Los premios en la Copa Libertadores y la oportunidad de vender jugadores —cuyas cartas tienen un valor acumulado de casi 1,000 mdd— la convierten en tabla de salvación financiera para muchos equipos en Sudamérica. ¿Por qué, entonces, los equipos mexicanos le hacen el feo?

 

Por Ivan Pérez

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Pablo Escobar nació en Paraguay pero se naturalizó boliviano en 2008, jue­ga con el equipo The Strongest del país andino y el 11 de febrero pasado anotó un doblete que permitió a su club superar al Morelia, de México, y clasificar a la fase de grupos de la Copa Libertadores.

Gracias a que The Strongest clasificó a la fase de grupos, el conjunto boliviano tiene asegura­dos 1.1 millones de dólares (mdd) en premios, de acuerdo con datos oficiales de la Confederación Suda­mericana de Futbol, lo que equivale a 73% de su presupuesto anual.

La Copa Libertadores no es únicamente el torneo de clubes más importante e histórico de América; es, además, un medio de subsisten­cia para las franquicias de la región, a excepción de los equipos de Brasil y México, que obtienen muchos más recursos por concepto de publicidad y derechos de TV, que lo que entregan en premios los orga­nizadores. En promedio, un club con solidez financiera de la Liga MX tiene 21 veces más presupuesto que el The Strongest.

“En Sudamérica los clubes apuestan todo a la Libertadores y, por ello, realizan inversiones a fin de reforzarse. El torneo es un tema de orgullo, por lo que este año clubes como el Colo-Colo (de Chile) gastó mucho para traer bue­nos jugadores”, comenta Sebastián González, alías Chamagol, ex seleccionado nacional de Chile y quien militó en el futbol mexicano con Atlante y Tigres.

El actual campeón de la Copa Libertadores, San Lorenzo de Al­magro, es un ejemplo de las mejoras que puede tener una institución tras ganar el torneo de clubes más importante del Continente. Para el ciclo 2014-2015, el presupuesto de este club para operar anualmente es de 10.7 mdd, de acuerdo con documentos oficiales disponibles en su sitio web. Ese monto es más de 47 veces lo que disponen las institucio­nes más modestas en Argen­tina, como el Temperley. El éxito tiene sus réditos.

Para la zona sur del Con­tinente, “(La Libertadores) es un tema de orgullo, de dignidad, los aficionados y los clubes se desviven por este torneo”, dice Juan Pa­blo Romero, especialista del diario El País de Uruguay. “Destacar (en el torneo) significa la posibilidad de emigrar a ligas más compe­titivas donde hay mejores salarios como México, Bra­sil o Europa”, señala González.

Para los futbolistas, ser figura en el torneo es una posibilidad de un mejor futuro, mientras que para los clubes ganar el torneo significa resolver por un tiempo sus necesidades financieras. No es cosa menor si se toma en cuenta que, según la consultora de datos MXsports, más de 80% de los equi­pos en América Latina vive con números rojos.

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Venta de piernas, el otro premio

El dinero no es un asunto resuelto en el futbol latinoamericano. Con la excepción de los brasileños y mexicanos, todos los demás equipos viven al día para poder pagar sala­rios o liquidar algunas deudas. “Por eso para clubes peruanos, bolivia­nos, ecuatorianos… en realidad para toda Sudamérica, avanzar en las rondas de la Copa Libertadores es muy importante para sus finanzas, porque además es el torneo que más premios financieros aporta a los equipos participantes”, dice Chamagol González.

Además del campeón San Lo­renzo, son pocas las instituciones en la versión de este año del cer­tamen que logran superar el doble dígito en su presupuesto anual. De acuerdo con lo investigado por esta publicación en los informes anuales, en ese selecto grupo está el Emelec (de Ecuador) con 10 mdd, Tigres y Atlas (México) entre 33 y 25 mdd, respectivamente, y Boca Juniors (Argentina) con 16 mdd; fuera de estos clubes, las cifras decrecen considerablemente, hasta llegar a equipos como el del veterano Pablo Escobar.

La realidad en el futbol sudame­ricano obliga a los clubes a buscar participar con ahínco en la Copa Libertadores, no sólo por el orgullo y la tradición que representa en la región esta justa deportiva, sino por el dinero que puede obtenerse al avanzar rondas y también por vender a los mejores futbolistas a mercados más atractivos. En eso radica el otro negocio: el traspaso de sus estrellas.

El balompié del Cono Sur tam­bién se puede medir en el mercado de fichajes. Para la presente edición del torneo, los clubes participantes se gastaron 70.5 mdd, una cifra abismalmente inferior a lo que desembolsaron los 20 equipos de la Premier League de Inglaterra (1,200 mdd).

