Planta compasión en tu familia y trabajo; cuando menos te des cuenta, la pobreza y la corrupción habrán disminuido en tu querido país. Si lo haces, tal vez alguien lo note y hasta te apode el Musulmán. No por terrorista, sino por tu característica compasión.

 

¿Cómo saber si hay un musulmán en tu empresa? Primero tienes que conocerlos más a fondo. Yo lo descubrí viajando. “Tienes que estar muy alerta, ¡cuidado con los musulmanes!”, me advirtieron varias personas. Me bajé del avión decidido a explorar por alrededor de diez días un país del que sabía poco, sólo enterado mediante breves lecturas de baño en la Micropӕdia Britannica (such a vulgar habit) de viejas glorias de Constantinopla y algunos chismes de la emperatriz Teodora y su estilo de vida casquivano. Lecturas, he de confesar, no más profundas de las que hago cuando voy a la peluquería y la sonriente Hilda me alcanza la revista TV Notas para actualizarme adecuadamente. Por ello, en mi inocencia, a Estambul la esperaba una ciudad parecida a la de México. Esperaba un aeropuerto caótico con métodos de adivinación para recoger las maletas, no sucedió. Bajé y esperaba un autobús humeante trasladándose por una ciudad llena de baches, tampoco sucedió. Pensé que quizá se trataba del típico trayecto “bonito” que, si te asomas un poco más allá, encuentras a gente viviendo en basura… pero visité varías provincias y barrios, no fue el caso. El Metro y el Metrobús… llenos, sí… pero muy modernos y funcionales. Las calles limpias, sin robos a mano armada. Todo fue una sorpresa. Turquía, un país con un PIB de 822 billones de dólares, a la vista de un agudo ojo crítico, lucía mejor que un país con un PIB más grande por 400,000 millones, o sea México de 1,261 billones de dólares.

Pero nada de esto fue lo que más me impresionó, ni sus paisajes hermosos, bellas mezquitas, o sus ricos palacios donde vivían sultanes entre joyas, mujeres y lujo (mucho mejor que gangsta rappers). Lo que más me sorprendió de ese país con 99% de musulmanes1, fue esto:

2okPerros felices afuera de cada negocio, en las calles, en las plazas, en la provincia, en mezquitas y en monumentos históricos.

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4okEran muchos y no estaban realmente abandonados; la gente y el gobierno los cuidan, operan, alimentan y vacunan. Se notaban sanos y bien atendidos.

5okUn poco después me di cuenta que también había muchos gatos viviendo como pashas a sus anchas. Adentro de Hagia Sophia (que fuera catedral, luego mezquita y ahora museo) nos recibió un gato sabio que disfrutaba del calor de una lámpara; reinaba justo detrás de lo que fue el lugar más sagrado de esa impresionante construcción de 56 metros de altura del siglo V.

6okEn las pretéritas ruinas grecorromanas de Éfeso, otro amable gato se adelantaba curiosamente como guía para esperarnos en cada lugar importante dentro del tour de las imponentes ruinas. Éstas fueron habitadas por diversos antiguos: helénicos, romanos y paleocristianos, entre otros. Personajes históricos –incluyendo Alejandro el Magno y San Pablo– pasaron por aquí, parecía contarnos el gato con sus maullidos y ronroneos (no, no venden hongos alucinógenos, en realidad nos lo explicaba Barış, nuestro culto guía).

7okYo buscaba respuestas y cervezas. Los tenderos, invariablemente amables, explicaban a señas y en turco que no vendían alcohol, mientras se acariciaban la barba para hacer entender de alguna manera que eran musulmanes. Sonreían y eran respetuosos e indicaban en donde sí se vendía mi tan buscada cerveza. Por supuesto que no faltaba el perro o gato adentro y afuera de los negocios; esto pasaba tanto en pequeños comercios como en grandes empresas y hoteles.

Afuera del mío, hice un amigo:

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Adecuado control.

Adecuado control.

En la oreja, el gobierno les pone un tag electrónico para su adecuado control.

Por supuesto que Turquía no es un país perfecto, ni siquiera pertenece al mal llamado primer mundo. Al igual que muchos países en desarrollo, tiene grandes problemas a resolver, como sufrir de atentados terroristas, ser vecinos de Siria y estar peleados con Rusia; todas ellas circunstancias nada envidiables. Pero fuera de esas historias góticas, ¿no te da curiosidad saber por qué una ciudad de 14 millones de habitantes (Estambul), la economía número 17, es más boyante y ordenada que una ciudad de 9 millones (México, DF), la economía número 15? Es decir, una ciudad más chica y con más dinero, ¿no debería estar más limpia, proporcionar mejores servicios y más calidad de vida a sus habitantes? Ésa es la pregunta fundamental.

(Existe una idea equivocada de que la Ciudad de México tiene más de 20 millones de habitantes; a eso se le llama zona metropolitana, y el número se logra sumando el DF, al enorme Estado de México y sus 15,172,862 habitantes. La población de las 16 delegaciones del DF, en el último censo del INEGI, suman 8,851,080 habitantes.)

