El analista internacional venezolano Moisés Naím explica cómo el poder se ha vuelto más fácil de obtener, más difícil de usar y fácil de perder.

 

Los poderosos siguen siendo poderosos, pero algo está pasando que ya no les permite ejercer el poder como antes.

El año pasado, Barack Obama, presidente de Estados Unidos,  amenazó a su homólogo sirio, Bashar Al Assad, con bombardearlo si usaba armas químicas contra la población del país árabe. Al Assad las usó y el presidente de la superpotencia no pudo hacer nada.

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Vladimir Putin, considerado el hombre más poderoso del mundo por Forbes, bloqueó un tratado de comercio y de acercamiento entre Ucrania y la Unión Europea. Los ucranianos salieron a la calle y las protestas han dejado un saldo de más de 70 muertos. Yanukovich fue destituido por el Parlamento y Putin perdió influencia sobre Ucrania

“No sólo cada uno de los gobiernos está teniendo limitaciones”, explica el analista venezolano Moisés Naím. Además, advierte, el poder, en todos los ámbitos de la vida, está cambiando.

“El poder se ha hecho más fácil de obtener, más difícil de usar y más fácil de perder. Eso ocurre en todas partes del mundo. Pero no sólo ocurre geográficamente, sino en todas las actividades humanas”, afirma en entrevista con Forbes México.

 

Más jugadores en todo el mundo

En su libro ‘El fin del poder’ (Debate, 2013), Naím explica con diversos datos y ejemplos cómo el poder se ha degradado. Pero el ejemplo más ilustrativo está en la alegoría clásica del poder: el tablero de ajedrez.

“Los jugadores están aprendiendo y alcanzando la categoría de maestros a menor edad de lo que era la norma. Hoy existen más Grandes Maestros que nunca: más de 1,200, frente a los 88 en 1972”, explica en las primeras páginas de su libro.

La presencia de más jugadores, con más acceso a herramientas e información, fomenta una hiper competencia en todos los ámbitos: político, religioso, empresarial, cultural, en el crimen y hasta en la filantropía.

Esta hiper competencia, explica Naím, ha hecho caer gobiernos, organizaciones y empresas que no hace mucho dominaban su sector.

“Las compañías que son monopolio no se pueden sentir tan seguras. Kodak es un ejemplo: fue durante casi un siglo una compañía dominante en el campo de la fotografía, de las películas y las cámaras. Kodak quebró y al mismo tiempo, una compañía que sólo tenía tres años de vida con tres empleados jóvenes, fue vendida por 1,000 millones de dólares: Instagram. Fue un micropoder el que logró obtener una parte del negocio histórico”.

 

Tres revoluciones que cambiaron todo

Moisés Naím, doctor por el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) y ex director ejecutivo del Banco Mundial, dice que hay tres determinantes, las cuales llama revoluciones, que han empoderado a la gente:

Revolución del ‘Más’

Revolución de la ‘Movilidad’

Revolución de la ‘Mentalidad’

“La revolución del ‘Más’ capta el hecho de que vivimos en un mundo en el que hay más de todo. Hay más personas y más países, partidos políticos y religiones, grupos terroristas y empresas privadas, ONG’s, más dinero, productos y tecnología. Pero ese más también se mueve más, esa es la revolución de la ‘Movilidad’. Se mueven la gente, las ideas, los partidos políticos, las organizaciones terroristas, las ONG’s. Las fronteras son menos importantes”, indica.

Estas dos revoluciones cambiaron la forma de pensar de la gente.  “La relación con el poder tradicional, la idea de que los mayores tienen derecho a imponer su punto de vista, o de que las cosas hay que hacerlas de cierta manera porque siempre así se han hecho. Todo eso está siendo cambiado por la profunda revolución de la mentalidad”.

 

No sólo es la tecnología

Pero actualmente hay una “tentación”, advierte Naím, de explicar la degradación del poder solamente a través de la penetración de las tecnologías de información y las redes  sociales.

“Las tecnologías son instrumentos, y los instrumentos requieren usuarios. Los usuarios tienen motivaciones y dirección. Están usando estas nuevas capacidades para moverse en cierta dirección y no en otra”.

Un mundo en el que el poder es más fácil de obtener, y de perder, puede sonar anárquico. Pero el autor asegura que estos cambios son positivos.

“Las tendencias que describo en el libro son de un mundo mejor, con más oportunidades para quienes han sido excluidos de la toma de decisiones. Un mundo donde los monopolios, los cárteles, los autócratas, los dictadores y los tiranos están teniendo presiones y ya no se sienten tan seguros ni permanentes como antes”.

 

 

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