Visitamos la fábrica de esos juguetes de plástico que fueron creados cuando el Muro de Berlín todavía separaba a las dos Alemanias. Playmobil podría parecer un negocio del pasado, pero está ajustando sus piezas para tratar de seguir en el juego.

 

Por Jennifer Juárez, enviada

Zindorf, Alema­nia.- La primera vez que los juguetes de Playmobil aparecieron, el muro de Berlín todavía separaba a Alemania en dos. Del lado oeste, capitalista, el em­presario Horst Brandstatter creó, en 1974, las primeras figuras de la línea de juguetes: un obrero de construcción, un indio y un caballero.

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Cuarenta y un años después, Play­mobil permanece tan tradicional como siempre, pero refresca su modelo de negocio con una fórmula al más puro estilo de los grandes estudios cinema­tográficos estadounidenses dirigidos en grandes segmentos al público infantil: Universal y Disney.

El modelo es sencillo: el estudio lanza la película donde aparecen, además de los personajes principales, algunos secundarios irresistibles, como el unicornio de peluche de Mi villano favorito y el perro de Toy Story.

Los estudios y los fabricantes de juguetes contraen un matrimonio perfecto para vender, inmediatamente después del lanzamiento de la película, todo tipo de mercancías con la imagen de los nuevos héroes del verano, desde los juguetes en sí hasta tazas, papelería, ropa y otros ítems como mochilas.

El siguiente paso es hacer una secuela y repetir hasta las náuseas (o incluso hacer un spin-off como en el caso de los Minions) y sacarle la última gota de resistencia a los personajes. En muchas ocasiones el mercadeo de la película incluye la apertura de una atracción especial en los parques de diversiones de los estudios cinemato­gráficos, e incluso nuevas secciones en­teras, como en el caso de Harry Potter, que generó 10,000 millones de dólares (mdd) sólo en cines y rentas caseras.

La industria de los juguetes en México tiene un valor de alrededor de 2,000 mdd, según la Asociación Mexicana de la Industria del Jugue­te (Amiju).

“Morgen Studios se acercó a noso­tros. El concepto estaba acorde con la filosofía de Playmobil. No haríamos una película ni cooperaríamos con una empresa sólo para tener una licencia. La asociación tuvo que ver con el con­tenido del show, porque le da espacio a los niños para el juego de roles, para la imaginación, pero también tiene valores específicos que defendemos, como la amistad, el respeto, la comu­nicación. Es un proyecto nuevo para nosotros, pero los niños hoy están en casa en distintos canales, así que sería una buena idea adaptar estas histo­rias hacia el mundo Playmobil”, dice Judith Weingart, miembro de la junta directiva de Playmobil.

En contraste con el escenario de la Guerra Fría donde se generó Playmo­bil, hoy, el pequeño y próspero pueblo de Zindorf, en el sur de Alemania, está poblado por figuras de la marca, de aproximadamente metro y medio.

En una plazuela está la estatua metálica de unos constructores; un profesional de la salud da la bienvenida en la entrada de la farmacia, y en el patio de un pequeño bar frecuentado por jubilados un campesino plástico vigila desde la esquina. En los hoteles y puntos turísticos de la zona venden figuritas que sólo pueden comprarse ahí, como la del famoso pintor Alberto Durero, con todo y lienzo.

En Zindorf se encuentran el mayor parque de diversiones de Playmobil, de 90,000 metros cuadrados, con su respectivo hotel y las oficinas globales de la juguetería.

A 20 kilómetros al este, la ciudad de Nurenberg hospeda a aproximada­mente un millón de compradores que acuden a su mercado navideño y es sede de la mayor feria de juguetes del mundo, donde se presentan cerca de un millón de novedades a principios de cada año.

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La serie

¿Quién no codició una Estrella de la Muerte siendo niño? O el Halcón Milenario. Quién no es­cribió su nombre, o el de su hijo, en la bota de un Woody o de una Jessie. Qué niño no ha hecho volar a un Goku de 20 centímetros por todo el cuarto de televisión. Quién no inventó dramas dignos de una novela con alguna Barbie princesa.

Los temas de Playmobil más ven­didos en México en 2014 fueron los de policía, el Viejo Oeste, los piratas y el centro comercial.

Los obreros nos ayudan a construir ciudades y los policías complementan los escenarios citadinos, pero nada facilita más la transferencia de emocio­nes que un personaje con bagaje.

“Nuestro foco principal sigue siendo el juego tridimensional en la alfombra. El programa de televisión es un impulso adicional, pero Playmobil es completamente sobre juego de rol. Pensamos que el show ofrece suficien­te espacio para que los niños imaginen. Se les da un personaje básico en torno al cual pueden desarrollar su propias historias”, explica Weingart.

El estudio de entretenimiento au­diovisual Morgen Studios se acercó a Playmobil en 2011 para presentarles la idea de una serie basada en sus figuras. El equipo franco alemán de Morgen Studios se inspiró en Playmobil desde el principio, pero no se basaron en ningún producto existente, sino que crearon a sus propios personajes que, como otros de la juguetería, cada uno está íntimamente asociado con un mundo distinto.

