Por: Julio Vallejo*

Estefanía Veloz, panelista en Punto y Contra Punto de Foro TV, trajo el término pigmentocracia a la discusión pública cuando la usó para matizar su opinión sobre la Fórmula 1 en México. El concepto rápidamente se viralizó cuando el comentarista Chumel Torres escribió que “le daba lo mismo la Fórmula 1, pero criticarla porque todos son güeritos o no haber ido es estar muy resentido. ¿Pigmentocracia? Pendejocracia es lo que estamos viviendo”.

El concepto de pigmentocracia fue acuñado a mediados del siglo XX por el antropólogo chileno Alejandro Lipschütz, para explicar cómo la estratificación social en las colonias españolas en América estaba fundamentada principalmente en el color de la piel.

El término ya había sido utilizado. Jenaro Villamil, presidente del Sistema Público de Radiodifusión, compartió en febrero las declaraciones de Alfonso Cuarón sobre que México es un país racista, motivadas por las críticas a Yalitza Aparicio. Villamil escribió: “La pigmentocracia mexicana salió del clóset”.

Hay que decir que hoy hay pocos datos o no existe mucha información sobre discriminación racial porque históricamente México, incluso a nivel institucional, ha negado el racismo.

La Convención Internacional sobre la Eliminación de todas las Formas de Discriminación Racial se hizo pública en la Asamblea General de las Naciones Unidas y entró en vigor en enero de 1969; México la suscribió en 1978.

CONAPRED fue creado 25 años despues en 2003 y quizá el primer esfuerzo por recolectar datos sobre discriminación racial en este país fue precisamente vía la Encuesta Nacional sobre Discriminacion en Mexico 2010, llevada a cabo por el CONAPRED.

En este documento se observa que más de tres de cada 10 personas de nivel socioeconómico muy bajo han sentido que sus derechos no han sido respetados por su color de piel; en contraste con uno de cada 10 de nivel socioeconómico medio alto y alto.

El Módulo de Movilidad Social Intergeneracional que levanta el INEGI presentó en 2017, por primera vez, información sobre la percepción de movilidad social por autoreconocimiento de color de piel. Se destaca que de las personas que se autoclasificaron en las tonalidades de piel más clara, solo 10% no tiene algún nivel de escolaridad, mientras que la cifra se eleva a 20.2% para las personas que se autoubicaron en las tonalidades de piel más oscuras.

La pigmentocracia o discriminación racial afecta a la población indígena, pero también a quienes no pertenecen a la minoría “blanca”.

Según el estudio de Oxfam, Por mi raza hablará la desigualdad, las mujeres tienen menor probabilidad de acceder al quintil más alto que los hombres, tanto por color de piel como por hablar una lengua indígena; en las mujeres con tonos “oscuros” la brecha crece a 58%.

Un ejemplo de cómo el racismo limita el acceso a oportunidades laborales se da en los anuncios que ofrecen empleo. Es común ver como requisito “buena presentación”, pero hay empleadores que sin usar el eufemismo solicitan abiertamente “tez blanca”. La empresa Sagy Advice Consulting, pidió para las tiendas departamentales El Palacio de Hierro y Liverpool vendedores de “tez morena clara – blanca”.

La pigmentocracia salió del clóset, es momento de atenderla en el mundo corporativo.

 

* El autor es director de la Fundación PIGMENTOCRACIA, organización cuya misión es transformar la actual narrativa e imagen de la piel morena. Vallejo se ha desarrollado como ejecutivo en la industria del entretenimiento y de medios, tanto en Estado Unidos como en México. Es experto en el tema de diversidad e inclusión en medios de comunicación.

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