México es el centro de origen del maíz como cultivo, pero hoy en día no cuenta con seguridad alimentaria porque no produce suficiente maíz para alimentar a su población. Te digo porqué.

 

Por Anthony Shelton

Considerando que Estados Unidos tiene una amplia franja de producción de maíz y un sistema muy moderno de agricultura industrial, muchas personas podrían pensar que deben utilizarse grandes cantidades de insecticidas en su producción. De hecho, el uso de insecticidas en la producción de maíz en EU ha disminuido de forma dramática desde 1996. Actualmente, el país que aplica la mayor cantidad de insecticida por unidad de tierra en América del Norte no es EU ni Canadá, sino México.

Para comprender las razones tendremos que analizar la forma en que México produce maíz. Este país es el quinto productor más grande del mundo y dicho cultivo comprende casi una tercera parte de la producción agrícola nacional. Sin embargo, México ha quedado rezagado del resto del mundo. El rendimiento promedio de maíz a nivel nacional es de 3.17 toneladas por hectárea, lo que está 38% por debajo del promedio mundial. Por lo tanto, más de un tercio del maíz que se consume en el país es importado. Aunque históricamente México es el centro de origen del maíz como cultivo, hoy en día no cuenta con seguridad alimentaria, ya que no puede producir suficiente maíz para alimentar a su población.

El cultivo del maíz padece, en gran medida, debido a que las regulaciones y el temor del público fomentado por las vociferantes organizaciones no gubernamentales (ONG) han impedido que los agricultores mexicanos tengan acceso a mejores opciones contra las plagas. Plagas de insectos, incluyendo el gusano cogollero, el gusano elotero y el gusano trozador, destruyen los cultivos de maíz a menos que los agricultores apliquen cantidades enormes de insecticida. Se estima que estos insectos destruyen, por lo menos, el 10% de la producción de maíz.

La única solución alternativa disponible es la que se utiliza en el resto de América del Norte: maíz que ha sido modificado genéticamente para que exprese la proteína bacteriana Bacillus thuringiensis [Bt] y hacerlo resistente a estas voraces plagas de insectos. El maíz Bt, que se introdujo por primera vez en EU en 1996, ahora comprende 80% del área de cultivo de maíz total. Los productores de cultivos orgánicos fumigan normalmente con un rocío foliar de Bt, pero este método es menos efectivo que cuando el cultivo se produce a través de ingeniería genética para expresar el Bt. La inocuidad del Bt para los humanos está bien documentada.

El maíz Bt es un producto de la ciencia moderna que ha utilizado la ingeniería genética para desarrollar miles de productos útiles, tales como medicamentos para el cuidado de la salud y productos alimentarios que se consumen en todo el mundo. A estos productos se les llama con frecuencia organismos genéticamente modificados (OGM), y han sido objeto de interés especial por parte de activistas que se oponen a ellos, a pesar de que estos productos han sido respaldados por organizaciones científicas independientes de prestigio en todo el mundo.

El maíz Bt puede utilizarse como parte de una estrategia de manejo integrado de plagas [MIP], que pone énfasis en el uso de depredadores naturales y otros métodos agroecológicos que son mucho más inocuos al medio ambiente. Sin embargo, este manejo integrado es utilizado con muy poca frecuencia en los campos de maíz debido a que la presión de las plagas es extremadamente intensa y los agricultores carecen de los conocimientos, la información y los incentivos para utilizarlo efectivamente. El principal problema, sin embargo, es que los agricultores mexicanos no cuentan con el ingrediente fundamental del manejo integrado de plagas: el maíz Bt.

Ya que no se permite el uso de maíz Bt en México, los agricultores siguen dependiendo del uso de insecticidas de amplio espectro. De acuerdo con la información obtenida por un grupo de científicos mexicanos y publicada por el Journal of Integrated Pest Management, cada año se utilizan por lo menos 3,000 toneladas de ingrediente activo insecticida para el control del gusano cogollero únicamente, y la cantidad total es mucho mayor cuando se incluyen las demás plagas. Muchos de estos insecticidas son organofosfatos, uno de los grupos de insecticidas más tóxicos que existen y cuyos efectos nocivos a la salud de los humanos y el medio ambiente han sido ampliamente documentados.

Esto resulta un tanto irónico. Sin duda, aquellos que realizan campañas en contra de los organismos genéticamente modificados se ven a sí mismos como ambientalistas. Sin embargo, el precio que se paga en la realidad por este activismo es el uso persistente de miles de toneladas de insecticidas extremadamente tóxicos. Estas personas con frecuencia preguntan si los cultivos genéticamente modificados son nocivos a la salud humana, pero ignoran los peligros reales tanto para humanos como para el medio ambiente de no usar plantas Bt para el control de plagas. Los activistas que realizan campañas contra los OGM tendrían también que admitir que la mayor parte del maíz que se consume en México viene de EU, país en que la mayor parte de la producción es GM y los mexicanos han consumido maíz Bt durante la última década, sin que esto haya representado problemas de salud.

Ya que México es el centro del origen del maíz, uno de los argumentos más fuertes que utilizan los activistas contra los OGM es que el maíz Bt “contamina” variedades criollas con genes foráneos. Éste se ha convertido en un argumento un tanto nacionalista, que tiene marcados matices políticos y culturales. Sin embargo, no tiene justificación científica en la realidad, ya que no existe alguna razón por la que el maíz Bt debiera “contaminar” al maíz autóctono más que los híbridos de maíz mejorados que ya se distribuyen ampliamente en el país desde la década de1950.

Todos coincidimos en que la diversidad genética debe conservarse, pero esto no se logra prohibiendo cualquier cosa nueva o mejorada, ni al mantener el sistema de producción agrícola de un país como un museo que depende de productos químicos. México cuenta con 2 millones de predios en los que se produce maíz; muchos de éstos tienen áreas muy pequeñas y todos producen distintas variedades tanto de criollos como de maíz híbrido mejorado. Cuando el flujo de genes es un tema que preocupa, la coexistencia puede manejarse separando con suficiente distancia los cultivos y teniendo fechas de siembra distintas. Estos sistemas ya se utilizan en la producción agrícola en todo el mundo; también en México, aun cuando los activistas antiOGM no hayan reconocido esta práctica común.

El dilema en el que se encuentra México en este momento tiene su respuesta en la realidad agrícola mundial, en la que el uso de cultivos Bt ha reducido en 42% la aplicación de insecticidas, y a la vez ha incrementado el rendimiento en 25% y aumentado las ganancias de los agricultores en casi 70% en general.

Aunque los activistas antiOGM no quieran admitirlo, la revolución de la biotecnología ya ha tenido un impacto positivo en la salud humana, el ambiente y el ingreso de los agricultores. Desafortunadamente, estos avances están vedados a los productores de maíz mexicanos. Los resultados científicos son claros cuando indican que el maíz Bt es más seguro que las actuales prácticas de los agricultores mexicanos que producen maíz. Ya es momento de que los responsables de las políticas públicas comprendan que la dependencia de grandes cantidades de plaguicida no es la mejor forma de manejar un sistema agrícola moderno, ni de ayudar a México a lograr la seguridad alimentaria.

 

Anthony M. Shelton, PhD. Profesor Internacional de Entomología, Universidad Cornell.

 

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes México.

 

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