La política digital no la tiene fácil. Los jóvenes de 19 a 24 años representan 21% del universo de cibernavegantes en México, poco más de 12 millones de electores en potencia.

 

Durante las elecciones del 2012, la mayor parte de los medios de comunicación tradicionales se empeñaron en decir que las redes sociales no eran representativas de los votantes y que, en esencia, eran dos universos totalmente autónomos y lejanos entre sí. Por ello, todo lo que se gritara en los social media no tendría el menor efecto en el resultado de las votaciones y, por tanto, nadie era capaz de tomarlas en serio.

Tres años más tarde aún no sabemos exactamente de qué manera van a influir las redes sociales en el proceso electoral que está a punto de iniciar, desconocemos si podrán crear tendencias en la votación y si serán pieza clave de algún territorio disputado. Vamos, no todos los partidos cuentan con una plataforma política que regule su comportamiento digital.

No obstante, el panorama no es el mismo. Las tendencias han cambiado y los hábitos de consumo de medios digitales se han disparado.

Lo que es un hecho es que estamos lejos de las circunstancias que vivimos en las pasadas elecciones, y para los millennials, los medios digitales y las redes sociales son su mejor fuente de información, para bien o para mal. Por ello, cualquier partido político, si desea crecer más allá de sus bases, tiene que salir a buscar el voto de los adolescentes digitales.

La política digital no la tiene fácil. El camino está lleno de bots y troles pagados que limitan el alcance de cualquier candidato y merman su credibilidad hasta el suelo. Si a eso le sumamos la falta de experiencia en comunicación digital, el resultado puede ser desastroso para cualquier campaña.

El mercado de los votantes millennials no es nada despreciable: en términos concretos, el segmento de los 19 a 24 años de edad representa el 21% del universo de cibernavegantes en México, lo que equivale a poco más de 12 millones de electores en potencia. La mayor parte de ellos sin una orientación política definida, pero con grandes deseos de informarse a través de los medios sociales.

Si un partido político desea tener un lugar en las elecciones que vienen, recomiendo lo siguiente:

No confundir estrategias. Los medios digitales, particularmente las redes sociales, requieren de planes de comunicación mucho más cercanos y con mayor información. Un votante difícilmente podrá establecer un vínculo emotivo con un candidato que se comporta como una persona dispuesta a dar discursos vacíos y frases sin sentido a la menor provocación.

La estrategia que funciona en la calle no funcionará en digital. No valen los mítines con acarreados, ni mítines políticos con grupos musicales al cierre. Vale más explicar claramente con infografías, gráficos y videos los fundamentos de la propuesta política.

Evitar la guerra sucia. En las redes sociales, la tentación por desgastar al oponente es amplia, sobre todo porque se puede hacer de forma anónima. No obstante, el que la imagen del oponente político se manche no quiere decir que exista una tendencia a votar por el otro.

No usar bots. Por otra parte, es muy fácil identificar qué candidato tiene acarreados virtuales y que nunca está abierto a la conversación. La democracia digital se establece sobre la base del diálogo; por ello, el tener bots dificulta la comunicación y entorpece la comunicación a doble vía.

Tener planes de contingencia. Saber cómo salir de una crisis puede marcar el triunfo o fracaso de una campaña. Evaluar los riesgos, tener un organigrama claro y contar con protocolos definidos puede ser la diferencia entre ser electo o convertirse en el escarnio público.

Pauta digital. Es importante destinar cierta parte del presupuesto a pautar en medios digitales y en redes sociales. Para hacerlo de forma adecuada, deben construirse contenidos de valor más que meros discursos políticos que no serán lo suficientemente atractivos para nadie.

Evaluar desempeño. No sólo el propio, sino el de oponentes políticos, ya que esto proporcionará suficiente información sobre la manera en que el electorado se está comportando y a qué temas es más receptivo.

Las campañas políticas son, hasta cierto punto, despreciadas, pues la política en sí misma lo es. No obstante, se pueden cambiar las reglas del juego a través de una buena campaña de medios digitales, que conecte y ofrezca contenido atractivo que pueda viralizarse. Ahora más que nunca la información es mucho más valiosa que cualquier discurso.

 

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