El trabajo del día a día por sí solo rara vez te convertirá en millonario, pero todo cambia si lo combinas con bienes que produzcan activos. La riqueza no es un accidente, es una acción.

 

Ve por tus estados de cuenta del mes pasado e identifica tu gasto más grande. ¿Cuál fue?, ¿lo recordabas? Ahora agrupa tus gastos por “alimentos”, “entretenimiento”, “sociales”, etcétera. ¿En cuál de estas categorías se va la mayor parte de tu sueldo?, ¿por qué? Reflexiona: si no tuvieras una tarjeta de crédito, ¿cómo le habrías hecho para solventar este gasto?, ¿se trataba de una necesidad real? Analiza tus respuestas y puede que ahí tengas la razón de por qué aún no eres millonario: malgastas en cosas que no son importantes, con dinero que, probablemente, no tienes.

Si de entre todos los hábitos de los multimillonarios tuvieras que elegir uno, te invitaría a inclinarte por “gastar menos de lo que ganas”, porque no importa cuánto ganes, siempre va a existir el impulso de terminarte la quincena, y aun si tu sueldo es de 150,000 mensuales, si no sabes administrar tus bienes es probable que termines en bancarrota.

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¿Cómo mantener controlados tus gastos?

Comienza definiendo si la compra es urgente. Si lo es, adelante; si puedes prescindir de su adquisición, entonces déjalo para después. Decide en qué enfocarte. ¿Qué hace tan importante esa compra que vale la pena adquirir una deuda por ella? Enfócate en lo que tienes y no en lo que te “hace falta”. ¿De verdad serías más feliz si lo tuvieras?, ¿por qué? ¿Esta compra va de acuerdo con tus valores o los de alguien más? Examina los motivos detrás del impulso y decide si es mejor dejarlo pasar por el momento.

Gastar menos de lo que ganas, por supuesto, es sólo el primer paso. El segundo es invertir.

Supongamos que recibes un aumento de 5,000 pesos. En lugar de adaptar tu estilo de vida a esos 5,000 “extras”, abre una cuenta de banco e inviértelos. No compres un auto nuevo, no te cambies de departamento; simplemente ahórralos y, aún mejor, inviértelos. De ser posible, opta por intereses compuestos, es decir, la posibilidad de reinvertir tus ganancias para seguir generando interés. Consigue un asesor financiero que te ayude a identificar tus mejores opciones. Según su experiencia, puede recomendarte elegir un sector y dedicarte exclusivamente a éste, o, por otro lado, diversificar, el consejo más popular.

El trabajo del día a día por sí solo rara vez te convertirá en un millonario; sin embargo, combinado con bienes que produzcan activos, todo cambia: una buena propiedad en renta produce activos, al igual que un negocio o tus acciones en la bolsa. Éstos son el tipo de gastos que valen la pena; éste es el tipo de compras que, si bien suelen generar una deuda al momento de la adquisición, también la pagan por sí solas con el paso del tiempo.

La riqueza no es un accidente, es una acción. Puedes seguir gastando hasta el último peso de tu sueldo en recompensas fugaces que no te llevan a ningún lado, o puedes elegir hacerle cambios a tu presupuesto y apegarte a él. Los resultados se verán con el tiempo. ¿Cómo te ha funcionado hasta ahora tu manera de manejar tus finanzas personales? Si necesitas un cambio, ya sabes por dónde empezar.

 

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