Al extender aún más su política de tasas bajas, el banco central estadounidense continúa dañando a la primera economía mundial.

 

Por Steve Forbes

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El anuncio de la Reserva Federal de Estados Unidos (Fed) de que continuará suprimiendo las tasas de interés va a perjudicar a la economía. No vamos a salir de la dinámica en que estamos, lo cual es, sin duda, una mala noticia para nosotros y para el resto del mundo.

He aquí por qué:

Para que los mercados funcionen es necesaria la fijación de precios precisa. Casi todo el mundo sabe que los controles de precios perjudican la producción de bienes y servicios. El control de renta, por ejemplo, puede ser una bendición para aquellos que tienen departamentos con precios por debajo del mercado, pero esas restricciones al alquiler tienen un impacto negativo en la construcción de nuevas unidades de alquiler. Después de todo, ¿quién quiere construir para perder dinero?

El mismo principio aplica en los mercados de crédito. Bajo la política de tipos de interés cero de la Reserva Federal (ZIRP), los bancos no podían saber el precio real que debían cobrar por los préstamos, así que han prestado menos a las pequeñas empresas y startups que tradicionalmente los habrían recibido. Los consumidores también han padecido: cuando han extendido créditos, las condiciones se han endurecido considerablemente.

Lo que también elevó la barrera crediticia para pequeñas y nuevas empresas ha sido el feroz régimen regulatorio, sobre todo el proyecto de ley Dodd-Frank, que se impuso después del pánico de 2008. Los auditores comenzaron a peinar minuciosamente la documentación de los préstamos, y al igual que las aseguradoras de salud con las facturas de hospital, cuestionaron y adivinaron las decisiones de los oficiales de crédito. Todo esto ha vuelto los préstamos más caros y más escasos a las mismas entidades que usualmente son las principales creadoras de empleo, uno de los principales motores de la economía.

El rígido entorno regulatorio tan querido por la Fed ha afectado de manera desproporcionada a los bancos más pequeños, que en el pasado también han sido una gran fuente de crédito para las pequeñas empresas. Todo esto ha sido reforzado mediante el pago de interés de la Fed sobre las reservas bancarias: los bancos han sido capaces de pagar sus ganancias casi sin complicaciones.

Ésa ha sido una forma de lo que se ha convertido en el sistema de la Reserva Federal de asignación de créditos: negar crédito, por lo que está menos disponible para ciertas clases de prestatarios.

La otra parte de esta asignación ha canalizando crédito a prestatarios preferidos, en este caso el gobierno federal (bonos del Tesoro) y Fannie Mae y Freddie Mac (valores respaldados por hipotecas). Otros beneficiarios obvios han sido las grandes corporaciones. Como grupo, las grandes empresas han sido vistas como mucho, mucho menos riesgosas que, por ejemplo, un minorista local. Por lo tanto, las entidades grandes han tenido acceso fácil al dinero en el mundo de la Reserva Federal.

Han ocurrido dos cosas indeseables: las grandes empresas han prestado más de lo que habrían hecho en un mercado de crédito que funcionara correctamente (el ZIRP ha hecho que el interés que las empresas han pagado sobre los bonos sea irresistiblemente bajo), y han participado en una considerable ingeniería financiera.

Por ejemplo, ¿por qué Apple, con una reserva de efectivo mundial de 200,000 millones de dólares (mdd), sale a emitir 40,000 mdd en bonos? Pues porque puede. En un momento este gigante de la tecnología vendió bonos a 10 años que tenían un interés de 2.4%, y recompró sus acciones, que tenían una rentabilidad por dividendo de 2.8%.

Ése fue un mal uso de 40,000 mdd, pero este tipo de mala asignación de crédito ha sido endémica en virtud de las políticas que la Reserva Federal ha instituido. Al empujar dinero al Tío Sam, las grandes empresas y los desastres patrocinados por el gobierno como Fannie y Freddie matan a una economía dinámica.

La Reserva Federal cree que su política de tasas de interés cero estimula la economía, pero en realidad está haciendo lo contrario. Es el equivalente de un sangrado de un paciente anémico.

Nuestro banco central puede mitigar su decisión de participar en más acuerdos de recompra inversa (repos). Con los repos, la Fed toma prestado dinero de los fondos del mercado monetario y de Fannie Mae y Freddie Mac para financiar su cartera de bonos hinchada, por tanto, pidiendo menos a los bancos. Esto deja a los bancos más dinero para prestar. Como el destacado economista David Malpass observa con perspicacia: “No habrá más efectivo o ‘dinero’ en el sector privado, sólo una disponibilidad diferente de dinero efectivo pasivo –más en los bancos, menos en fondos del mercado monetario, Fannie y Freddie–. Los bancos son más propensos a hacer préstamos a pequeñas empresas.”

Pero no confíen en que la Fed hará lo correcto aquí.

En pocas palabras, si un producto no puede tener el precio correcto, obtienes menos de él, y tienes distorsiones en el funcionamiento de ese mercado. Por desgracia, nuestro banco central sigue siendo obtuso e ignora esta verdad básica.

 

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