Jesús Canahuati es uno de los empresarios más reconocidos de Centroamérica por su emporio textil Elcatex, conglomerado que maquila y confecciona ropa en Honduras de la mano de marcas globales como Nike y Adidas.

La mayoría de prendas que fabrican sus 6,000 empleados, en el municipio de Choloma, Honduras se exporta al mercado estadounidense.

El empresario hondureño fue uno de los que en los años noventas encabezaron por parte de la región las negociaciones con Estados Unidos del acuerdo comercial el Tratado de Libre Comercio entre República Dominicana, Centroamérica y Estados Unidos (RD-CAFTA).

Aún tiene vivo el recuerdo de cómo gracias a unos cuantos votos el Congreso estadounidense aprobó ese tratado.

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Canahuati cree que la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca no arriesgará la relación con su principal cliente si se le hace ver a la nueva administración que RD-CAFTA, por sus siglas en inglés) ha beneficiado a la economía estadounidense.

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“Honduras es un gran socio de Estados Unidos. Compramos 43% de la hilaza que produce ese país. No rd-cafta, tan sólo Honduras. Esto se traduce en empleos en ese país, que es lo que quiere cuidar Trump”, comenta Canahuati desde sus oficinas en Choloma, donde se concentran muchas maquiladoras estadounidenses.

Centroamérica ha estado fuera de la agenda de Trump, al menos la que ha dado a conocer en conferencias y redes sociales, pero la idea de renegociar o retirarse del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (NAFTA) y renunciar al Trans-Pacífico (TPP) deja ver que darse un giro en la política comercial hacia una posición proteccionista.

“Es una señal contraria a las dinámicas que hemos estado acostumbrados a trabajar y que hemos promovido”, opina Alexander Mora, ministro de Comercio Exterior de Costa Rica.

Mora considera que la posición del presidente electo de Estados Unidos es respetable porque refleja demandas insatisfechas sobre la política comercial de un segmento de la población de Estados Unidos, pero es negativa porque no busca una mejora en materia comercial y ocurre bajo un discurso de confrontación.

Para Mora, no sería inteligente “sacar la cabeza” en un tema que aún no está puesto sobre la mesa. “El NAFTA y el RD-CAFTA son casos diferentes. Nosotros (Costa Rica) no vamos a adelantarnos de ninguna manera.”

En Guatemala, Roberto Ardón, director del Comité Coordinador de Asociaciones Agrícolas Comerciales Industriales y Financieras (CACIF), que reúne a 50,000 empresas, prefiere no especular. Afirma que su sector reaccionará hasta que el presidente electo termine de formar su equipo.

Recuerda que el diálogo de la región con Estados Unidos se basa en tres temas comunes e interrelacionados: migración, seguridad y comercio.

“A medida que crezca el intercambio, comercial se van a beneficiar los otros dos temas. Con el RD-CAFTA se han beneficiado todos (los socios)”, afirma Ardón.

El RD-CAFTA entró en vigor por parte de Estados Unidos, Guatemala, El Salvador, Honduras, Nicaragua República Dominicana en 2005, siendo el Congreso salvadoreño el primero en ratificar el documento cuyo proceso formal de negociación había iniciado dos años antes.

En el caso de Costa Rica, el proceso pasó por una consulta popular (2007) porque implicó la ruptura del monopolio en los mercados de seguros y telecomunicaciones y dos años de discusión legislativa para la aprobación de las leyes de implementación. El tratado entró en vigor hasta el 1 de enero de 2009.

*Puedes consultar el reportaje completo “Perspectivas Trump”, en el número de enero de Forbes Centroamérica.

 

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