Estos son el príncipe Alex, heredero de Kingsland, un reino con caballos, caballeros y castillos medievales; la pirata Ruby, que creció en Isla Pólvora, entre rudos navegantes, intrigas y tesoros; el hada Centelleo, de Isla Encantada, un mundo de fantasía con unicornios y magia, y el agente Gene, de la desarrollada y futurista ciudad Tecnópolis.

Morgen Studios había desarrolla­do anteriormente videojuegos que llevaron a Playmobil desde el juego en la alfombra hacia la pantalla. Las escenas cinemáticas creadas para estos videojuegos fueron la semilla en los productores audiovisuales de la que germinó la idea de una serie.

Cuando presentaron el concepto a los ejecutivos de Playmobil, la compa­ñía se convenció de inmediato.

“Tenemos que aprobar el conteni­do”, explica Weingart en respuesta a si tienen poderes de veto sobre la serie en caso de que algún episodio no con­cuerde con los valores de la juguetería.

La producción inició en 2011 y el primer episodio fue emitido en Francia en septiembre de 2014.

En México, el canal Boomerang inició las transmisiones de Super 4 en mayo y hasta el momento, la serie se transmite en más de 30 países de América, Asia y Europa.

El potencial del proyecto se comprobó nada despreciable: 16 cajas azules de Playmobil, entre personajes principales, secundarios, antagonistas, escenarios de los mundos y comple­mentos como vehículos, llegaron a las estanterías en México en octubre, y se­guirán llegando durante la temporada navideña, donde se concentra el 70% tanto de las ventas como del presu­puesto de marketing de Playmobil.

El camino no será fácil. Su mayor competencia, Lego, está asociada con Star Wars y se prevé el lanzamiento de la séptima película de la saga, lo que podría dar lugar a una avalancha de ju­guetes derivados. Por lo pronto, ya pre­vén producir una segunda temporada de Super 4, por lo que la colaboración entre ambas empresas continúa.

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Foto: Fernando Luna Arce. 

En la alfombra

Cientos de empleados de Playmobil se dedican a crear todos los días figuras de plástico, pero son sus niños quienes les insuflan historias.

Todo inicia en una serie de silos metálicos tan altos como un edificio de cuatro pisos, llenos de una especie de arena formada por granos de plástico de unos dos milímetros de diámetro. Cada contenedor corresponde a un color distinto.

Esta arena viaja a través de cientos de metros de tuberías en pasillos subterráneos que en algunos puntos del camino parecen el escenario de una aventura en una base espacial. Su punto final es la nave de la fábrica.

En la nave hay decenas de máqui­nas de inyección de plástico. Son arma­tostes de más de dos metros de alto, un par de metros de ancho y hasta cuatro de largo. Unas tuberías mecánicas ba­jan desde el techo y como grifos, dejan salir el plástico granulado. Dentro de la máquina, el plástico se calienta y se inyecta a un molde.

“Cada vez que hacemos algo nuevo tenemos que crear moldes y estos cuestan dinero. Gastamos de 25 a 30 millones de euros al año para lanzar nuevos productos, y en cierta forma fue lo mismo con Super 4, porque son figuras completamente nuevas, el estilo es distinto a las figuras clásicas porque tienen el mismo tamaño, las mismas manos, elementos clásicos que han permanecido, pero también son distintos porque representan a adultos jóvenes, adolescentes. Tiene el mismo costo que crear otro nuevo mundo de Playmobil porque tenemos que hacer los moldes”, dice Weingart.

Estos moldes tienen una precisión milimétrica. Tanto, que los ojos de los muñecos son una capa de inyección de plástico, no una pintura superficial.

Sin embargo, las caras de los Super 4 necesitaban una precisión todavía ma­yor, ya que sus ojos son más expresivos para reflejar los valores y cualidades que los caracterizan como valor, ímpe­tu o inteligencia; así que se imprimen en lugar de inyectarse.

En general, crear un mundo suele costar entre un millón y 9.9 millo­nes de euros, señala Weingart, pero rechaza dar una cifra exacta.

Lo más difícil de hacer las figu­ras fue mezclar los elementos tradi­cionales, como las manos que son las mismas que en otras figuras de Playmobil para poder agarrar los complementos, con los cambios. Por ejemplo, los talles y las caderas de los Super 4 son más afinados, así que no se pudieron utilizar los moldes tradicionales.

También crearon un material es­pecial para darle a las alas de Centelleo un tono tornasol y traslúcido que ante­riormente no existía en la paleta de Playmobil, explicaron en entrevista los responsables de investigación y desarrollo de Playmobil, Uwe Reuter y Peter Jaensch.

“Fue difícil encontrar la expresión adecuada porque a veces, cuando los niños juegan, en su imaginación Alex podría estar asustado, enojado o curioso y tiene que ser una figura hacia la que puedan transferir su imaginación”, explica Jaensch. “Reflejar sus distintas emociones, obtener una cara típica de su carácter pero permitir a los niños meter sus emociones en el personaje”, completa Reuter.

Cada figura humana de Playmobil consta de siete piezas. “Porque era tan nuevo empezamos la producción de las figuras de los Super 4 en Alemania, mientras que las otras figuras normal­mente se fabrican en Malta. Pero la producción completa se transferirá a Malta después de que sepamos cómo hacerlo mejor”, explica Weingart.

 

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