Sociedad, empresa, gobierno, consumo y educación, los principales ejes que deben marcar la pauta en el cambio tecnológico. ¡Es hora de romper paradigmas!

 

¿Tecnología en la ropa? ¿Mi mamá tiene Facebook? ¿La web en la TV? ¿Geolocalización? ¿Puedo pagar con mi celular? ¿Realidad aumentada? ¿Llamadas por Internet? ¿Ya vamos en el iPhone 6? ¿Enciclopedia colaborativa? Los cuestionamientos no se detienen ni se detendrán. Los adultos mayores siguen sin concebir la respuesta afirmativa a estas preguntas; muchos niños nacieron a la par de estos inventos, y esto no les impresiona; otros los han adoptado rápidamente. Los jóvenes se han adaptado, pero para los adultos han sido cambios tan drásticos que aún no se explican el porqué ya no suena el teléfono de casa.

Quebraron negocios y nacieron otros; industrias completas no previeron la velocidad de la innovación y su negocio pasó a ser obsoleto. Se vieron obligadas a romper paradigmas; no todas lo lograron: música, video, fotografía e incluso software. Los considerados gigantes tecnológicos hoy tratan de reaccionar ante la sombra de la innovación de las llamadas startups, convertidas en fuertes competidores que ofrecen nuevos modelos de negocio a partir del Internet. Empresas de otros rubros, el gobierno y la academia también han tenido que reaccionar. No es de asombrar que el ranking de las empresas más poderosas del mundo esté liderado por la industria tecnológica.

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Tecnología: protagonista del siglo XXI

El siglo XXI se ha caracterizado por avanzar a pasos agigantados. Si comparamos el tiempo transcurrido entre un invento y otro de los siglos pasados contra el actual, los datos son impresionantes. Pasaron 108 años del invento del teléfono (1876) al del teléfono celular (1984). El smartphone nació en este siglo (2007), y a ocho años de su invención, su evolución ha sido dramática en cuanto a funcionalidades, tamaño, conectividad y diseño. La base principal de un smartphone es la posibilidad de estar conectado en todo lugar y todo momento gracias al poder de Internet. Para el auge de esta red tuvieron que pasar tan sólo 35 años aproximadamente (desde investigaciones formales) para su anuncio público en 1991: la aparición de la world wide web. A partir de entonces los avances de dan año con año.

La generación X y los propios baby boomers se asombran de la habilidad de los niños para usar la tecnología touch y que los millennials estén pegados al celular obsesionados con un juego de caramelos. Para ellos, el cubo de Rubik significó su reto principal que, por cierto, era finito. Los que llegaron a tener celular en los años ochenta cargaban un aparato de casi un kilo; hoy pesan menos de 200 gramos. Las cámaras de video fueron el gadget del momento y con éstas documentaron la infancia de sus hijos, los milliennials, a quienes les basta un solo aparato para grabar cualquier evento, escuchar música, comunicarse y navegar en Internet.

El mundo se encuentra en constante reinvención desde que la tecnología se convirtió en parte fundamental de nuestras vidas. Es hora de romper paradigmas en todos los ámbitos: sociedad, empresas, gobierno, consumo y educación son algunos de los principales ejes que tienen que marcar la pauta para el cambio tecnológico.

En el caso de las empresas, su funcionamiento es diferente: están conectadas y sus estructuras deben evolucionar; el gobierno tiene que implementar su agenda digital, no se puede quedar en papel y no se puede escatimar en recursos. El consumo ha cambiado en todas sus esferas; debemos evolucionar con el consumidor y aceptar que Internet es el presente y no el futuro. Finalmente, la educación es, sin duda, la base para dar esos pasos agigantados a la par de la innovación.

Difícil pronosticar qué nos depara el universo tecnológico cuando éste avanza segundo a segundo; más allá de las predicciones de analistas y empresas del ramo, habría que preguntarse sobre el trasfondo de dichos avances y cómo los ámbitos antes mencionados –sociedad, empresas, gobierno, consumo y educación– responderán ante el cambio tecnológico que ya es una realidad. Cambios que marcan la diferencia y en un futuro no muy lejano pueden ser un factor definitivo del devenir de la humanidad. Analizaremos cada aspecto en próximos encuentros en este espacio.

 

 

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