La vida moderna puede resultar abrumadora. Sobrepoblación, falta de empleo, contaminación, deudas, inseguridad, nombren ustedes el problema y seguro podrán verlo con tan sólo abrir la puerta de su casa. ¿Qué otras opciones tenemos más que esperar el final? La humanidad parece estar recorriendo un camino en el que no hay regreso, además de que tampoco se ven otras opciones en el horizonte.

El cineasta Alexander Payne toma ese abrumador problema diario como el centro de su nueva película: Pequeña gran vida (Downsizing, 2017). En ella, Paul Safranek (Matt Damon) es un hombre desdichado porque nunca ha logrado cumplir nada de lo que desea en vida. Quiso ser doctor, pero la enfermedad de su madre se lo impidió. Desea comprarle una nueva casa a su esposa (Kristen Wigg), sus deudas de estudiante provocan la cancelación de su hipoteca.

Un día descubre por la televisión que un científico en Noruega encontró la manera de “miniaturizar” a las personas, argumentando que es el mejor método para salvar al planeta de sus problemas. Ante la tentativa de encontrar una vida más satisfactoria, el matrimonio Safranek decide someterse al procedimiento, sin embargo, su nueva cotidianeidad no será lo que esperan.

Payne se ha especializado a lo largo de su carrera en analizar la desdicha y cuestionar el concepto mismo de hombría desde sus personajes. Recuerden a Jack Nicholson en Las confesiones del Sr. Schmidt (About Schmidt, 2002) con su gigantesco camper y la imposibilidad de conectar emocionalmente con su hija; o a George Clooney en Los descendientes (The Descendants, 2011), engañado por su esposa; hasta los amantes del vino en plena crisis de la edad de Entre copas (Sideways, 2004). Damon se une a ese club de hombres que intentan escapar de su realidad, encontrarle sentido o transformarla aunque sin poder lograrlo.

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La vida pequeña de Downsizing promete un escape de la cotidianidad, de nuestra normalidad acosada por conflictos, no obstante pronto el protagonista comprende que no hay manera de escapar de la especie humana. Nuestros problemas no surgen por nuestro tamaño sino por la naturaleza misma de humanidad. No hay como evadirse porque la plaga somos nosotros mismos. Payne encuentra en ese choque de deseos y realidades una fuente de comedia donde da rienda a su negro sentido del humor, como en ese descarado traficante miniatura encarnado por Christoph Waltz o en la autoritaria voz de una disidente vietnamita (Hong Chau) que Paul no puede evitar intentar salvar.

 

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