Pero América Latina es gene­ralmente cantera de exportación. En las pasadas ventanas de fichaje de verano e invierno, los mercados de México, Brasil, Chile, Ecuador, Uruguay y Argentina lograron in­gresos del orden de los 527 mdd por venta de jugadores, muchos de ellos elegidos por sus actuaciones en las competencias internacionales como la Copa Libertadores y la Sudame­ricana, según datos de la consultora alemana Transfermarkt.

Uno de los casos de éxito fue el ecuatoriano Joffre Guerrón (ahora en los Tigres de México), quien fue traspasado de la Liga Deportiva Universitaria de Quito al Getafe de España por 4.3 mdd.

El futbolista fue considerado en 1998, el año de su fichaje al balompié español, como el mejor jugador de la Copa Libertadores. El conjunto ecuatoriano, a la postre campeón del torneo, logró obte­ner con la venta de Guerrón y del título un total de 10 mdd, monto suficiente para cubrir 100% de sus requerimientos para la próxima temporada y dejar algo en la caja.

Otro ejemplo reciente es el de Ignacio Piatti, un futbolista clave para que San Lorenzo, de Argenti­na, llegara a la final el año pasado. Este hecho orilló a que la mls, la liga del balompié estadounidense, lo pusiera en la mira. Montreal Impact ofreció a Piatti un contrato de cuatro temporadas por 2.5 mdd al año, según la Asociación de Jugadores de Estados Unidos (con el conjunto sudamericano en un lapso similar su salario había sido de 386,000 dólares o, lo que es lo mismo, 6.4 veces menor).

El equipo de la liga nortea­mericana no le permitió a Pia­tti jugar los dos partidos por el campeonato porque le exigió cumplir su contrato.

 

El desdén mexicano

Los conjuntos mexicanos han llegado dos veces a la final de la Copa Libertadores: en 2001 Cruz Azul perdió ante Boca Juniors, de Argentina, y en 2010 las Chivas cayeron ante el Internacional de Porto Alegre, de Brasil. Pese a ello, en Sudamérica la percepción res­pecto de los clubes mexicanos no es precisamente favorable.

“Juegan más por intereses co­merciales que deportivos; se nota el desprecio”, dice el especialista en futbol internacional Pablo Aro Geraldes.

Mientras que para una institu­ción peruana, ecuatoriana o bolivia­na ganar la Copa Libertadores (5.1 mdd en premios) puede ser más del 110% de su presupuesto anual, para un conjunto de la Liga MX la cifra apenas equivale al 20%, dice Mxs­ports. “La gente que pone la plata y los patrocinadores ven a México como un ente redituable financie­ramente. Pero sí, lamentablemente, que estén o no (en el torneo) nada cambia a nivel deportivo”, conside­ra Juan Pablo Romero.

Los directivos de los clubes mexicanos, así como los directores técnicos, han dicho que su priori­dad es la liga local, antes que el torneo continental, por varias razones: la afición está más identi­ficada con el campeonato nacional, los equipos hacen viajes de más de 3,000 kilómetros para ir a jugar (lo que orilla a que en muchas ocasiones no lleven su plantel titular completo) y los beneficios económicos no son representativos.

Según datos publicados por El Economista y obtenidos de Rogelio Roa, quien fungió como director de Marketing de Jaguares de Chiapas en 2011, la Copa Libertadores no fue un negocio ese año. “Tuvimos que poner dinero”, asegura.

“Para los clubes mexicanos es más fácil no poner atención (a la Libertadores) porque tienen la posibilidad de ir por la Concachampions (la Copa de Concacaf, zona a la que pertenece México) que les da el boleto al Mundial de Clubes”, estima Chamagol González. “Qui­zá el día que ganen una Libertadores entenderán la importancia”.

El valor en la cartera de jugado­res de todos los clubes que parti­cipan en la edición en curso de la Copa Libertadores llega a casi 1,000 mdd, según Transfermark. Son 32 equipos y 736 futbolistas que buscan mejores opciones de ganar dinero.

Pablo Escobar es ahora mismo uno de los mejores futbolistas de toda la Copa. En seis partidos anotó cuatro goles y dio cinco asistencias (hasta el cierre de la edición), ade­más de que, a sus 35 años —edad a la que la mayoría de los futbolistas ya están en el retiro o inician como entrenadores—, él sabe que no tie­ne opción de un mejor contrato que el actual, que le provee un salario de 15,000 dólares mensuales. No es el paraíso —algunas estrellas como Pablo Osvaldo (del Boca Juniors), uno de los 10 más valiosos de la Li­bertadores, ingresa al mes 166,666 dólares—, pero es lo que el último torneo de clubes más importante de América le dejó y que, obvio, no piensa desaprovechar.

 

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