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La imagen de escoltas personales está asociada a intimidación, prepotencia y, en el peor de los casos, incidentes. Entre los hechos violentos más sonados, se recuerda el que involucró a Adolfo Lagos, ejecutivo de Televisa, quien perdió la vida cuando, en noviembre de 2017, intentaron robarle una bicicleta y quedó en medio del fuego cruzado entre los maleantes y sus guardaespaldas.

Algunos también recuerdan el secuestro de Alfredo Harp Helú, en 1994, en el que, tras la investigación y captura de los responsables, las autoridades encontraron que los secuestradores lo habían vigilado durante más de un año antes de atentar contra él.

Entre estos dos ataques y hoy, muchas cosas han cambiado en materia de la seguridad privada en México… o deberían haber cambiado.

Actualmente, lo que se recomienda es que los escoltas accedan a una preparación constante y que sus conocimientos en técnicas de inteligencia y protección estén avalados, señala Pablo Ortiz Monasterio, director de International Bodyguard Service. Quien contrate algún servicio de seguridad personal debe estar consciente de que estratagemas como chocar autos para escapar del peligro ya están en desuso, y que los vehículos están diseñados para proteger la vida de los ocupantes, no para huir de una situación de riesgo, agrega Ortiz.

La seguridad privada también ha debido adaptarse, por un lado, a la evolución de las tecnologías de información y, por el otro, a la criminalidad, indica Ivan Ivanovich, fundador de la firma de servicios de protección ejecutiva AGS Group. “Pocas veces recomiendo [contratar] un escolta armado”, dice. “Está demostrado que la posesión de un arma puede nublar la atención en fenómenos que requieren que el personal de seguridad esté alerta; por ejemplo, da la confianza para que un escolta tome una ruta más arriesgada. Eso no debe ocurrir”.

En 94% de las ocasiones en que fallan las prácticas preventivas, también fracasan las prácticas defensivas, como es el uso de armas, añade Ivanovich. “Una balacera implica que las personas involucradas tienen apenas uno o dos segundos como ventana de reacción. Eso abre la puerta a un margen de error enorme, en el que el protegido corre un alto riesgo”.

Inteligencia, la clave

Ivanovich participó en la creación y dirección de uno de los primeros centros privados de capacitación en defensa y protección en la ex Yugoslavia, durante la guerra de principios de la década de los 90. El experto en seguridad explica que hoy la labor de inteligencia es pieza clave en la protección ejecutiva.

“La principal labor de un escolta es [hacer] inteligencia, análisis de rutas, vigilancia. La ejecución [de las medidas de protección] es algo muy somero que no se ve tanto”, explica el experto en seguridad.

En su opinión, el trabajo de los escoltas va, desde la recolección de información sobre las bandas y grupos delictivos para los que el protegido pudiera ser un blanco atractivo, hasta el análisis de la información disponible sobre el propio ejecutivo y su relación con el resto del personal de servicio.

“El gran secreto de la protección ejecutiva preventiva moderna es detectar, precisamente, los puntos ciegos: a los que nos observan, contra-seguirlos [seguir a quienes nos siguen] y tomar las medidas necesarias para no esperar el momento hollywoodesco donde todo ocurre. Los atentados pueden evitarse con planeación de rutas y un protocolo sobre qué hacer en una emergencia”.

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Guaruras “informales”

Ortiz explica que un escolta certificado recibe un entrenamiento de, cuando menos, 30 horas al año. “Se dice que, para tener dominio de una disciplina, se requieren 10,000 horas de práctica y capacitación; hoy tenemos un problema generalizado en materia de capacitación de muchos de los elementos”, indica.

El hecho de tener escoltas poco calificados se relaciona con la idea equivocada que las personas tienen de que contar con chofer equivale a tener guardaespaldas. “Contratar a un chofer que pueda verse intimidante no implica contar con un escolta. Muchos creen que la compañía de un ex policía o un policía bancario equivale a tener un escolta profesional, pero, incluso si tienen entrenamiento policial, éste no está capacitado para labores de protección ejecutiva”, señala el directivo.

Y al revés: Puede ocurrir que los protegidos tengan la idea de que el servicio de un guardaespaldas implica contar con un asistente personal. “A veces, se considera que el escolta debe ir al supermercado o hacer mandados. Si bien hay cuestiones de seguridad relacionadas con la comodidad, [eso] no implica que el escolta deba cumplir la función de asistencia, pues ello lo distrae de su función principal: estar alerta”, dice Ivanovich.

El fundador de AGS Group lo explica con un ejemplo: Un escolta puede procurar que el ejecutivo tenga siempre una lata de refresco en su vehículo, siempre y cuando el fin de esto sea evitar que el protegido baje a comprarse una en la tienda de la esquina y se exponga.

Pero los hábitos de riesgo de los protegidos no es el único reto. La firma de consultoría en seguridad GSM emitió un reporte donde cita datos de la Comisión Nacional de Seguridad (CNS) y en el que indica que, de las 6,000 empresas de seguridad privada que operan en México, 2,600 son irregulares.

“Las cifras son preocupantes para todo aquel que requiera de seguridad privada, pues estas compañías, aunque ofertan servicios a precios bajos, para elegir a sus guardias [tienen] filtros muy pobres o, en la mayoría de los casos, [éstos son] inexistentes” denuncia la firma. “Sólo los proveen de uniforme y sueldo base, pero ningún tipo de capacitación”.

GSM refiere que la Confederación Nacional de Empresarios de Seguridad Privada y Similares del Ramo (Conesprysir) tiene un estimado de cerca de 480,000 guardias de seguridad que operan sin capacitación en este tipo de empresas.

El panorama, aunque sombrío, ofrece la oportunidad de que haya un cambio de paradigma en la imagen de los escoltas, piensa Ivanovich.

“Poco a poco, las personas van entendiendo que un escolta profesional no debe pensarse como [si fuera] un mecanismo de defensa, sino como una medida de protección para evitar conflictos. Hoy, la delincuencia cuesta mucho a las empresas y, si les das a escoger entre una medida que evite peligros y una medida que combata esos peligros, siempre preferirán evitarlos”, concluye el experto.

 

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