En las nueve primeras semanas de 2018, 130 mujeres murieron en México por padecimientos asociados al embarazo, parto o posparto. Con 14 defunciones, Chiapas es el estado que más incidencia reporta, según el Observatorio de Mortalidad Materna en México.

Parte de estas muertes podría haberse evitado con una atención adecuada, pues la saturación, ineficacia e incompetencia de los servicios médicos están estrechamente ligados a la mortalidad materna en el país.

Ante esta realidad, la figura de las parteras adquiere protagonismo. En especial, en las comunidades indígenas, donde la dificultad para acceder a servicios sanitarios convierte la partería en la única asistencia para dar a luz.

En Durango, se capacitaron a más de 400 parteras tradicionales y se las dotó de material médico. El resultado fue una tasa de mortandad por embarazo o posparto de cero en 2014, según informó el Instituto Nacional de Salud Pública (INSP), de la Secretaría de Salud.

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“En Chiapas hay pocos hospitales y mucha gente, siempre están muy llenos. Las comunidades están dispersas, a muchas mujeres les resulta muy difícil y muy caro acudir a centros de salud. Además, hay una enorme discriminación contra las mujeres indígenas. Esto hace que a muchas no las atiendan”, explica la coordinadora del Programa Interculturalidad y Asuntos Indígenas de la Universidad Iberoamericana, Eugenia Legorreta.

La saturación de los servicios médicos públicos ya ha sido alertada por el INSP como causante de mortalidad materna. En 2017,  la mayoría de los partos (96%) ocurrieron en hospitales de segundo nivel, de acuerdo con el estudio “La Partería en México”, elaborado por la organización Management Sciences for Health (MSH).

Esta presión sobre los servicios médicos ha llevado a un exceso de medicalización del parto, según apunta este informe. Una evidencia es que México ocupa el cuarto lugar en el mundo en tasa de cesáreas y el segundo en América Latina.

 

Parteras profesionales

En 2016, el INSP lanzó el “Proyecto Marco: Modelo Integral de Partería” para reconocer e incorporar a las parteras profesionales en el sistema de salud pública, esto, en respuesta a la necesidad de descongestionar los centros de salud pública y promover métodos de asistencia relacionados con medicina tradicional.

Mujeres de las comunidades indígenas de Tenejapa. Foto: Cortesía Ibero.

Sin embargo, los números de mortalidad materna de 2018 demuestran que estas iniciativas públicas son aún insuficientes para reducir las tasas de mortalidad materna, según datos del Observatorio de Mortalidad Materna.

Por esto, la red de parteras chiapaneca Un Solo Corazón, junto con la Fundación Mesoamérica Profunda, solicitó la colaboración de la Universidad Iberoamericana para la construcción de casas de partería en las comunidades indígenas Kokil, Kotolté, Chacomá y el Retiro, todas en el municipio de Tenejapa, en Chiapas.

“En las comunidades indígenas de Chiapas, las casas son de dos cuartitos — la cocina y el cuarto donde duerme la familia. Al no haber un lugar específico para dar a luz, tiene que hacerse en casa de las madres o en las casas de las parteras”, explica Legorreta. Esta situación dificulta que las mujeres puedan dar a luz en condiciones de higiene adecuadas, según ella.

En 2017 se impulsó el proyecto “Casas de parteras”, mediante el cual los estudiantes de arquitectura de la Ibero diseñaron tres casas de parto en colaboración con las parteras de Tenejapa. El objetivo era que las construcciones respondieran a las necesidades de cada comunidad y que tuviesen impacto regenerativo.

Estudiantes de arquitectura de la universidad construyendo las casas de parteras en Tenejapa. Foto: Cortesía Ibero.

Además de mantener los niveles de salubridad, las casas de parto proporcionan un espacio en donde se genera “mucha confianza: las mujeres pueden hablar de sus asuntos, unir o fortalecer sus vínculos sociales”, comenta Legorreta.

Esto convierte a las parteras en las únicas asistentes técnicas y consejeras del embarazo y el parto que existen en estas comunidades: “es una alternativa que va de acuerdo con la cultura”, añade la académica.

 

En busca de ayuda

Mientras las parteras se involucran estrechamente con las mujeres embarazadas, los servicios de salud convencionales muestran una falta de comprensión acerca de cómo se concibe la salud y la enfermedad en las comunidades.

“Desde diferentes ámbitos se han expresado quejas y frustraciones por la manera en la que se ofrece la atención médica, por el trato recibido de parte del personal de los servicios de salud, calificándolo como falto de sensibilidad, respeto y discriminatorio”, explica el informe “Encuentros del enriquecimiento mutuo entre personal de salud y parteras tradicionales” de la Dirección de Medicina Tradicional y Desarrollo Intercultural (Secretaría de Salud).

Esto, junto con la imposibilidad de acceso a un centro sanitario, explicaría que el 75% de las mujeres en Chiapas prefirieran la atención con parteras o en su casa con un familiar, aun cuando la mayoría contaban con Seguro Popular, según una encuesta de opinión realizada en 2016 por el Comité Promotor por una Maternidad Voluntaria y Segura en Chiapas.

La asistencia de las parteras de la misma comunidad indígena que las mamás borra estas barreras culturales.

Las iniciativas públicas se dirigen principalmente a legitimar y capacitar las parteras, y a promover la partería profesional. Sin embargo, en las comunidades indígenas, en donde los conocimientos ancestrales se transmiten oralmente de generación en generación, abundan las parteras tradicionales rurales.

En Tenejapa, las parteras “son mujeres con sus familias y labores, a quienes sus madres les enseñaron de partería y plantas medicinales, que siempre van de la mano. Ellas se dedican a sus actividades y, cuando es necesario, ejercen de parteras”, explica Legorreta. De hecho, en Tenejapa no solamente las mujeres se dedican a labores de partería, sino que la red de parteras de Chiapas cuenta también con un partero.

Actualmente están construidas cuatro casas de parteras en Tenejapa, tres de las cuales se erigieron en verano de 2017 con la colaboración de la Ibero. Sin embargo, las parteras de las cuatro comunidades beneficiarias aún no han podido utilizarlas. Más de 40,000 pesos en acabados necesarios para garantir unas mínimas condiciones de higiene las separan de este fin, explica Legorreta.

La Ibero lanzó una campaña de crowdfunding para recaudar fondos para terminar la construcción de las casas. El objetivo es recaudar 90,000 pesos. Por el momento, ya han conseguido el 44% de los fondos.

El apoyo y promoción de la partería tradicional desafía convenciones. No solamente es un paso para reconocer una medicina alternativa a la clínica. Supone también admitir que existen fuentes de conocimiento diferentes al académico, racional y empírico, como es el ancestral. Y es, en definitiva, un viaje de vuelta a nuestras raíces indígenas.

 

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