Las enormes reservas de gas y petróleo de esquisto en Estados Unidos no están pensadas para la exportación, pero si eso puede hacer avanzar la agenda de Washington, todo podría cambiar.

 

Por Christopher Helman

 

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La impasividad ante la crisis política en Ucrania ha tenido un impacto muy poco positivo en la industria de petróleo y gas de Estados Unidos. Políticos como la senadora republicana Lisa Murkowski están aprovechando la situación para pedir el levantamiento de la prohibición de las exportaciones de petróleo de Estados Unidos –la mejor opción para contrarrestar la petro influencia de Rusia–, mientras que el Wall Street Journal publicó que los políticos occidentales están trabajando en una serie de opciones para ayudar a “aflojar el estrangulamiento energético ruso sobre Ucrania”, incluyendo “ mayores exportaciones de gas natural estadounidense”.

No importa que los EU no exporte gas natural en forma de GNL debido a que las nuevas plantas de licuefacción no estarán listas sino hasta finales de 2015, el economista Ed Yardeni expuso un punto de gran importancia:

“Al invadir Crimea, el presidente ruso Vladimir Putin pudo haber resulto el debate en Estados Unidos acerca de si debemos o no exportar gas natural y petróleo crudo.”

Yardeni advirtió ese aspecto en un editorial publicado en The New York Times el fin de semana, como una prueba de que el gobierno de Obama (y el resto de la parte de izquierda de la clase política) considera actualmente a las exportaciones de energía de Estados Unidos como una herramienta política potencialmente poderosa. Incluso cuando incluso el consejo editorial de The New York Times desafía al lobby anti- fracking al concluir que “las exportaciones de gas natural podrían servir a los intereses de la política exterior estadounidense en Europa”, indica que las exportaciones de GNL son algo en lo que todos los estadounidenses pueden estar de acuerdo.

Además, otro artículo del Times revela que Hillary Rodham Clinton durante años ha estado a favor de “canalizar el auge energético nacional hacia una herramienta geopolítica para hacer avanzar los intereses estadounidenses en todo el mundo”. Supuestamente la ex secretaria de Estado creó un área de 85 personas en las oficinas del Departamento de Estado en 2011, con el propósito de hacer precisamente eso.

Naturalmente no hemos oído hablar de él hasta ahora, porque si Clinton expresara su apoyo para el uso de la riqueza energética de Estados Unidos como instrumento de geopolítica, estaría dando tácitamente su sello de aprobación al polémico fracking. Todos sabemos lo mucho que los partidarios de izquierda de Hillary desaprueban el fracking, pero la simple verdad es que no puede haber un boom del gas natural sin él.

Con los signos que apuntan a que una aprobación de las exportaciones es casi inevitable, tiene sentido que Clinton quiera demostrar que siempre ha estado a favor del oleoducto Keystone. Es el Departamento de Estado también a quien le corresponde la aprobación de la construcción de oleoductos transfronterizos, como el Keystone XL. Ahora que la situación de Ucrania ha hecho que sea políticamente conveniente, tanto el presidente Obama como Clinton finalmente pueden conseguir el respaldo para la aprobación de ese oleoducto bajo la cobertura de fortalecimiento de la infraestructura energética de Estados Unidos como la mejor para hacer frente a Putin. Como un editorial del WSJ señaló hace unos días:

“Un beneficio adicional es que al decepcionar a sus financistas obsesionados con el clima, Obama podría recuperar algo de su credibilidad internacional.”

Esto tendrá implicaciones muy significativas para la próxima carrera presidencial. Si Hillary de verdad fundó esa agencia dentro del Departamento de Estado como prueba de su apoyo al poderío energético de Estados Unidos, entonces no podrá hacer campaña presidencial usando una bandera anti-fracking. Tampoco podía legítimamente salirse con la instintiva demonización izquierdista de la industria del petróleo y el gas.

¡Así que dejen que los tiempos de auge continúen!

De hecho, no hay ninguna razón por la cual el auge energético de Estados Unidos no deba recibir el apoyo de ambos partidos. En ocho años, la industria ha aumentado la producción de gas natural en un 36%, a cerca de 26 billones de pies cúbicos por año. Y en sólo tres años la producción de petróleo se disparó 45%, a 8 millones de barriles diarios. Este crecimiento ha creado más de 1 millón de puestos de trabajo e ingresa decenas de miles de millones de dólares en impuestos las arcas estatales y federales.

Sin embargo, la extensión de la fuerza energética de EU como una herramienta política podría tener enormes implicaciones en actores como ExxonMobil. Mientras los políticos consideran seriamente disuadir la agresión de Putin, bien podríamos ver un paquete de sanciones obligando a Exxon a poner sus proyectos rusos en espera.

A través de una empresa conjunta con Rosneft y controlada por el Kremlin, Exxon está trabajando para exportar a Rusia tecnología de fracking y perforación perfeccionada en Estados Unidos, donde las empresas están listas para explorar el potencial de petróleo de esquisto del Bahzenov, una capa de esquisto que se cree que tiene características similares a las de Bakken, de Dakota del Norte, pero más de 10 veces más grande. Exxon tiene unas 11 millones de hectáreas para explorar con Rosneft en toda Rusia. Apenas la semana pasada ejecutivos de Exxon dijeron que no seguirán adelante con un proyecto de gas en Ucrania.

El bloqueo de las inversiones en Rusia no sería bueno para los accionistas de Exxon, pero en el largo plazo probablemente ayudaría a alargar auge del petróleo y gas de Estados Unidos, creando muchos más incentivos para que empresas como Exxon inviertan en casa en vez de en el extranjero, y trabajen para profundizar el peso de la influencia energética de Estados Unidos.

En la década de 1980 fue la carrera armamentística la que en última instancia llevó a la quiebra a la Unión Soviética. Mirando hacia atrás dentro de 20 años también podríamos atribuir al auge de la energía estadounidense de la década de 2010 la bancarrota de Vladimir Putin.

 

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