Para Krusty.

“El muro es alto, el granero negro. El bebé en mis brazos con sus pañales. Y sé que muy pronto que el cielo se partirá en dos.”

Kimberly, del disco Horses.

El 10 de mayo de 2013, Patti Smith subió al escenario del Plaza Condesa, ataviada con sus reconocibles botas desgastadas de minero, con las agujetas desatadas, un pantalón de mezclilla raído y su habitual gabardina, que hace juego perfecto con su aspecto desaliñado, sus dientes descuidados y sus facciones graves. Las luces se apagan y Patti recita un poema para la ocasión, palabras bellas en torno a la figura materna. Se trata de una de las canciones de su primer disco Horses de 1974,”Kimberly”, nombre de una de sus hermanas.

No deja de resultar curioso que esa mujer frágil, que canta con tal dulzura sea conocida en los medios como “La madrina del punk”, figura ineludible del rock de los setenta y férrea crítica de las instituciones. Patti Smith (Chicago, 1946) creció en el seno de una familia a la que agradece con frecuencia la educación católica que le fue brindada. En su libro biográfico, Just Kids (2010) Smith dice: “Mi madre me enseñó a rezar a los dos años, y eso expandió mi mundo. Fue el mejor regalo que pudo darme: la idea de que, no importa cuán aburrido estés, todavía puedes irte a la cama y rezar, hablar con ese Todo. Fui criada como Testigo de Jehová.”

La congruencia espiritual nunca estuvo peleada con la incongruencia religiosa. En “Gloria”, también de su primer LP, Horses, Smith rompe las primeras notas de piano con la línea: “Jesús murió por los pecados de alguien, pero no por los míos”, para rematar el tema afirmando: “Mis pecados son míos, me pertenecen a mí, a mí.”

Una mujer de altos contrastes pero también de matices, personaje que se ha caracterizado por su rebeldía, contundencia ideológica y agudeza artística. En el libro de mitos musicales frecuentemente sale a relucir su gran influencia sobre la obra de otros músicos, como Michael Stipe de R.E.M. o Morrissey de The Smiths. La actriz Ellen Page no pierde la oportunidad para referirse a Patti como un ídolo y especie de figura materna, en la cual se basó para aportar a la confección de su personaje en la película Juno (2007), la cual trata sobre un embarazo prematuro.

En entrevistas y documentales, Smith muestra un instinto prominentemente maternal en su día a día. En la película Dream of Life (2008) de Steven Sebring, Michael Stipe presenta a su madre con Patti, quien amorosamente la abraza y le dice que tiene un hijo maravilloso, con una sonrisa franca, una mirada tierna y sumamente afable. La cantante intenta de romper el incómodo cliché de la estrella de rock y trata a sus fans como iguales, preguntándoles cosas sobre su cotidianeidad, acariciándoles el rostro, recibiendo regalos y palabras de admiración con justa modestia y notable agradecimiento. Sabe que muchos de ellos han comprado la engorrosa idea de verla como madre, madrina o abuela cultural de su generación; “la gran jefa Patti”, como se refiere el escritor José Agustín a la autora de “Because the night” y “Distant fingers”. Se sabe querida y admirada.

Patti Smith es madre de dos hijos que tuvo con su esposo Fred “Sonic” Smith, ex guitarrista de la banda de culto de Detroit, MC5, a quien dedicó dos de sus grandes canciones: “Dancing Barefoot” y “Frederick” del álbum Wave (1979). Jackson (1982) y Jesse (1987) son su adoración, sus ya no tan pequeños cachorros a los que les lee la literatura de Rimbaud, Ginsberg y Bolaño, a quienes les enseña los trucos de estar arriba del escenario, de anteponer la libertad, la sensibilidad y la justicia sobre lo demás. El amor en Patti es materia palpable y esencial.

Su fama de mujer articulada políticamente está sustentada por lo vivido en su infancia e inculcado por su madre: Frida Kahlo, la Biblia y la conciencia de sí mismo. También debido a su fuerte historia de vida, enriquecida con un trabajo arduo y un amor épico con el fotógrafo Robert Mapplethorpe, como lo relata en Just Kids. Patti Smith fue madre antes de conocer a Robert en 1966, dando a luz a un bebé varón que dio en adopción.

Como Patti misma lo relata: “(…) a finales del verano, me acosté con un chico incluso más inexperto que yo  y concebimos de forma instantánea. Consulté a un médico, que no se tomó en serio mi preocupación y me despidió con un sermón un poco confuso sobre el ciclo femenino. Pero, conforme pasaban las semanas, supe que estaba en cinta.”

La futura figura clave de la escena neoyorquina del Chelsea Hotel (Janis Joplin, Leonard Cohen, Velvet Underground, Allen Ginsberg…) salió del seno familiar por su “falta”. La decisión representaría una repercusión de 360 grados en la vida de Smith. Tras la partida de su casa, se fue a vivir con una amiga y tomó la decisión de que tendría al bebé como consecuencia de sus actos, pero que no estaba preparada para criarlo, debido a su inexperiencia, condición financiera y de vida. El chico tenía apenas diecisiete años; a ella la expulsaron de la facultad a los 21 años.

“Es imposible describir la inesperada calma que me invadió. La arrolladora sensación de que tenía un objetivo en la vida eclipsó mis temores. La atribuí al bebé. Imaginé que entendía mi situación. Me sentía totalmente dueña de mi misma. Cumpliría con mi deber y me mantendría fuerte y sana. Jamás miraría atrás. No regresaría a la fábrica ni a la facultad de magisterio. Sería una artista. Demostraría mi valía.”

Aunque no de forma demasiado agresiva o evidente, el hecho de abandonar la maternidad por Smith siempre ha sido cuestionado. Sin embargo, la cantante parece seguir cierta en que tomó la decisión correcta; un acto de amor en sí mismo, de cierta manera. Patti seleccionó a la familia que criaría a su hijo, a quien le darían todo el cariño y educación posibles. Escogió a una familia católica.

Suponer escenarios y evaluar motivos ajenos suele ser una práctica más común de lo que parece. Todo aquello de “ser madre” implica algo más complejo: las madres que adoptan, las abuelas que crían nietos y sobrinos, quien decide tenerlos y criarlos a pesar de romper con el plan de vida previo, o quien lleva una relación conflictiva y distanciada. El amor de madre suele venir en diferentes formas, mismas que suelen venir acompañadas de nuestras frustraciones e inexperiencias. Sin embargo, en algún lugar, de forma extraña, el amor es un lazó permanece. Y Smith está convencida de ello:

“Mi hijo nació en el aniversario del bombardeo de Guernica. Recuerdo que pensé en el cuadro, una mujer que llora con su hijo muerto en brazos. Aunque mis brazos estarían vacíos y había llorado, mi hijo viviría, estaba sano y cuidarían bien de él. Confiaba y creía en aquello con toda mi alma.”

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