El domingo pasado, el presidente de la República Bolivariana de Venezuela, Nicolás Maduro, anunció la creación de una criptomoneda que recibirá el nombre de Petro. Su lanzamiento obedece a una estrategia del Gobierno de dicho país para sortear el supuesto bloqueo económico que lo aqueja.

El contexto en el que surge la criptodivisa no es nada halagüeño: según el Fondo Monetario Internacional, la economía venezolana continúa cayendo por cuarto año consecutivo, con números que indican que la inflación pasará el %1000 anual, lo que teóricamente se conoce como una hiperinflación.

Además, las calificadoras Standard & Poor’s, Fitch y Moodys han declarado a PDVSA (Petróleos de Venezuela S.A.) en suspensión de pagos, que es prácticamente una declaración de bancarrota, aunado a una serie de detenciones de algunos de sus directivos.

Así, en medio de la crisis, Maduro anunció durante su programa dominical la creación de una criptomoneda que ayudará a sortear la guerra económica que, según dijo, sufre su país debido a los empresarios y opositores al régimen. Anunció, además, la creación de un Observatorio de Blockchain que dará mayor sustento y seguridad la criptodivisa venezolana.

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A diferencia de las criptomonedas convencionales, el Petro sí tendrá un respaldo físico, ya que su valor y costo se basarán en las reservas de petróleo, gas, diamantes y oro entre otros minerales con las que cuenta el país. Con ello, Venezuela podrá tener una ventana de financiamiento internacional, libre de la acción especulativa de los bancos internacionales y de las calificadoras de riesgo, explica Telesur en su portal.

Hacer una criptomoneda no es complicado, pues una persona puede copiar y/o crear el código de tal suerte que en un par de horas esté lista para su uso, distribución e intercambio. El problema en realidad no es técnico. El verdadero reto es que alguien quiera usarla y empiece a darle valor como una divisa digital.

Aquí se podrían plantear varios cuestionamientos ya que si los bienes que darán respaldo al Petro (petróleo, gas, etc.) continuarán en resguardo del gobierno venezolano, no existen las suficientes garantías de que en caso de que el país no pueda cumplir con sus deudas, los acreedores puedan cobrar las deudas preexistentes y, por tanto, las sanciones y las crisis continúen creciendo.

Quizá pueda ser una solución al grave problema económico y financiero por el que atraviesa Venezuela, sin embargo, el asunto será convencer a los socios comerciales, acreedores e incluso a los entusiastas de las criptodivisas a utilizar el Petro y darle valor en el mercado. Tarea nada fácil.

 

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