, el consumo y la nueva economía. Hemos apelado al uso de la razón y el sentido común para darle un lugar justo en nuestras vidas. Revisemos ahora el impacto de la tecnología desde una perspectiva social. ¿Hemos cambiado como individuos? ¿Nuestro entorno social se ha modificado?

Nuestro sentido humano y social se vio trastocado conforme los avances tecnológicos sucedieron. La globalización, de la mano con el auge de internet, nos abrieron los ojos a un mundo online aunque nos lo cerraron para el mundo offline.

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Las relaciones personales cambiaron drásticamente; ahora son mediadas por tecnologías más sofisticadas. El medio antes era teléfono; ahora es un aparato celular, computadora o tableta, que permite hacer lo inimaginable. Una barrera más se impuso para comunicarnos, pero al mismo tiempo se abrió una ventana de expresión y conocimiento. La era digital abrió un mundo de posibilidades en la comunicación, ya no sólo es la voz, también es la imagen, el texto, el hipertexto y el ícono.

El hombre ha resignificado su vida a partir de los avances tecnológicos; un mundo de información a nuestra merced provocó todo un acontecimiento: la revolución tecnológica. Este mundo, que cada segundo se multiplica con redes de conexión, personas, datos e incluso falsas identidades, es el resultado.

Conocemos ya el trasfondo teórico de la sociedad de la información. ¿Cuál es el trasfondo práctico?

 

El lenguaje de la world wide web

La Real Academia Española (RAE) discute a diario cómo adoptar conceptos propios de la era digital. Muchos de ellos, anglicismos aún, terminarán siendo parte del lenguaje. Más allá de lo que diga la máxima autoridad de la lengua, la realidad es que hemos modificado nuestra comunicación según lo marcan internet, la moda y las tendencias en dicha red. Aquí unos ejemplo:

El texto: Utilizamos abreviaturas, iconos o escribimos en 140 caracteres. Anteponemos a nuestra comunicación (verbal y no verbal) el #hashtag (signo para etiquetar un tema).

La voz: La última función del teléfono celular es hablar; lo importante ahora son las aplicaciones tipo chat y las redes sociales. La comunicación personal, aun sin barreras geográficas, disminuye cada vez más. La expresión ya no es “te llamo”; es “te whatsappeo”. Comunicarse por la red también implica verse; la expresión es “conectarse”.

La imagen: En cualquier situación mediática y en convenciones sociales, los memes están a la orden del día. Nadie se salva de aparecer en esta serie de imágenes virales –memetizadas– con nuestra sociedad. Los videos en la red dominan: la expresión ya no es “un video”; es “un vine”.

El ícono: ¿A quién no le encantan los emoticones? Su alcance ha llegado a incluir todas las condiciones raciales. No olvidemos el ícono de mayor importancia y sinónimo de aceptación, admiración, gusto o socialización: el like. Un dedo levantado puede significar todo para los millennials (y otras generaciones también). La popularidad se mide bajo estos parámetros. La expresión es “likear”.

El estado: Conectado, en línea, última hora de conexión, la famosa doble palomita del WhatsApp, son calificados como “estados” en las diversas redes. Antes no se gritaba a los cuatro vientos el estado de ánimo de uno; hoy no sólo se divulga, sino que incluso son estados prefabricados: de las siguientes opciones e iconografía escoge cómo te sientes hoy y comunícalo a tus “amigos”.

El hipertexto: Toda la posibilidad que nos ofrece la red para navegar “de texto en texto” o “enlazar información” es un hipertexto. Cada “link” es un texto potencial, una vía de mejorar o ampliar la información y, en el mejor de los casos, aportar conocimiento.

La tecnología le ha restado un sentido humano a nuestras relaciones. La forma de comunicarnos, de socializar, de buscar trabajo o relacionarnos en éste, ha cambiado. El sentido individual que le damos a la tecnología trastoca nuestro sentido en la sociedad y paulatinamente nos conecta en mayor o menor proporción. La edad, la educación, la razón y el género son de los tantos factores que nos hacen vivir de una manera muy particular en la sociedad de la información.

La tecnología no eliminó nada; lo facilitó. La tecnología funge como un mediador; jamás descartó los medios existentes.

 

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