Antes de contactar y contratar, los potenciales clientes del despacho de abogados buscan en internet información sobre el mismo y sus integrantes. Pero ¿cómo pueden reflejar en la red un discurso coherente?

 

“The question isn’t, ‘What do we want to know about people?’ It’s, ‘What do people want to tell about themselves?’” La frase de Mark Zuckerberg, el célebre fundador de Facebook, supone toda una declaración de intenciones. Ahonda en el verdadero motivo que explica el auge imparable de las redes sociales, bien sean personales o con un enfoque estrictamente profesional: la necesidad de generar y controlar un alter ego virtual que refleje quienes somos (o quienes queremos ser a ojos de los demás). Las actuales redes (Facebook, Twitter, LinkedIn, Instagram, YouTube, etc.) contribuyen de forma determinante a conformar el mosaico de lo que llamamos la identidad digital. Google, con su todopoderoso motor de búsqueda, facilita, a quienes indagan acerca de nosotros (tras una entrevista de trabajo, por ejemplo), los fragmentos de nuestra identidad en forma de listado. ¿Refleja ese listado de resultados de búsqueda quiénes somos en realidad o sólo ofrece una visión sesgada? No olvidemos que, con frecuencia –especialmente en el caso de directivos o personas con exposición pública–, las informaciones que se vierten en internet acerca de nosotros son ajenas a nuestro control y nada tienen que ver con lo que hayamos podido decir o compartir desde nuestro blog o nuestros perfiles en redes.

En el curso de nuestra actividad profesional, hemos identificado una reacción que se da con cierta frecuencia cuando una empresa se plantea entrar en la conversación en redes sociales. Inicialmente, la empresa suele manifestar más o menos abiertamente su temor a intervenir en las redes sociales. No obstante, tras consultar los informes de monitorización en redes (la llamada Escucha Activa), los directivos suelen entender que, independientemente de si sus compañías –o ellos mismos– comunican desde un perfil propio o no, la conversación en torno de su actividad existe. Periodistas, medios de comunicación, empleados, ciudadanos, activistas y autoridades comparten informaciones, comentarios y juicios de valor cuando un comportamiento corporativo les parece poco apropiado (y también, aunque con menos frecuencia, cuando el comportamiento es digno de alabanza). Los usuarios nos citarán tengamos o no un perfil en redes.

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El contexto social y tecnológico en que se mueven los clientes (actuales y potenciales) de una compañía ha provocado un cambio en la manera que éstas tienen de relacionarse. En esta situación, son las actuales redes (Facebook, Twitter, LinkedIn, Instagram, YouTube, etc.) las que contribuyen de forma determinante a conformar el mosaico de lo que llamamos la identidad digital. En el caso de los despachos de abogados, la necesidad de estar presentes en la red se hace palpable, ya que, hoy en día, sus potenciales clientes buscarán a través de ella información sobre el mismo, sus actividades y sobre las personas que lo componen, antes de tomar la decisión de contactar de manera más personal para contratar los servicios que éste ofrezca.

Pero no solamente es labor del despacho conformar su identidad digital; también es tarea de los profesionales que lo integran construir su marca personal en internet. La experiencia nos dice que cada vez es más importante que los abogados estén presentes, junto al despacho, en las redes sociales como usuarios activos que añadan algo más al discurso de la compañía. Para ello es fundamental dibujar una estrategia personalizada en que los valores, principios y la posición de la compañía queden claros, para así orientar los mensajes y conseguir que los contenidos que se publiquen tengan coherencia y ambos puedan beneficiarse de las ventajas de una presencia consistente y sólida.


Presentación del informe “Abogacía en la Red”, elaborado por Iván Pino, director de Comunicación Online en LLORENTE & CUENCA. Puedes leer el informe completo aquí.

 

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