Prospera debe disminuir las barreras de discriminación y de género para en verdad mejorar la movilidad social y reducir la pobreza extrema.

 

 

Por Mariana Becerra Pérez

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¿En qué se diferencian Oportunidades y Prospera? En días recientes, la secretaria de Desarrollo Social, Rosario Robles, presentó en Washington, DC, el programa de desarrollo social Prospera ante expertos del Banco Interamericano de Desarrollo, Naciones Unidas, Banco Mundial, Brookings Institute y del Wilson Center. Estas instituciones reconocieron el impacto de este programa en la reducción de los índices de pobreza en México, colocando a nuestro país a la vanguardia en América Latina en el diseño de estrategias de combate a la pobreza.

La diferencia importante entre Oportunidades y Prospera es que este último busca la inclusión productiva de las mujeres, la generación de empleo y el acceso al crédito. Este nuevo programa apoya también a los jóvenes, brindando cada año 250,000 becas a estudiantes de bachillerato. La titular de Sedesol resaltó en Washington que este programa no sólo busca contener la pobreza ni continuar con el asistencialismo por parte del Estado, sino fomentar la productividad, y así la gente salga adelante por sus propios medios.

En el Centro de Estudios Espinosa Yglesias creemos que además de reducir los porcentajes de población en pobreza, es importante detectar las barreras y obstáculos que impiden la movilidad social en nuestro país. Los programas como Prospera son muy importantes; éstos deben de ir acompañados de medidas que reduzcan las barreras de discriminación y de género que existen todavía en México. De lo contrario se corre el riesgo de que este programa vuelva a cambiar de nombre para el 2018, sin lograr mejorar la movilidad social ni reducir los porcentajes de población en pobreza extrema.

Uno de los proyectos de mediano plazo del CEEY será el proponer políticas de intervención, para facilitar las oportunidades de movilidad social en la población más desfavorecida, principalmente en materia de educación, así como protección social.

De acuerdo con la última encuesta de movilidad social elaborada por el CEEY (EMOVI 2011), en México existe baja movilidad social debido a que la condición socioeconómica de los individuos está determinada por la condición que prevalecía en su hogar de origen. En México, 48 de cada 100 mexicanos nacidos en el quintil más bajo permanecen ahí. Además, los procesos de movilidad entre hombres y mujeres son desiguales. La evidencia muestra cómo las mujeres con origen en estratos bajos permanecen en esas condiciones con mayor frecuencia que los varones con la misma condición de origen.

Durante el periodo 2008-2010, la población en pobreza extrema pasó de 11.7 a 13 millones. Entre 2010-2012, esta cifra se redujo de 13 millones a 11.5 millones de personas (9.8% de la población). Rondar el 10% de la población en porcentaje en pobreza extrema es alarmante y esperamos que los países de América Latina que piensen revisar este programa estén conscientes de esta cifra.

El Coneval clasifica la pobreza en México de acuerdo con seis distintas carencias dentro del Índice de Privación Social. Una persona se encuentra en pobreza extrema cuando presenta tres o más de las siguientes carencias: por acceso a la alimentación; por acceso a los servicios de salud; por acceso a la seguridad social; por acceso a los servicios básicos en la vivienda; por calidad y espacios en vivienda y por rezago educativo.

Es importante reconocer que este tipo de programas han sido transexenales y no pueden ni deben de eliminarse. Esperemos que Prospera pueda reducir los porcentajes de población que se encuentran en pobreza extrema de una manera más acelerada de la que ha venido reportando el Coneval en los últimos años. Y que esto se logre fortaleciendo la productividad de las personas, para así mejorar la movilidad social en México. No podemos ser un México próspero si tenemos cerca del 10% de la población con un ingreso tan bajo, que aunque una persona lo dedicara por completo a la alimentación no podría adquirir los nutrimentos necesarios para una vida sana.

 

Mariana Becerra Pérez es investigadora del Centro de Estudios Espinosa Yglesias (CEEY). Tiene estudios de Licenciatura en Ciencia Política y Maestría en Políticas Públicas por el Instituto Tecnológico Autónomo de México. Las opiniones son a título personal y no representan necesariamente el criterio o los valores del CEEY.

 

 

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