La pobreza laboral se extiende a más de 22 millones de mexicanos, quienes, a pesar de tener un trabajo, no cuentan con los ingresos para satisfacer sus necesidades básicas y mucho menos para mejorar su nivel de vida.

 

 

Todavía no conozco a nadie que esté conforme con lo que gana. Con independencia de su condición, sin importar si es un multimillonario o no, todos queremos ganar siempre más. Así es la condición humana: apenas cruzamos una frontera ya estamos pensando en conquistar otra, tan pronto recibimos un aumento de sueldo ya encontramos en qué gastarlo, y en el momento en que aumentamos los ingresos tenemos miles de formas de convertirlos en egresos. Eso es una cosa; otra muy diferente es la pobreza laboral.

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La pobreza laboral es una categoría económica que refleja un segmento de la población que sí tiene trabajo, sin importar su nivel escolar o capacidad intelectual, y gana menos de lo que requieren para cubrir sus necesidades personales o de familia. El término se refiere a esa condición en que el nivel de ingresos sencillamente no alcanza. Entonces se entra en un círculo vicioso en que las entradas de dinero son inferiores a las salidas y se crea una burbuja de deuda que se infla y se infla y que tarde o temprano va a estallar. Es entrar en una carrera en la que es imposible ganar, ya que las velocidades de crecimiento entre los ingresos y los egresos son diferentes y, por lo tanto, imposibles de compaginar.

El indicador de pobreza laboral despeja los espejismos que puede causar el índice de creación de empleos. Es decir, es posible que las cifras revelen un crecimiento de fuentes de trabajo; el problema es que, en ocasiones, esos empleos no generan los recursos necesarios para sostener a una familia de acuerdo con sus obligaciones. El inconveniente es evidente: no hay forma de acortar la brecha que se forma entre las entradas y salidas a la caja personal. La insuficiencia de fondos se acrecienta y se convierte en un foco rojo alarmante.

Por ello es conveniente estar al pendiente del Índice de Tendencia Laboral de la Pobreza para conocer cada trimestre la propensión del poder adquisitivo del ingreso laboral tanto a nivel nacional como para cada una de las entidades federativas que emana de la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo que genera el INEGI. Este índice muestra la tendencia del porcentaje de personas que no puede adquirir la canasta alimentaria con el ingreso laboral. Si el índice sube, significa que aumenta el porcentaje de personas que no pueden comprar una canasta alimentaria con su ingreso laboral.

Si bien es cierto que el Índice de Tendencia Laboral de la Pobreza no constituye una medición estricta de pobreza, puesto que no comprende todas las fuentes de ingreso ni todas las dimensiones de la medición oficial, este índice sirve como señal preventiva de corto plazo sobre la situación del ingreso laboral de las familias con relación al costo de la canasta alimentaria.

En México es preciso tener cuidado. Es cierto que, según cifras del Instituto Mexicano del Seguro Social, se han creado empleos, pero la pobreza laboral se extiende a más de 22 millones de mexicanos, quienes, a pesar de tener un trabajo, no cuentan con los ingresos para satisfacer las necesidades básicas y mucho menos para mejorar su nivel de vida. Es decir, existen 22 millones de empleados y sus familias cuyo salario no les es suficiente para adquirir alimentos y cubrir servicios básicos. Pero también existen familias en las que el ingreso no alcanza para pagar las cuentas; eso sucede en todos los niveles sociales y es una situación cada vez más frecuente.

En evidencia, ante la falta de ingresos, la gente castiga su nivel de consumo y entonces la rueda del infortunio empieza a girar. El ciclo económico se desactiva y el descontento social, a todos niveles, crece. Si miramos alrededor, descubriremos a muchos que aceptaron subemplearse para resolver un problema de corto plazo y que no han logrado encontrar una plaza en la que converjan su nivel educativo, sus necesidades de ingreso y el salario que tienen. Ahí se tiende la nube de humo y se puede crear el espejismo. La economía puede reportar cifras de crecimiento de empleo y no estar resolviendo el problema de fondo.

Crear empleos no es suficiente. Hay que crear empleos de calidad. Hay que generar fuentes de trabajo en que la gente que quiere y puede desempeñarse, lo haga. De otra forma se está fomentando la desigualdad y la pobreza. Estamos avivando una carencia de  oportunidades y de bienes necesarios para llevar una vida valiosa, generando a la vez cortocircuitos en el desarrollo y el crecimiento económico, que impiden la creación sostenida de empleos de calidad.

En efecto, una consecuencia nefasta de la persistente generación de empleos que no resuelven los requerimientos familiares, es que se amplía el segmento de la población que queda excluido de la dinámica económica. El proceso vicioso crece: al estar sujetos a enormes carencias, estos sectores poblacionales tienen una capacidad limitada de demandar bienes y servicios, y, por lo tanto, de inducir una expansión de la producción y del empleo. Impera el mundo de al revés.

El crecimiento económico de un país se ha confiado al impulso de la demanda y a la capacidad adquisitiva de los sectores en el mercado interno. Por lo tanto, si nos enteramos de que el crecimiento de los índices de pobreza laboral se incrementa, es momento de preocuparse y de ocuparse. Es tiempo de poner manos a la obra. Hay que generar mejores empleos.

Si un país no es capaz de crear fuentes de empleo con las cuales se satisfagan las necesidades primordiales y permitan el ahorro, si una nación no sabe generar las condiciones que fomenten el ahorro y el crecimiento del individuo, está entrando a una zona de riesgo. En México se está encendiendo una luz roja en el tablero de control. Es verdad, la inflación y el tipo de cambio están razonablemente controlados, pero el índice de pobreza laboral está creciendo.

 

 

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Blog: Las ventanas de Cecilia Durán Mena

 

 

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