Ante la posibilidad de plagios de contenidos existen algunas herramientas fáciles de usar en la red, que pueden ayudarnos a disipar las dudas. Aquí una pequeña lista.

 

Déjenme contar una historia. Hace algunos años, un alumno se acercó para preguntarme cuáles serían los requisitos para presentar un extraordinario. Le indiqué que debería entregar un ensayo para tener derecho al examen. Un par de días después, cuando revisaba el trabajo del estudiante, me di cuenta de que había copiado una entrada de un blog, tal cual con puntos y comas.

También me percaté que el chico ni siquiera había leído el texto que me entregó. Lo sé porque, para mala suerte del alumno, el blog citaba algunos textos que escribí con anterioridad, incluida mi tesis de licenciatura. Cuando reprobé al alumno, me reclamó el resultado. Lo peor de todo es que cuando le expliqué lo sucedido, creo que ni siquiera me entendió, pues se fue refunfuñando.

Y es que el problema del plagio ha existido desde siempre y a todos los niveles; son famosas las historias de personas que han robado la obra intelectual de alguien más sin dar el crédito necesario o la referencia adecuada. En algunos otros casos, de forma elegante se alude a libertades creativas o bien a homenajes a la obra.

Yo mismo acabo de ser víctima del plagio en Internet, pues una de mis columnas en Forbes México fue reproducida íntegramente en el sitio de noticias de un afamado locutor de radio y firmada por otro colaborador, quien además la comentó como propia durante su intervención en el programa. Tengo algunas teorías de lo que sucedió: por ejemplo que el ghostwriter del citado columnista ni siquiera se fijó de dónde tomó la información.

En mis tiempos, el copy-paste se realizaba de una manera, digamos, más artesanal: uno leía el libro y copiaba a mano, para después hacer un resumen, transcribirlo en la máquina de escribir y entregarlo al profesor. Igual era un plagio, pero eran pocas las personas que nos decían que lo que hacíamos era un robo.

Como alguna vez comenté, Internet parece ser el hoyo negro de los derechos de autor, pues pareciera que todos los contenidos que hay en la red son de dominio público y, por supuesto, esto no es así. Vamos, ni siquiera los wikis lo son.

Al respecto salta el caso de Michel Houllebecq, uno de mis escritores favoritos, acá entre nos, quien en su libro El mapa y el territorio (publicado en México por Anagrama), se tomó la libertad de publicar fragmentos de algunos artículos de la Wikipedia sin dar el crédito correspondiente. Florent Gallaire, un abogado francés, subió a su blog personal la novela completa bajo el argumento de que se trataba de una obra derivada de un artículo wiki y que, por tanto, debía ser libre. No obstante que el libro tuvo que ser retirado, aún se puede leer el argumento de Gallaire.

Una cita, explica la Dirección General de Bibliotecas de la UNAM, “es la idea que se extrae de un documento de manera textual o parafraseada que sirve de fundamento al trabajo de investigación. La cita se coloca en el texto y es complementada con los elementos que identifican al documento de la cual se extrajo”. Aquí se puede consultar qué tipos de citas existen y cómo hacerlo correctamente.

Ante la posibilidad de plagios de contenidos existen algunas herramientas fáciles de usar en la red, que pueden ayudarnos a disipar las dudas. He aquí una pequeña lista.

Google. Sí, el buscador más famoso del mundo. Cualquier búsqueda de contenido plagiado puede iniciar por aquí. Sólo debemos copiar y pegar un fragmento aleatorio del texto en la barra de búsqueda e inmediatamente nos presentará todas las coincidencias que tiene indexadas en la red. Se pueden obtener mejores resultados si también buscamos en Google Académico, ya que cuenta con una base muy amplía de artículos escolares y científicos.

Turnitin. Es, quizás, una de las herramientas más famosas y completas que existen en el mercado para revisar textos y comprobar su originalidad. Creada originalmente por estudiantes de la Universidad de Berkeley, su motor de búsqueda es tan bueno que puede encontrar contenido plagiado en diferentes idiomas. La desventaja es que no es gratuita, pero da una prueba libre por un par de semanas.

Viper. La alternativa gratuita a Turnitin, o por lo menos eso dicen ellos. En este caso se trata de una aplicación que se instala en nuestra máquina y que nos puede ayudar a comparar el texto sospechoso ante una base de varios millones de documentos en diferentes idiomas. Además nos proporciona links de los documentos referidos.

Plagiarism Checker. Trabaja de forma muy similar a las aplicaciones descritas, pero tiene valor agregado: nos permite revisar nuestro sitio web y comprobar si no ha sido plagiado, y también nos permite crear alertas en Google que nos facilitarán la tarea de revisión.

A final de cuentas, todos los que escribimos lo hacemos con la intención de ser leídos, de generar opinión e iniciar discusiones que nos enriquezcan a todos. Y si bien considero que una idea siempre trasciende a un ser humano y una sola persona no puede ostentarse como su dueño porque pertenece a la humanidad entera, los textos y la producción intelectual merecen respeto y deben ser referidos como la semilla que inició el diálogo. ¡Vámonos respetando!

 

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