Cada año en el mundo hay un flujo de más de 1.3 billones de dólares de inversión extranjera directa, y el Estado de derecho actúa para atraerla o desalentarla (cuando las condiciones no son satisfactorias).

 

Por Luis Enrique Graham

Hace algunos días escuchaba una conversación en la que dos personas se preguntaban ¿por qué el Estado de derecho[1] debería importarles en su día a día? Confieso que puse atención en su conversación por la precisión de sus palabras, pues éste no es un tema menor y considero que merece un profundo análisis y quizá algunas horas de café.

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Recordé que de acuerdo con el estudio Risk and Return. Foreign Direct Investment and the Rule of Law, impulsado por Bingham Centre for the Rule of Law y el Investment Treaty Forum, las compañías multinacionales con oficinas centrales en Estados Unidos, Canadá, Europa Occidental y Asia buscan invertir en países que trabajan para garantizar y fortalecer su Estado de derecho, hecho que no me parece extraño, pues Abraham Lincoln decía que deberíamos de tener fe en que el Derecho constituye la fuerza, y es muy cierto, y le diré porqué.

El informe del que le hablo establece que la existencia de un Estado de derecho sólido fue identificada como el tercer factor más importante en la toma de decisión sobre dónde invertir, luego de la facilidad para hacer negocios y la existencia de un entorno político estable. Asimismo, en cuanto a la importancia de las condiciones específicas del Estado de derecho se identificó la ausencia de corrupción –tanto pública como privada– como el factor principal, seguido por la inestabilidad política y social, y los riesgos a la seguridad física del personal en el respectivo país.

El problema más común relacionado con el Estado de derecho es la falta de transparencia en los procesos regulatorios y de establecimiento de normas en el país anfitrión, hecho que ha sido experimentado por el 42% de los inversores que participaron en el estudio, mientras que un tercio de éstos indicó que recibió tratamiento arbitrario o discriminatorio por parte del gobierno anfitrión. Lo anterior expone que 3 de cada 10 entrevistados indicaron que fueron víctimas de la falta de reconocimiento de derechos de propiedad intelectual y de derechos contractuales, así como cambios inesperados o retrospectivos en las medidas legales y regulatorias.

Por otra parte, las regiones en donde se experimentan las mayores dificultades relacionadas con el Estado de derecho son el Medio Oriente y África del Norte, en donde prevalece la falta de tribunales independientes e imparciales en los países anfitriones, siendo un problema para el 17% de los inversores. Sorpresivamente, las áreas más seguras con relación al Estado de derecho parecieran estar en China, África Sahariana e India, siendo China, Australia, Bangladesh y Brasil los países con mayor cantidad de problemas.

 

¿Cuáles son los sectores más afectados?

Considero importante destacar que las compañías que operan en el sector energético son las que más se ven afectadas por cuestiones relacionadas con el Estado de derecho, debido a la falta de transparencia en los procesos regulatorios, de establecimiento de normas y los cambios inesperados.

 

¿Un camino por recorrer?

Los encuestados indicaron que los pasos más importantes que deben ser tomados en los países anfitriones para tratar cuestiones relacionadas con el Estado de derecho son la adopción de leyes más contundentes para la implementación de los derechos de los inversores, mejores fuerzas judiciales, policiales, de seguridad y profesión legal, y mayor transparencia en el establecimiento de normas legales y administrativas.

En ese sentido, la necesidad de que los Estados tomen medidas para mejorar sus instituciones locales de Estado de derecho es evidente, ya que éste actúa no sólo para atraer inversiones, sino para desalentarlas cuando las condiciones no son satisfactorias.

Esto es especialmente notable dado que cada año hay un flujo de capitales de más de 1.3 billones de dólares en inversión directa extranjera alrededor del mundo, reflejando el gran interés por parte de las empresas en establecerse en mercados extranjeros, lo cual, a su vez, cobra importancia para el desarrollo económico, social y político de los países de acogida, y que además representa para los inversores la oportunidad de expandir su mercado e incrementar sus ganancias.

Las razones comerciales más frecuentes para las inversiones directas extranjeras son: el acceso a nuevos mercados a través de la producción local o la prestación de servicios, la importación, el acceso a recursos naturales de fuentes locales, y, por último, la reducción de costos operativos a través de la integración transfronteriza de producción y la prestación de servicios como objetivo principal.

Después de lo anterior, ¿qué le diría a aquellas personas que escuché mientras conversaban? Que el Estado de derecho es inherente a todas nuestras actividades y que de éste depende nuestro desarrollo como país.


[1]Estado de derecho entendido como las leyes accesibles y posibles; que se implementan equitativamente; con acceso a la justicia (…) donde los derechos pueden ser reivindicados (…) a través de juicios justos ante un Poder Judicial independiente.


Luis Enrique Graham es socio de Hogan Lovells BSTL.

 

Contacto:

Twitter: @HoganLovellsMX

Página web: Hogan Lovells

 

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes México.

 

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