Ampliemos el alcance… de país a país, comparemos algunos datos duros que nos arrojen luz sobre la situación de ambos lugares:

10-15okMéxico representa una mayor potencia económica que Turquía que ni el PIB per cápita justifica. Su educación es semejante inclusive en indicadores adicionales al alfabetismo. En lo que ya no es semejante es en corrupción, teniendo México un 47% más. Ni en la escandalosa cifra de pobreza que sufre más de la mitad de la población de México. Tampoco se parecen en la tasa de crímenes violentos, que es 11 veces más grande que la de Turquía.

Sirven esos datos para comprender un poco mejor la situación de ambos países, pero si aún estás confundido y quieres conocer la vida de un país… si te interesa lo que está detrás del llamado “bienestar o afectación”, en vez de sólo revisar el PIB, el M2, el CPI, el PPI y el CES, mejor fíjate en un indicador mucho más sencillo, pero más sofisticado: se llama Trapega.

Los instrumentos para medir este indicador son muy económicos y de fácil acceso, pero deben estar afinados con cierta sensibilidad. El método de recolección de datos y procesamiento es sencillo: se observa cómo viven y cómo tratan a los perros y gatos, después lo sientes en tu corazón para ver qué pasa. Así se obtiene el Trapega: Trato a Perros y Gatos. Este indicador te ayudará a encontrar respuestas de fondo que van más allá de lo económico.

Pude obtener que el Trapega de Turquía era muy bueno, pero aún no entendía la razón. Tenía que indagar más. Una de las dos respuestas a mi interrogante la encontré explorando más a fondo el día a día del ciudadano común y corriente. Alejarse de los hoteles a pie implicaba una travesía a lo desconocido, acompañada de cánticos llamando a la mezquita que se escuchan en cada calle. Cada rincón habitado del país es alcanzado por esa voz; escalofriante para un inocente turista sólo acostumbrado al llamado de los tamales oaxaqueños y la niña del fierro viejo que venda.

Esos cantos pregonaban la primera respuesta: la cultura.

 

Una cultura realista

La tan mentada cultura… mencionada por todos, comprendida por pocos. Según mi viejo World History, cultura es el conjunto de ideas, habilidades, tradiciones y valores que comparte todo grupo de personas y que se transmite de generación en generación. Las expresiones artísticas, el lenguaje, la ropa, los saludos y las formas de cortejar, todo lo comprende la cultura. Lo mismo en un país que en una empresa.

La cultura de Turquía está impregnada de compasión.

Es obvio que la cultura es un tema 100% del interés empresarial, ¿verdad? Alejandro Zenteno es un psicólogo organizacional que ocupa, desde hace varios años, los más altos puestos ejecutivos en el área de recursos humanos en empresas como PepsiCo, Kidzania, Alsea y Lala. ¿Por qué es tan requerido? Por su especialidad, la transformación cultural: “La cultura de una empresa es lo más importante; las personas son más felices y productivas en ambientes propicios.” Zenteno dice que no es tarea fácil optimizarla, pero está cierto que los empresarios inteligentes saben que es fundamental hacerlo; lograr una cultura de éxito, servicio y responsabilidad en todo sentido.

Responsabilidad hacia el tipo de al lado, al de arriba y al de abajo es compasión. Responsabilidad hacia la gente que está afuera sin trabajo es compasión. Responsabilidad hacia el perro y el gato de la calle también es compasión.

La compasión es medible; esto, según el libro Measuring the Immeasurable del gurú Daniel Goleman, famoso por acuñar el concepto de Inteligencia Emocional. La neurociencia prueba que estamos hechos para tener compasión, sólo que al estar centrados egoístamente en nosotros mismos, esta habilidad tan útil se inhibe. La compasión tiene efectos positivos cuantificables, inclusive en cuestiones de salud.

La salud de un país empieza por dos células fundamentales: la familia y la empresa. La cultura adecuada genera una salud adecuada; es lo que comes, tus costumbres, tu lenguaje, tu trato a los demás. Si esa cultura es adecuada, es decir, benéfica para ti y tu entorno, automáticamente eres más feliz y la gente alrededor también.

Pero, siendo realistas, ¿cuál es la mejor forma de que una cultura se vuelva compasiva hacia los empleados, jefes, clientes, compañeros de trabajo, animales, gente sin recursos y hacia el medio ambiente?

Esa segunda respuesta de mi interrogante principal, la encuentro también justo en mis narices… en una danza.

 

Rumi, el líder del ejemplo

Y vi este extraño baile:

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Eran los derviches, originalmente sufíes o musulmanes místicos que bailando meditaban; se vuelven un canal uniéndose al todo: una representación de los movimientos del universo, de astros y átomos. La unión del cielo y la tierra. El amor de ser uno mismo con la creación y Dios. Su representante más conocido e influyente en la cultura se llamaba Rumi, también conocido como Mevlana, que era no solamente un musulmán devoto, sino un artista transformador: creaba música y poemas, además bailaba y meditaba.

Habiendo viajado entre distintas partes de Asía, Rumi cargó consigo una preciosa gema cultural, proveniente, algunos dicen, del budismo. Esa gema extranjera se llamaba compasión.

