Complicación de movimientos y sencillez en los negocios, Patek Philippe es una empresa familiar con una estrategia que va dirigida hacia la pasión y el conocimiento relojero.

 

 Por Iván Iglesias 

 

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Thierry Stern, CEO y miembro del comité de dirección de Patek Philippe, hijo de Philippe Stern, presidente honorario de Patek Philippe, es el motor que da marcha a todo Patek, una de las casas relojeras suizas con mayor prestigio y antigüedad en el mundo.

Para Stern, y “al contrario de lo que muchas marcas nuevas piensan”, el desarrollo mundial de la alta relojería no se dará gracias a ocurrencias vistosas ni a grandes volúmenes de producción en piezas relojeras (al más puro estilo chino), sino gracias a la preservación de los valores de marca, la exclusividad de cada pieza y al conocimiento imperecedero que conlleva el poseer una pieza que debe durar más de 100 años en su vida útil. “No se trata solamente de vender [relojes] en términos de cantidad, sino de conocimiento. Siempre he intentado que nuestros compradores se rijan más por este factor. Cuando ellos compran un Patek, en realidad están adquiriendo todo el know-how relojero que le hemos impuesto a la pieza.”.

Cuando le preguntamos sobre el papel de México en la alta relojería, nos respondió: “Bueno, en México los consumidores poseen este conocimiento del que hablo y esta pasión relojera, por ello es importante para nosotros. En realidad, no es nuestra plaza más grande pero puedo afirmar que no se trata de aumentar el tamaño de nuestro mercado, pues cada año solamente producimos 55,000 relojes. Al contrario, nuestra estrategia va dirigida hacia la pasión y el conocimiento relojero. Creo que la alta relojería crecerá en México, pero necesitamos estar aquí y permanecer listos”.

 

Un futuro con mucho pasado

Ante los vaivenes por los que pasó la industria relojera en la parte final del siglo xx (la entrada del cuarzo, la revaloración de piezas manufacturadas artesanalmente, la implementación de materiales sintéticos…), hoy Patek Philippe busca avanzar hacia el futuro pero sin perder de vista sus valores. El clan Stern no busca hacer locuras con su manufactura, sino seguir posicionándose como una casa que marque el paso a todas las otras relojeras.

“No hacemos locuras, sino mejoras. Los nuevos relojeros quieren emocionar con cosas locas, pero en este tipo de negocios no debes intentar la innovación en todo. Si algo funciona, sólo buscamos que funcione mejor”. Así lo vislumbra Stern y nos suelta otra máxima filosófica al afirmar que el futuro es el mismo que ha existido siempre: la exactitud. “[Buscamos fabricar] nuevos movimientos más exactos”.

Gracias a esta seguridad en su estrategia empresarial, Patek tiene pocos detractores en el mundo. Es como escuchar a un viejo sabio. “No tenemos ninguna queja en términos de innovación y diseño. Cuando la gente ve un nuevo movimiento de Patek, lo que en realidad espera observar es su exactitud, y quieres que su exactitud dure más de 100 años, no 30 como ocurre con otras marcas”.

Patek es una marca familiar que quiere preservar una reputación que ya abarca varias generaciones. Recientemente, Thierry Stern afirmó a la publicación Europa Star: “El servicio postventa es capital a nuestros ojos. En la actualidad, casi todas las marcas sólo reparan relojes que tienen menos de 30 años. Consideramos que esta política es inaceptable, por lo que tenemos la capacidad de reparar todos nuestros modelos, con independencia del momento en que se hicieron. Eso también explica los precios muy altos que nuestros relojes alcanzan en subasta”.

 

Su estrategia de negocios

Hace casi un año, Stern hizo la siguiente declaración durante la inauguración de la Maison Patek Philippe en Shanghái: “En la industria del lujo en China, especialmente para los relojes, hay un enorme número de quejas por tres razones. La primera es que en las marcas no se presta atención suficiente al servicio postventa. La segunda razón es que se necesita mucho tiempo para reparar un reloj y los clientes chinos generalmente no tienen paciencia. En cuanto a la tercera razón, ésta se relaciona directamente con la industria de la relojería, que sufre de una falta de relojeros calificados. Ésta es la razón por la que Patek Philippe decidió crear dos centros de servicio postventa, en Shanghái y en Pekín. Representa una inversión colosal, pero necesaria”.

Éstos no son esfuerzos aislados, sino parte de una estrategia global. La visión de Stern no es dormirse en sus laureles, “ni poner todos los huevos en una sola canasta. Hoy la industria de la alta relojería tiene que trabajar más debido a la presencia del mercado chino. La diferencia para mí es que, como parte de una empresa familiar, mi visión es a 50 años. Pero a muchas marcas esto no les importa, y su visión es a seis meses”.

Thierry Stern afirma que el mercado chino tiene un sabor agridulce, pues, por un lado, “los negocios van bien gracias a los chinos”. Con un volumen de desplazamiento de producto de 30-40% anual las cosas no van mal, pero no es la meta que persigue esta empresa familiar que no cuenta con ningún tipo de consejo accionista y donde todas las decisiones se toman “en cosa de minutos”. La marca no busca los grandes volúmenes, “no se trata de dinero” sino de fomentar el valor relojero, la perdurabilidad de la pieza en cuestión y la filosofía de familia impresa en cada nuevo reloj. Un ejemplo de ello son el número de nuevas piezas expuestas cada año: solamente 20 nuevos modelos y dos innovaciones técnicas (movimientos). “Prefiero enfocarme en Europa; es el mercado más importante”, remarca Thierry Stern.

La empresa empezó en 1839 cuando Antoine Norbert de Patek emigró a Suiza y estableció en Ginebra un pequeño establecimiento dedicado a la fabricación de relojes de bolsillo. Desde entonces, todo se reduce a la preservación de valores familiares y su aplicación a los relojes que manufacturan. “Cuando otros mueran, nada quedará, pero cuando yo muera, las piezas Patek permanecerán”, dice Thierry Stern.

Así, el mensaje final del CEO de Patek Philippe es que su ritmo avanza con calma, con índices de crecimiento moderados y contenidos: desean crecer 2% por año; “de mantenerlo, me sentiría feliz”. Son tiempos de estabilización en todos los sentidos.

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