Por Jacobo Pombo García*

El pasado mes de junio hemos sido testigos, en diversos hechos registrados a lo largo del mundo, de como la política migratoria se ha convertido en una de las claves a la hora de generar modelos de desarrollo sostenibles, respetuosos con los derechos humanos y que contribuyan a mejorar las condiciones de vida de nuestros conciudadanos.

El proceso migratorio se ha convertido, como consecuencia de la globalización, el desarrollo de las nuevas tecnologías y el incremento de la movilidad en uno de los fenómenos más relevantes para el desarrollo político, económico y social de nuestras naciones.

Las grandes asimetrías económicas entre distintas regiones, unidas al anhelo de mejora y la promesa de nuevas oportunidades de desarrollo personal y familiar, impulsan a millones de personas a buscar un mejor futuro traspasando las fronteras que nos hemos dado como naciones.

Los hechos registrados recientemente en Estados Unidos y en Europa pusieron de manifiesto un desafío latente en nuestras sociedades que requiere de respuestas políticas valientes, en los que la firmeza en el control de fronteras se conjugue con la inteligencia de favorecer el desarrollo económico y social y la sensibilidad de atender a personas desplazas por conflictos o situaciones especialmente dolorosas.

Las noticias provenientes de Estados Unidos chocaron con las acaecidas en Europa. Mientras el presidente Trump desarrollaba una política extremadamente dura con los latinos provenientes de América Latina, llegando a separar a los menores de edad de sus padres y recluyéndolos en jaulas, la Unión Europea conseguía llegar a un acuerdo migratorio que, aunque insuficiente, pudiera suponer un primer paso para ordenar el éxodo masivo experimentado por ciudadanos de países que viven en situaciones de conflicto (Iraq, Siria, Libia…) o aquellos que huyen de la pobreza buscando un futuro mejor en Europa. Dicho acuerdo, cuyos puntos principales son la creación de centros de control en la UE, plataformas en países de origen y tránsito, o una mayor ayuda a los países africanos, supone un primer paso para desarrollar una política migratoria en el seno de la Unión.

El problema migratorio es global, y como tal, la respuesta debe ser coordinada para tratar de abordar todos los aspectos de este fenómeno. Concretamente, nos encontramos con dos de las fronteras con una mayor disparidad de renta (la línea divisoria entre México/Estados Unidos y el Mar Mediterráneo), que se han convertido en dos de los mayores cementerios del planeta.

Sumado a la desesperación de las personas por buscar un futuro mejor aparece la dramática realidad de las organizaciones de crimen transnacional que abusan de los migrantes en condiciones especialmente vulnerables y ponen en riesgo la seguridad de las regiones.

Por último, el reto demográfico es otro foco de desestabilización en nuestras fronteras. Debido a la baja natalidad en los países desarrollados, sumados a la explosión demográfica en los países en vías de desarrollo (principalmente de América Latina y África) encontramos una fuerte presión de los jóvenes procedentes de esas regiones menos desarrolladas por llegar a los territorios del norte en los que, suponen, encontrarán nuevas oportunidades.

Esto, sumado al auge de expresiones populistas (e incluso xenófobas) en algunos países de Europa y EU constituye el cocktail perfecto para poder afirmar que el fenómeno migratorio se ha convertido en uno de los temas centrales del debate político en Occidente. Esto pudimos observarlo en Estados Unidos, donde su relación con México, especialmente en lo concerniente a migración y seguridad, se convirtió en un tema central de la campaña presidencial, y en la Unión Europea, donde incluso la canciller alemana, Angela Merkel, se ha visto en graves problemas por su actitud y determinación.

Resulta imprescindible que nuestros líderes políticos tengan la capacidad de abordar este problema de una manera transversal entendiendo que, si se hace con el coraje y la inteligencia suficiente, la migración puede convertirse en un factor dinamizador de nuestras economías y naciones, mientras que si nuestras élites se dejan llevar por el populismo nos encontraremos ante un problema de dimensiones incalculables que puede poner en riesgo nuestra convivencia.

*Presidente de Global Youth Leadership Forum.

 

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes México.

 

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