Rumi era un ejemplo de vida. Existen varias historias que cuentan la forma en que ayudaba a los demás y la forma en que trataba a los animales. Si un perro estorbaba, no lo quitaba porque lo consideraba su prójimo. También liberaba vaquillas demasiado jóvenes para ser sacrificadas. Cuenta la leyenda que, un día, Rumi tomó un pedazo de pan y se fue sin decir palabra. Un discípulo lo siguió en secreto y lo encontró alimentando a una perrita que acababa de dar a luz a siete cachorros. Al darse cuenta Rumi, le explicó: “Esta pobre perra dio a luz hace una semana. Aunque tuvo hambre por siete días, nunca dejó a sus cachorros y los cuidó con compasión. Nuestro amado profeta Muhammad, paz y bendiciones para él, nos recuerda: “El Más Misericordioso (Dios) lo es hacia aquellos que son misericordiosos. Actúa amablemente con aquellos en la tierra para que aquellos en el cielo (ángeles) tengan misericordia de ti.”

Así, mediante el ejemplo, Rumi lideró la compasión en un país donde se respeta a los animales y –con los mismos o menos recursos que México– hay mucho menos pobreza, violencia y corrupción.

La cultura se transmite de persona a persona, de persona a grupo, de grupo a grupo. Entre países, la globalización que ha existido desde siempre, hace que un turco coma maíz asado, como lo hacían originalmente los mesoamericanos hace miles de años:

18okEl rey maya Pakal sonreiría al ver a un turco disfrutar de esta deliciosa mazorca al carbón que parece salida de Coyoacán:

19okY la cultura va de ida y vuelta: los mexicanos comemos tacos al pastor, que son influencia del kebab.

20okPor eso debes de tener cuidado. Si ves a una persona afuera de tu trabajo acariciando un perro callejero o teniendo algún acto de compasión con algún compañero, sospecha… puede ser un musulmán. Para saberlo, espíalo… escucha si habla como Rumi y dice: “Todos los átomos en el cosmos son atraídos unos a otros como amantes; el amor lo une todo.”

¡Ojo!, también puede que sea judío: escucha si habla como el rabí Hillel: “Eso que odias tú no se lo hagas al otro. Eso es la Torah. Lo demás es comentario.”

Pero puede ser católico o, peor aún, cristiano y hablar como Jesús: “Y como queréis que hagan los hombres con vosotros, así también haced vosotros con ellos.”

Esos taoístas… que no se te vayan vivos: “Piensa en la ganancia de tu vecino como tu ganancia, y su pérdida como tu pérdida.”

Y qué me dices de los hindúes… son como el revoltoso de Gandhi: “Un país, una civilización se puede juzgar por la forma en que trata a sus animales.”

Los peores son los ateos, cuidado, mucho cuidado… detéctalos si hablan como Penn Jillette: “Hacemos el bien porque está bien y hacemos lo correcto porque es lo correcto, no por premio o castigo. Nos amamos unos a otros, hacemos comunidad, tenemos caridad…”

Si notas cualquier comportamiento de este tipo, te advierto que tu empresa y comunidad pueden cambiar, y seguramente mejorará su cultura. Si no quieres que suceda… discrimínalos, ponles etiquetas, desprécialos.

O si quieres lo contrario: adopta un perro, alimenta un gato, cura una paloma, ayuda a tu compañero en el trabajo, ten un pequeño acto de compasión al día. No pasa inadvertido como no lo pasaron los pequeños actos de un musulmán en Turquía. Si te preguntabas qué es el liderazgo, es eso: ejemplo. Y ese ejemplo es la llave para que las estadísticas de pobreza, corrupción y violencia mejoren. Hay pruebas de que así pasa; empieza contigo y el mundo cambiará.

La semilla de la auténtica compasión ya crece en nuestro fértil suelo mexicano; sólo tiene que llegar a personas en el gobierno y en algunas otras posiciones de la sociedad, tanto arriba como abajo. Con nuestra ayuda (ejemplo) pueden desarrollarla.

Afuera del señorial palacio de Dolmabahçe…

21ok… estaba la última prueba que necesitaba del contagio cultural positivo:

 

En Dolmabahçe.

En Dolmabahçe.

Tres aztecas en Dolmabahçe

Hermosos magueyes… orgullosos, mexicanos, radiantes en la entrada del salón principal, sonriendo suntuosos y silenciosos hacia el sol del Bósforo, prueba de que siempre podremos traer cosas buenas de otro lado a nuestra propia tierra, por improbable que esto parezca, como Rumi.

Planta compasión en tu familia y trabajo; cuando menos te des cuenta, la pobreza y la corrupción habrán disminuido en tu querido país. Si lo haces, tal vez alguien lo note y hasta te apode el Musulmán. No por terrorista, sino por tu característica compasión.


¹ “All stats: Mexico and Turkey compared”, NationMaster. Obtenidas de NationMaster.
² “Visualising the corruption perceptions index 2014”, Transparency International, Obtenidas de Transparency International.


 

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